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| 4/22/1996 12:00:00 AM

RETROCEDER NUNCA, RENDIRSE JAMAS.

MIENTRAS EN COLOMBIA EL CINE INDEPENDIETE OCUPA CADA VEZ MAS ESPACIO EN LA CARTELERA, LOS DISTRIBUIDORES INDEPENDIENTES LUCHAN POR NO SER UNA ESPECIE EN VIAS DE EXTINCION.

No deja de ser irónico que el título de una película totalmente contraria a sus propósitos les sirva de lema a los distribuidores de cine independiente en Colombia: Retroceder nunca, rendirse jamás. Y es que los indepen-dientes, aquellos que traen al país la mayoría del cine no comercial que de otra forma jamás llegaría a la cartelera cinematográfica, están sufriendo hoy una gran paradoja. Mientras las salas de cine se han nutrido en los últimos años de cintas españolas, francesas, italianas, inglesas, latinoamericanas y en general, producciones independientes que han comenzado a compensar de alguna manera el abrumador dominio de las superproducciones de Hollywood, los pequeños distribuidores del país luchan por no convertirse en una especie en vías de extinción. "Si hace 10 años había más de 15, hoy se cuentan con los dedos de una sola mano", comenta Iván McAllister, quien hizo realidad el Cinebar Lumiere, de Bogotá, una de los pocas salas comerciales en el país dedicadas exclusivamente a la exhibición de cine no comercial. La situación es aún más paradójica si se tiene en cuenta que el cine independiente atraviesa por uno de sus mejores momentos. Ante la crisis de propuestas de las grandes productoras de Hollywood, que se han dedicado a realizar nuevas versiones de famosas películas del pasado, el cine independiente vive su cuarto de hora. Tanto es así que tres de las cinco películas nominadas al Oscar este año, fueron realizadas por productoras diferentes de las llamadas majors: El cartero, Babe, el puerquito valiente y Sensatez y sentimientos. Al mismo tiempo, los espectadores, atragantados con tanta superproducción de Hollywood, han optado por seguirle los pasos a las nuevas propuestas de realizadores que ajenos a la superindustria, han logrado brillantes producciones con presupuestos austeros. Algo similar sucede en Colombia. Aunque según estudios realizados por las casas distribuidoras el número de espectadores ha disminuido vertiginosamente en la última década por la irrupción de las parabólicas, la televisión por cable y el mercado del video, el público colombiano es cada día más selectivo y exigente. Y si hoy el promedio de asistencia por año ronda los 25 millones de espectadores, contra el doble registrado en 1985, una gran porción de esos 25 millones ya no se conforma sólo con los dinosaurios de Steven Spielberg, los músculos de Schwarzenegger o los bajos instintos de Sharon Stone. "Cada día el público brinda más confianza para exhibir películas que en otro tiempo habrían sido un rotundo fracaso en la taquilla, y por ende, como inversión, comenta McAllister. Por eso ya no es una utopía traer cine-arte o cine no comercial para exhibirlo en salas donde antes sólo mandaban las superproducciones".El dilema de la exhibiciónPero aunque esta coyuntura sea de hecho saludable para un público cada vez más ávido de variedad, este mismo síntoma es, curiosamente, una de las causas de que los distribuidores independientes estén en jaque. Desde hace algunos años Cine Colombia, cuya fuerza de acción la había concentrado en las décadas pasadas en erigirse en el más grande exhibidor de cine en Colombia, dueña de más del 30 por ciento de las salas del país, se ha venido consolidando también como uno de los mayores distribuidores independientes. Así, frente a gigantes de Hollywood de la talla de Universal, Fox, Warner Brothers y Columbia, que tienen sus propios representantes en el país, Cine Colombia le ha jugado buena parte de su capital al cine independiente, con una ventaja nada despreciable: la disponibilidad inmediata de sus propias salas de cine y los mejores circuitos. Sin ir más lejos, esta empresa introdujo en Colombia el concepto de los Multiplex, auténticas salas de lujo mediante las cuales, entre otras cosas, se ha logrado captar la atención de los sectores de mayores recursos, una fracción del público que había desplazado el cine por las antenas parabólicas, la televisión por cable y el video. "Cine Colombia se ha fortalecido tanto que muchos estamos quedando por fuera del mercado", dice Suresh Bathia, propietario de Venus Films y quien adquirió hace poco los derechos de cuatro cintas: Guantanamera, de los mismos directores de Fresa y chocolate; Farinelli, del belga Gérard Corbieu, y Stealing Beauty, la más reciente producción de Bernardo Bertolucci. "Es evidente que estamos en desventaja, pues nuestras películas tienen que hacer cola para poder ser exhibidas en los buenos circuitos, y una vez adquirimos el derecho, la cinta dura muy poco en cartelera, pues Cine Colombia no da espera al estreno de sus propias películas", dice Jaime Joseph, representante de Warner en Colombia pero quien por cuenta propia ha comprado los derechos de filmes como la rusa Quemado por el sol, ganadora del Oscar a la mejor película de habla no inglesa el año pasado, y la francesa Los miserables, estrenada la semana pasada.Mucha plataUn problema paralelo al de la exhibición tiene que ver con la adquisición de películas como tal, que lo sufren por igual todos los distribuidores independientes. Salvo escasas excepciones, muchas películas llegan a Colombia con un retraso considerable en relación con la cartelera internacional. Películas que han estado en su momento en la espuma de los comentarios en Estados Unidos y Europa, llegan al país más de un año después. Esto se debe a que Colombia es un mercado muy deprimido. "Recién estrenadas y dependiendo de la crítica, las películas adquieren un valor muy por encima del que en Colombia pueden pagar los distribuidores, comenta Iván McAllister. Cintas como 'Underground', que ganó la Palma de Oro en Cannes el año pasado, pueden llegar a costar entre 100.000 y 200.000 dólares en el momento del estreno. Esas cifras solo las pueden pagar países con un promedio que supere los 100 millones de espectadores por año. Mercados tan deprimidos como el colombiano tienen que esperar a que la película baje su cotización a un precio razonable que reduzca al mínimo el riesgo de la inversión, es decir unos 15 ó 20.000 dólares" . Aún así, la sensación general dentro del grupo de compradores solitarios es que el cine independiente está pidiendo pista en Colombia para aterrizar definitamente. El público va en aumento y las salas existentes no dan abasto con la cantidad de oferta cinematográfica. "El problema no es Cine Colombia, pues al fin y al cabo el cine debe ser un negocio y ellos tienen todo el derecho de aprovecharlo de la mejor manera posible, dice McAllister. Cualquiera que fuera distribuidor y exhibidor al mismo tiempo, haría lo mismo. Lo que hay que hacer es incentivar la aparición de más exhibidores, pues aunque parezca paradójico, el mercado está creciendo y el inconveniente de los distribuidores es la falta de más salas de cine, creadas por nuevos inversionistas".Pero más allá de las dificultades, el cine independiente está llegando a Colombia cada día en cantidades más generosas. Cintas como las españolas Días contados y Todo es mentira; las argentinas El lado oscuro del corazón y Tango feroz, las italianas El cartero y Mediterráneo y la francesa Los miserables, dan cuenta de la proliferación de filmes independientes en la cartelera cinematográfica colombiana. Y faltan más. Para las próximas semanas están pendientes los estrenos de Carrington, Actos privados, Farinelli, Guantanamera, Un lugar en el mundo y esa trilogía que ya hizo historia en Europa, la realizada por el recientemente fallecido director Krzysztof Kieslovski: Azul, Blanco, Rojo, todas ajenas a la superindustria, algo que confirma que a pesar de las dificultades, los distribuidores independientes están lejos de rendirse frente a las grandes casas.
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