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| 2/15/1999 12:00:00 AM

RIASE SI PUEDE

Humor negro colombiano para colombianos.

Este país Antonio Caballero El Ancora Editores Bogotá, 1998 Antonio Caballero entrega
una nueva radiografía del país, hecha con las gracias y las desgracias de seis personajes
característicos, que son sus personajes de siempre: el político, el rico, el guerrillero, la boba, el narco
y la pobre. El humor de Caballero consiste en mostrar a esos personajes de manera descarnada, es
decir con sus actitudes y conductas aberrantes o ingenuas o perversas o corruptas, según el caso. Al
político lo muestra irresponsable, ambicioso, sin ideologías ni proyectos ni preparación alguna,
corrompido e importaculista. El rico es el hombre del club, whisky en mano, que mira al país desde la
luna y lo entiende sólo desde su óptica, una óptica pobre, ignorante, cínica y muy poco inteligente. El
narco es el matón prepotente, que se sabe el dueño del país porque compra hasta vidas y conciencias.
El guerrillero dispara y nada más: a ello se reducen su lógica, su ideología y su trabajo. La pobre
es el personaje que Caballero prefiere: es el único al que le permite hacer reflexiones y críticas
atinadas y realistas. Finalmente está la boba, que representa al resto: los que no son políticos ni
guerrilleros ni pobres ni ricos ni narcos, o sea la infeliz clase media. Esa boba come cuento, no
entiende nada de nada y se lo cree todo. La nota predominante en Caballero es el escepticismo, tanto
que afirma que todos sus chistes son iguales, pero que no importa porque en este país nada cambia
nunca. Sin embargo el aspecto físico de sus personajes es más bien simpático y algunos de ellos
tienen semejanzas evidentes: el narco es Pablo Escobar y el guerrillero es igualito a 'Joaquín
Gómez'. ¿Por qué, se pregunta uno, Caballero ha dejado por fuera de su zoológico nacional al cura, al
intelectual y al periodista? Esa es una fauna muy rica también para mostrar a este desdichado país.
COL&CO; catálogo oficial de la manguala Eduardo Arias y Karl Troller Planeta Bogotá, 1998 Arias y
Troller acostumbran salir al alimón a finales de cada año y también acostumbran a no dejar títere con
cabeza en esas salidas. La historia nacional es el tema de COL&CO (Colombia y compañía), donde
se meten con casi todo el mundo, incluidas las vacas más sagradas, desde Simón Bolívar hasta hoy.
Se inventaron una exposición que han dividido en varios salones y capítulos: de los ex presidentes, de
próceres ilustres, de las Fuerzas Armadas, de artes, folclor y tradiciones, de transportes y
telecomunicaciones, internacional V.I.P y de artistas del 8.000. Haciendo uso de los recursos gráficos
más diversos, inventan, simulan y trastocan para producir un conjunto divertido, mordaz y muy crítico.
El paseo por la historia colombiana les permite además jugar con la realidad de hoy y la de ayer, que
son tan parecidas, y explotar símbolos ya consagrados para denunciar arbitrariedades y corruptelas de
ahora. Porque, entre chiste y chanza, el propósito de Arias y Troller es denunciar por medio de la burla.
Y también reavivar la memoria de este país alka-seltzer, que todo lo digiere y todo lo olvida en un
santiamén. Entre tanta burla vale la pena destacar la serie dedicada a John Lennon y su escultura
_made Arenas Betancourt_ sita en Armenia y el salón de las Fuerzas Armadas, con la foto del cráneo
de Jacobo Arenas por un lado y Bedoya en la olla por el otro. Pero a decir verdad todo el libro es
ingenioso y, sobre todo, refrescante. Siete cuentos y una farsa Mauricio Botero Caicedo Ilustraciones
de Catalina Otero Bogotá, 1998 Edición del autor Este libro es en apariencia una obra literaria, que
presenta ocho narraciones breves. Pero no hay tal: es un libro de humor que nada tiene que ver con la
literatura. Explico: la principal preocupación de Botero es urdir una trama que sorprenda por su final
insólito. Y tal final es siempre una humorada de la más negra raigambre. Ese propósito tan manifiesto
no descarta la preocupación por lo formal: el libro está escrito con corrección, pero es evidente que
en ningún momento a Botero le interesó realizar un trabajo literario. Así, si se le toma por lo que
realmente es, el lector gozará de la imaginación de este caricaturista para tramar corrosivos y a veces
sórdidos argumentos. Aunque no conozco a Botero e ignoro su lugar de nacimiento, al leer este libro
parece un puro cachaco, pues escribe con un vocabulario de cachaco, lo cual le da personalidad y
sabor a sus historias. Y además sitúa la acción en lugares muy nuestros, con personajes, apellidos,
tics y conductas también muy nuestros. Logra así Botero algo similar a los caricaturistas gráficos:
mostrar rasgos de este país en breves pinceladas desde un ángulo crítico y burlón. Pienso que Botero
ha entregado el libro de un principiante en las lides del sarcasmo y el humor, pero es una primiparada
que promete mucho, si hay dedicación y persistencia en trabajar el género.
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