Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2010/08/14 00:00

Renovación cultural

Un centro cultural diseñado por la firma de arquitectos de Norman Foster es el eje de un ambicioso proyecto de renovación urbana que acaba de ser aprobado en Bogotá.

Así quedará el Centro Cultural que promete convertirse en ícono de la ciudad.

La cultura no solo sirve para entretener, expresarse o construir vínculos. También puede servir para transformar el espacio urbano. Esa es la apuesta del plan de renovación urbana Proscenio, que la semana pasada recibió un espaldarazo definitivo con la expedición del Decreto 334, el primero de esta índole que se firma en Bogotá. Los planes de renovación urbana son una figura mediante la cual el sector privado interviene una zona para revitalizarla, con aprobación y acompañamiento oficial. La idea en este caso es generar la transformación total de cinco manzanas del barrio El Retiro, ubicadas entre las calles 85 y 87 y las carreras 13 y 15, a partir de la construcción de un ícono arquitectónico y cultural.

Detrás del proyecto se encuentra María Isabel Murillo, 'Misi'. Fue ella quien contactó a Foster and Partners, firma del prestigioso arquitecto inglés Norman Foster, para que se encargara del diseño preliminar de una de las manzanas que serán intervenidas. "El plan incluye cinco manzanas, tres de desarrollo, dos de reactivación. En las de desarrollo hoy se encuentran inmuebles que no vale la pena conservar, y es un terreno ideal para edificaciones de alta densidad. Allí se aprobó la construcción de edificios hasta de 15 pisos", explica Murillo. En las manzanas de reactivación se podrán también demoler los inmuebles en caso de que así lo soliciten sus propietarios.

Con la firma del decreto se concluyó la primera fase del proyecto. El siguiente paso es lograr que los vecinos se sumen a la iniciativa. "Se necesita que la mitad más uno de los propietarios de cada una de las manzanas esté de acuerdo con acogerse al plan". Si se reúne el apoyo, los propietarios tendrán entonces la opción de entrar a formar parte del proyecto o vender su predio a precio de avalúo comercial, no catastral. La última opción será la compra, por utilidad pública, del predio por parte del Distrito. Para 'Misi' es vital saber que este es un proyecto "gana-gana": equitativo para propietarios e inversionistas y en el que la más beneficiada será la ciudad, que verá cómo una zona que hoy afronta problemas se convertirá en polo de desarrollo.

El sello del proyecto será el centro cultural, llamado a jalonar este desarrollo: "El equipamiento cultural es el corazón del proyecto, es el ícono arquitectónico que tiene muy entusiasmados a los arquitectos de Foster", afirma 'Misi'. En él habrá, además de librerías, galerías y cafés, un teatro para 1.500 personas y un restaurante en el último piso con un diseño que se anuncia sorprendente. También será un lugar para aprender: en sus instalaciones se enseñarán artes escénicas, ingeniería de sonido, diseño de luces y de escenografía, entre otras carreras artísticas. "Somos un país esencialmente talentoso pero sin escenarios. La mejor cara de Colombia es la artística, los artistas son nuestros mejores embajadores y, hasta ahora, esto no está representado en ningún lugar. Queremos que desde aquí se multiplique el aporte de las industrias creativas a la economía; tenemos un potencial enorme en ese campo".

La idea es que esta obra -cuya financiación provendrá de donaciones, aportes de inversionistas y de la venta de espacios publicitarios- se convierta en un referente de Bogotá, y generen un impacto similar al del Museo Guggenheim en Bilbao o al del Lincoln Center en Nueva York, responsable de la recuperación del sector en el que se construyó. Con estas credenciales está claro que, de concretarse, este proyecto generará, más que una renovación, una auténtica revolución urbana en el norte de Bogotá.

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