Lunes, 23 de enero de 2017

| 2004/05/09 00:00

Registro de un viaje creativo

Fotografías que son el testimonio de los 'performances' de la artista María Teresa Hincapié están a la venta en la galería Valenzuela & Klenner de Bogotá.

María Teresa Hincapié se ha caracterizado por expresar todo lo que quiere a través de su cuerpo.

La herramienta principal de trabajo de la artista María Teresa Hincapié es su propio cuerpo y podría decirse que su obra se resume en un equilibrio entre el arte y la vida. Lo que parecen ser simples actos cotidianos son extraídos a otro plano para convertirse en actos de belleza, de reflexión. La artista no busca representar la vida, sino reflexionar sobre ésta, sobre esas acciones que colman la existencia. Esa ha sido una de sus características desde mediados de los 80, cuando presentó sus primeros trabajos, sin contar con su experiencia teatral que comenzó con Acto Latino en 1978. En Vitrina (1989), en un local en el centro de Bogotá, Hincapié realizó las actividades propias del aseo del establecimiento, durante ocho horas, el tiempo de una jornada laboral. Todo esto, mientras hacía sus propios monólogos y mientras se acercaba de vez en cuando al ventanal que separaba el interior del lugar con la gente que transitaba por la calle, para estampar un beso o escribir frases con lápiz labial, un elemento negado para alguien que hace este tipo de labores. En Punto de fuga (1989), durante tres días consecutivos, 12 horas diarias, Hincapié se propuso barrer, planchar, lavar, trapear, todo dentro de una lentitud y movimientos que llevaban, entre muchas otras reflexiones, a cuestionar la condición de la mujer. La cotidianidad adquiere una nueva dimensión pues todo transcurría en tiempo real, no se trataba de una representación. En Una cosa es una cosa, obra ganadora del Salón Nacional de Artistas de 1990, la artista dispuso varios objetos cotidianos sobre el piso. Los iba ordenando uno tras otro: desde ropa, ollas, crema de dientes, cepillos, ceniceros, lápices labiales, hasta toallas aparecían aisladas no sólo por sus funciones "en la vida diaria", sino también por sus características. En sus obras todo se va convirtiendo en rituales que vuelven consciente lo que, debido al apuro de la vida, no lo es. "Su insistencia en la lentitud es una especie de acto de resistencia con respecto a la velocidad que imprime el proceso de urbanización contemporáneo, que poco se interesa por la degradación del ambiente y poco permite detenerse en los pequeños detalles", escribió hace varios años sobre su obra la investigadora Ivonne Pini. Estos son apenas unos ejemplos de muchas de sus obras que, entre otras temáticas, también aluden a lo sagrado como Caminar es sagrado, Proyecto de sobrevivencia, Tú eres santo, Divina proporción y El espacio anda despacio. Los registros fotográficos de estos performances invitan a revivirlos y, ahora, algunos de ellos están a la venta al público en la galería Valenzuela & Klenner. Además de las fotografías, que tienen un costo de 300.000 pesos, también se pueden adquirir pequeñas postales intervenidas por la artista a 20.000 pesos. Lo que se recaude será destinado a un difícil tratamiento médico que actualmente afronta la artista. María Teresa Hincapié regresó a Bogotá hace pocas semanas de la Sierra Nevada de Santa Marta, en donde vivió durante varios años, y ahora se dispone a comenzar una nueva etapa creativa que, sin duda, también dejará huella en la historia del arte colombiano.

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