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| 10/1/2001 12:00:00 AM

Recordando a Cortázar

Cristina Peri Rossi hace un perfil entrañable del escritor argentino.

Cristina Peri Rossi
Julio Cortazar
Ediciones Omega, 2001
151 paginas

Era un hombre solo. Y un poco melancólico. “¿Quién que lee no es un melancólico, quién que escribe no lo es?”. Y cómo no serlo a las 6 de la tarde de otoño en una calle de París o de Barcelona, de Buenos Aires o de Montevideo.

Pero un melancólico optimista, bien dotado para la felicidad. “Soy inmortal”, solía decir. Sin ser religioso —fue siempre muy lúcido y racional— tenía la convicción de que la muerte era otro estadio, diferente de la vida, del cual, a veces, le llegaban oscuros retazos, auras, extrañas comunicaciones. Presentimientos, más que ideas. No, no había ninguna contradicción: en su visión podían convivir fácilmente la filosofía de la Ilustración y la Modernidad con el gusto por el inconsciente, el azar, los sueños y los símbolos. “Nadie puede saber dónde acaba la realidad y empieza la fantasía”.

Prefería hablar con las mujeres. Le gustaban sus emociones a flor de piel, su disposición a aceptar los sentimientos. La conversación con los hombres —sobre todo con los de su generación— le parecía difícil. Con ellos había que hablar de “temas”. Se consideraba un hombre nuevo, es decir, medio mujer. Pedía disculpas por la clasificación que había hecho de lectores machos (activos) y lectores hembras (pasivos). “Me equivoqué, Cristina. Pertenezco a una generación muy machista y cuando dije eso, respondía a un código cultural reaccionario”.

Le parecían nefastas las persecuciones que el gobierno cubano había tenido contra los homosexuales. Y temía que los sandinistas fueran a hacer lo mismo. Por eso cuando Tomás Borge —entonces ministro del Interior y un feroz homófobo— le encargaba libros pretendiendo convertirse en escritor, le escogía solamente autores homosexuales: Kavafis, Whitman, García Lorca, Wilde, Shakespeare, Manuel Puig, Cernuda. “Es tan bruto y machista que en cualquier momento echa de Nicaragua a los homosexuales. Cree que son un peligro para la revolución; cuando le pregunté por qué, me contestó que no tienen pareja fija. El, sí, tiene, una pobre mujer cargada de hijos a la que engaña con otras, porque él sí, él es muy macho, va dejando hijos por todas partes”. Se divertía imaginando a Borge diciéndole que alguno de esos autores le había gustado mucho, para poder responderle: “Sí, viste, era homosexual”.

Le gustaba la música de Eric Satie —especialmente sus Gimnopedias—, los tangos cantados por Susana Rinaldi —Sur, Che bandoneón—, y La Bohème, de Puccini, en las versiones de Renata Tebaldi, Victoria de los Angeles, María Callas, Monserrat Caballé y en la inencontrable de Claudia Muzio. Recordaba aquella frase del acto primero: “Soy un poeta, vivo como escribo”. Le gustaban las películas de Peter Brook y no le hubiera extrañado leer en el periódico la noticia de una mujer que pidió, en los servicios eróticos de Internet en Estados Unidos, un hombre que la matara haciendo el amor y lo consiguió. “A veces las víctimas eligen oscuramente a sus verdugos”, hubiera dicho. Le gustaba mirar a los pescadores de Mallorca echar la caña y pensar en otra cosa. “Lo raro es creer que se está donde se está, o que se mira lo que hay”.

Cristina Peri Rossi no estuvo en el entierro de Cortázar, no aparece en la foto. Pero fue una amiga especial, con la que tuvo una relación muy profunda durante muchos años —quizá más que con cualquiera de sus esposas— como lo atestiguan los 15 poemas que le escribiera y estos recuerdos, estas anécdotas, que guardaba como un tesoro y que ahora se decide a publicar. Desde luego que no se trata de una biografía sino de una semblanza muy personal como le hubiera gustado a Cortázar, quien recibía cortésmente —y con bastante indiferencia— los numerosos trabajos de académicos sobre su obra.

Cortázar era un escritor que se hacía querer por la complicidad que establecía con sus lectores. Todo el que lo ha leído siente que es su amigo. Gracias a este libro, podemos seguir conversando con él.



Queremos a Julio. Cap del Libro Julio Cortázar de Cristina Peri Rossi
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