Viernes, 24 de octubre de 2014

| 2013/03/16 07:00

Recuerdo: Los Andes en Nueva York

Hace 30 años el maestro Alejandro Obregón pintó un emblemático mural en el edificio de las Naciones Unidas en Manhattan. Esta es la historia de cómo se hizo realidad esta obra.

El maestro Alejandro Obregón pintó ‘Amanecer en los Andes’ en 1983. Foto: Archivo particular

Uno de los momentos clave del arte moderno colombiano ocurrió hace 30 años, en Nueva York. Entonces, un artista nacional fue invitado a intervenir uno de los espacios más emblemáticos de la diplomacia internacional: el edificio de las Naciones Unidas en Nueva York.


Detrás de este evento estuvo una reconocida funcionaria nacional: María Paulina Espinosa. La diplomática, más conocida como Pum Pum— fue nombrada, unos meses antes, primer secretario de la embajada de Colombia ante la ONU. En una de sus primeras visitas a la sede del organismo internacional, Espinosa descubrió que faltaba una representación más importante del arte colombiano. 


En efecto, el emblemático edificio, situado a orillas del East River y diseñado por 11 grandes arquitectos del siglo XX —entre quienes se encuentran Le Corbusier y Óscar Niemeyer— tiene una enorme colección de arte. Entre sus obras más destacadas se encuentran piezas de grandes maestros latinoamericanos como el ecuatoriano Oswaldo Guayasamín, el brasileño Cándido Portinari, el mexicano Diego Rivera y el peruano Fernando de Szyszlo, entre otros. 


Espinosa se puso en la tarea de incluir a un colombiano en la selecta lista. Su primera iniciativa fue buscar a Javier Pérez de Cuellar. El diplomático peruano era entonces el secretario general de las Naciones Unidas y Espinosa intuyó que, por su origen latinoamericano, le interesaría escuchar su propuesta. Y el azar le ayudó: un día se encontró con el secretario general en el ascensor del edificio. La oportunidad era única, así que, sin respetar los protocolos, le habló. Este, en efecto, se mostro muy interesado y la citó en su despacho.


A los pocos días, y después de un par de charlas, Pérez de Cuellar dio luz verde para que un artista colombiano fuera invitado a intervenir un espacio de la edificación. Espinosa aprovechó la visita del entonces presidente Julio César Turbay para hacer una recepción en su casa. Ahí, en un tono informal, se barajaron los nombres de quienes eran, en ese momento, los dos grandes pintores colombianos: Fernando Botero y Alejandro Obregón.


Después de afinar los detalles, Espinosa buscó a los dos artistas. Botero, sin embargo, no mostró mucho interés en el proyecto. En cambio, Obregón se entusiasmó y, de inmediato, empezó a hacer bocetos. A principios del año el artista visitó Nueva York y fue invitado al edificio a ver las posibles locaciones para su obra. Al entrar al Hall de Delegados, un espacio imponente, dijo: “Esta es mi pared”. El secretario general le dijo que ese espacio estaba dedicado a artistas de la talla de Picasso y Braque, a lo que el colombiano respondió: “¡Pero ellos están muertos!”. El comentario divirtió mucho a Pérez de Cuellar quien dio autorización para que Obregón hiciera el mural en ese espacio.


El colombiano, entonces de 53 años, empezó así una de las grandes tareas de su carrera artística. Durante nueve meses vivió en Estados Unidos y se dedicó al mural varias horas al día. La Cancillería asumió los gastos de hospedaje y de los materiales, pero Obregón no cobró. Al final de su largo proceso que, según los conocedores fue intenso, terminó la obra: un gigantesco acrílico sobre lienzo, de cuatro por cinco metros, que título Amanecer en los Andes. 


La obra retoma varios de los temas que obsesionaban a Obregón en esa época. “La producción del mural se dio en medio de un momento político muy interesante en Colombia”, le dijo a SEMANA Luis Fernando Pradilla, galerista y uno de los grandes conocedores de la obra del artista. “El recién electo gobierno de Belisario Betancur empezaba a hablar de diálogos de paz. 


El tema le interesaba mucho a Alejandro y quiso reflejar esa simbología en el mural. Otra de las cosas que quiso mostrar fue la belleza natural de Colombia, en las montañas que se ven en el fondo y en los colores muy vivos”. En efecto, Amanecer en los Andes muestra las formas y los temas –los cóndores, por ejemplo– que serían recurrentes en toda su carrera.


Durante la inauguración de la obra, el presidente Betancur dijo: “Queremos, a manera de contraprestación, que cada vez que alguien mire esta pintura, piense en Colombia; piense en que nuestro país tiene artistas capaces de inventar cosas bellas, de hacer perdurar emociones y, robándole el título al cuadro de Obregón, de producir creadores capaces de ayudar a que todos los días haya un nuevo amanecer, no solo en los Andes, sino en toda América Latina: un amanecer de paz y de justicia”.


Treinta años después el mural continúa adornando uno de los centros de poder más grandes del mundo y sigue siendo un hito en la historia del arte colombiano.


Así se hizo el mural de las Naciones Unidas


1. Uno de los muchos bocetos que hizo el artista. 




2. Obregón montando el enorme bastidor, de cuatro por cinco metros.




3. El colombiano seleccionó una paleta de color muy característica de su obra.




4. El trabajo tomó más de nueve meses en ser terminado.




5. Los detalles eran muy importantes para Obregón. 


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