Lunes, 23 de enero de 2017

| 1997/08/18 00:00

RICARDO III

La historia de uno de los personajes más perversos de la literatura shakespereana relatada en los tiempos del nazismo.

RICARDO III

Director: Richard Loncraine Protagonistas: Ian McKellen, Annette Benning, Kristin Scott-Thomas, Jim Broadbent, Robert Downey Jr., Maggie Smith. l drama fue escrito por William Shakespeare hace unos 400 años pero, como suele suceder con la mayoría de las obras del inmortal escritor inglés, la esencia de la historia no ha perdido vigencia. Tanto que el director Richard Loncraine ha decidido romper las barreras temporales y ubicar a Ricardo III en pleno siglo XX, durante los años de la gran depresión y la crisis europea, situaciones que le permiten a Loncraine imaginar un hipotético advenimiento del nazismo en Inglaterra en las garras de uno de los más perversos personajes creados por Shakespeare. Precedido de una nutrida trayectoria como intérprete shakespereano, el actor y guionista Ian McKellen protagoniza a Ricardo, el deforme, ambicioso e inescrupuloso hermano del rey Eduardo de Inglaterra dispuesto a cometer los más atroces crímenes contra la vida y la honra de su propia familia y de sus consejeros en su afán de acceder al trono. Un grupo de veteranos e insignes actores lo secundan: Annette Benning, como la reina Isabel; Kristin Scott-Thomas como Lady Anne, Jim Broadbert como Buckingham, Maggie Smith como la duquesa de York, Nigel Hawthorne como Clarence, John Wood como el rey Eduardo y Robert Downey Jr. como Earl Rivers. La atrevida propuesta de Loncraine sobresale por su visión fascista de un Ricardo que bien puede ser una lúgubre parodia de Hitler. La acertada ambientación contribuye a la agilidad del filme sin que el drama original pierda sustancia. Sin embargo existe un trecho notable entre el texto y su representación en escena. Ricardo III no escapa a esta dificultad y a pesar de la energía de algunas secuencias definitivas, en otras la palabra sigue siendo mucho más fuerte que su gesto, sobre todo al comienzo, cuando, por ejemplo, Ricardo intenta ganar el amor de Lady Anne luego de haber asesinado a su marido. Al margen de estas consideraciones, las virtudes de la película residen en su ambición de cruzar hipotéticos paralelismos en el tiempo en aras de rescatar con vigencia y frescura una de las obras más interesantes de la literatura sobre los complejos humanos.

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