Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2002/08/26 00:00

Rembrandt en blanco y negro

El Muse Nacional de Bogotá presenta 83 grabados del genial artista holandés que siempre vivió acosado por la desdicha.

Rembrandt murio en la miseria absoluta. Su última obra, un autorretrato, da fe de su rostro cansado y agobiado por los reveses que lo acompañaron siempre. En ninguno de los 90 autorretratos que plasmó en dibujos, pinturas y grabados se le ve tan agotado por la vida. Tal vez porque era consciente de la ironía que enfrentó hasta el último minuto: su inmensa obra, su incalculable legado, no sirvieron de nada para alejarlo de la desgracia. Incluso uno de los aportes que más valoran los historiadores a la hora de hablar de su obra es el de expresar como nadie esos sentimientos del hombre abatido por su propia existencia. "Rembrandt es un sicólogo grandioso, que supo captar con asombrosa sensibilidad al hombre derrotado por la vida", dice Paul Westhern en el libro Mundo y vida de grandes artistas.

Rembrandt Harmenszoon van Rijn jamás pudo superar la muerte de Saskia van Uylenburgh, su esposa, quien murió ocho años después de que contrajeran matrimonio. Su vida al lado de ella, a pesar del amor que sentían mutuamente, también se vio frustrada repetidas veces. En 1635, un año después de estar viviendo juntos, nació Rumbertus, su primer hijo, pero murió sólo meses después, víctima de la peste. La tristeza de Saskia obligó a la pareja a cambiar de casa pues los escasos recuerdos con el pequeño no paraban de atormentarlos.

Se trasladaron a la calle Nieuwe Doelenstraat, en Amsterdam, y Rembrandt, con el ánimo de demostrarle a la familia de Saskia que podía duplicar la amplia herencia que ella había recibido, se propuso negociar con arte y objetos curiosos. La familia Van Uylenburgh siempre desconfió de las capacidades del artista y no toleraban la vida cómoda que él llevaba gracias al respaldo económico que Saskia le ofrecía. Algunos familiares de su esposa instauraron un pleito ya que no consideraban correcto que Rembrandt vendiera sus cuadros a precios bajos -pues nadie daba mucho por ellos- y luego él mismo volviera a comprarlos con el dinero de Saskia sólo para que su obra adquiriera el precio que creía justo.

En medio de ese conflicto familiar nació Cornelia, su nueva hija, pero días después murió. Fue la segunda muerte en menos de cuatro años de matrimonio, y no sería la última. En 1640 tuvieron otra niña, a quien también llamaron Cornelia, que murió un mes después.

En un nuevo intento por tener un hijo Saskia dio a luz a Titus quien, por fin, le dio la felicidad a la pareja. Pero la alegría no duraría mucho. Pocos meses después murió ella, hecho que se convirtió en el más doloroso golpe en la vida de Rembrandt. Sólo días antes el pintor había terminado La ronda nocturna, su más famosa pintura, que hoy alberga el Rijksmuseum de Amsterdam. Saskia fue el gran amor de su vida y le sirvió de modelo en algunos de sus principales cuadros.

Después de su muerte Rembrandt tuvo varias amantes, entre ellas, Geerghe Dircx, quien vivió con él durante algunos meses. Ella lo acusó de haber incumplido una promesa matrimonial y él, utilizando algunos testigos en contra, consiguió que la recluyeran cinco años en prisión. Su comportamiento hacia las mujeres cambió radicalmente. Luego empezó una relación amorosa con Hendrickje Stoffels, su sirvienta, con quien compartió varios años antes de que ella muriera, no sin antes ser acusado de concubinato. Los últimos 15 años de su vida permaneció acosado por las deudas y de tantos lujos que tuvo no quedó nada.

Muchos historiadores atribuyen su triste final a que después de la muerte de Saskia se hubiera aprovechado de sus amantes y que haya restado importancia al manejo de sus finanzas. Tal vez, con cierto rencor hacia la vida por no haber podido vivir felizmente con su esposa, decidió sólo pensar en sí mismo sin importar que pasara por encima de tanta gente que en algún momento lo rodeó.

Rembrandt en Colombia

La obra de Rembrandt, distribuida en los principales museos del mundo, es considerada una de las más importantes de la historia. El principal reconocimiento que han hecho artistas que surgieron tras su muerte es el impecable manejo de la luz y de la sombra, que le permitió enfatizar sentimientos de miedo, angustia y de tristeza. El término claroscuro cobró una dimensión especial con los trazos de este pintor nacido en Leiden, Holanda, en 1609.

Su visión del paisaje también ha sido elogiada. Para el historiador Michael Bockemuhl, "el paisaje en Rembrandt es pintado como acontecimiento, como suceso, y no como un escenario de fondo". Aparece como el testimonio de miles de hombres que han vivido allí. De igual forma se habla de él como el gran pintor religioso. Nunca pensó sus cuadros para una iglesia, los hizo para él mismo, y tomaba escenas bíblicas para expresar lo que estaba sintiendo en ese momento. Incluyó personajes que ni siquiera eran mencionados en la Biblia. Además de sus autorretratos pintó decenas de retratos, escenas de grupos -entre ellas La ronda nocturna y Los síndicos pañeros (De staalmeesters)- y varios grabados, una técnica a la que Rembrandt dedicó mucho tiempo.

De esta producción, que se cree alcanzó los 400 grabados, el Museo Nacional de Bogotá presenta desde esta semana y durante dos meses 83 de ellos, que pertenecen a la Casa Museo Rembrandt en Amsterdam. La muestra estará dividida en siete espacios que abarcan los temas que inquietaron principalmente al artista: desde escenas mitológicas hasta estudios de desnudos.

La exposición hace parte de un circuito programado en varios países de América Latina. Después de su paso por el Museo Nacional la muestra irá al Museo de Antioquia, de Medellín. Este nuevo esfuerzo es otra de las grandes oportunidades para que el público colombiano se acerque a uno de los artistas más importantes de la historia. Un hombre que como tantos genios vivió sumergido en una vida llena de tropiezos, de dificultades, con un final triste, ajeno a la inmensa gloria que le llegaría, imponente, después de su muerte.

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