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| 11/7/1994 12:00:00 AM

REGRESO CON GLORIA

Después de un año en el exterior y de un exitoso montaje en Nueva York, el director del TPB vuelve a liderar un ambicioso proyecto teatral y a filmar la película de su vida.

LA MALINGA, LA MAJIGANGA, Y otras variedades de exóticas transcripciones de mogiganga, una palabra de cuatro sílabas y bastantes 'gees' como para causarle sorpresa y extrañeza a un hablante del inglés, han llenado por estos meses las críticas teatrales de los periódicos especializados de Nueva York.

Así como la palabreja, ha llamado la atención un montaje inspirado en A la diestra de Dios Padre del antioqueño Tomás Carrasquilla con el nombre de Y se armó la mogiganga, que el director colombiano Jorge Alí Triana realizó con el grupo Repertorio Español de esta ciudad. Las páginas centrales del New York Times del fin de semana, reseñas en New York News Day, Variety, The Village Voise, Daily News y American Theater (que le dedicó la portada de este mes), se han ocupado de Peralta, ese exótico Fausto criollo que se da el lujo de poner el cielo y la tierra patas arriba con su lógica socarrona, cartas de la buena suerte y tratos bajo la mesa con la muerte.

En una ciudad con el movimiento teatral de Nueva York y sus miles de puestas en escena en una semana, que van desde las obras más clásicas del Renacimiento hasta lo último del repertorio asiático, el sólo hecho de que los críticos asistan a una función es ya un punto ganado, a lo que se le suma los excelentes comentarios que la han calificado como uno de los más ambiciosos proyectos teatrales del momento.

Repertorio español, un grupo estable conformado por actores de varios países de habla hispana, le encargó el año pasado un montaje a Triana, con quien ya había realizado anteriormente La Cándida Eréndira y su abuela desalmada. En esta ocasión, el director se decidió por una versión entre pop y kitsch de la fábula montañera-existencialista que se asoma a los temores más profundos del hombre: la muerte, el poder de Dios, el desequilibrio universal o el hambre, armado de una risa socarrona y la varita mágica de la imaginación.

Triana utilizó un código diferente al costumbrista del clásico montaje de Enrique Buenaventura. Sin embargo, no deja de lado el poder de los imaginarios populares. Lo que hizo fue mezclar la fuerza de las representaciones del carnaval (ha sido un asiduo espectador por años de los carnavales de El Diablo de Riosucio, el de los Negros y Blancos de Pasto y el de Barranquilla) con la mueca irreverente y liberadora del pop occidental. Por esto su infierno parece más bien una discoteca: su muerte, una mujer fatal rubia y ansiosa de dos metros de alto; y el vestuario, un cambio de las ruanas por trajes de pinturas vanguardistas.

Tal vez esto sea lo que le ha llamado la atención a los 'gringos' que se preguntan por qué son cinco los deseos concedidos y no tres como en los cuentos europeos (exuberancia tercermundista, dicen), se aterran de ver a la muerte con la cara lozana llena de deseo en lugar de las arrugas de un anciano con la que ellos se la representan y creen ver (suspicacia del primer mundo) alguna reminiscencia de la teología de la liberación en las 33 billones de almas que Peralta saca del infierno. Triana les dejó estas dudas pintadas, su danza con el miedo a ritmo de salsa y su cielo etéreo al revés, para regresar a Bogotá a ponerse al mando de varios proyectos que ahora le quitan el sueño.

Uno de ellos es la que considera la película de su vida, una coproducción canadiense-española-mexicana a la que apenas le falta por definir la inversión colombiana. En enero empezará el rodaje de Edipo Alcalde, un guión de Gabriel García Márquez que viene trabajando hace tres años para enfrentar una vez más esa irracionalidad de la violencia, peor que la peste de Tebas, que el país no termina de digerir, y se dará el lujo de contar con la participación del cubano Jorge Perruguría, el protagonista de la película Fresa y chocolate.

Pero además quiere que el Teatro Popular de Bogotá, que es su hijo, su familia, su vida, vuelva a liderar el movimiento teatral en Colombia: "Aunque no veo figuras capitales en el momento -dice- sé que esta ciudad está llena de pequeños grupos que vienen trabajando en silencio. Quiero trabajar con ellos. Estoy seguro de que el mayor problema en la actualidad no es tanto la falta de proyectos sino de mercadeo. Hay que formar de nuevo un público".

El proyecto contempla el montaje de cuatro obras claves en la dramaturgia contemporánea colombiana, Opio en las nubes, de Hugo Chaparro, Ruleta Rusa, de Víctor Viviescas, Dentro y fuera, de Carlos José Reyes, además de Y se armó la mogiganga. Una inyección necesaria y de la persona más indicada para revitalizar el adormecido panorama teatral colombiano.
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