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| 7/20/1992 12:00:00 AM

RELACIONES PELIGROSAS

En "La noche de los asesinos", del SPB, el espectador puede construir la historia a su medida.

AL FINAL, CUANDO SE BAJA EL telón, el espectador no sabe si lo que acaba de ver sucedió realmente o no pasó de ser un juego entre hermanos.
"La noche de los asesinos", que se presenta por estos días en el Teatro Popular de Bogotá, es buena muestra de esa tendencia moderna del teatro de no limitarse simplemente a narrar una historia.
Hay mucho más que la representación de un texto dramático en este montaje del Teatro Aquelarre, que contó con la dirección de Jairo Santa.

Planteada como un juego, esta obra del cubano José Triana trabaja, a diversos niveles, las relaciones entre padres e hijos. Y recrea, así mismo, las diferentes máscaras que puede adoptar un hombre, según el momento y las tensiones que lo rodean.

Yuldor Gutiérrez, Maria Teresa López y Katherine Vélez son los tres hermanos que han decidido liberarse de la omnipotencia de sus padres por medio de un juego: el juego de asesinarlos durante la noche. Los actores se desdoblan, y asumen el reto de representar varios personajes:
son padres, son amigos de la familia, son intrusos.
Pero, sobre todo, son hijos y son hermanos, que a veces odian, a veces aman, y a veces, sencillamente, se entregan a la indiferencia.

El espectador termina metido en la obra.
Trata de descifrar las razones de ese enfrentamiento entre padres e hijos, y de esa pelea entre hermanos, y acaba por convertir el juego teatral en un punto para su reflexión. "La noche de los asesinos" no entrega una historia. Entrega una serie de elementos dramáticos y permite que el público también juegue con ellos y escoja la opción que más se ajusta a su realidad.
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