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| 8/22/2014 12:00:00 AM

Rock al Parque 20 años: pogo, polvo y distorsión

Fueron 87 las bandas que congregaron a más 400.000 personas de distintas apariencias, comportamientos y prioridades sonoras.

La promesa de la fiesta volvió a ser el rock duro y la congregación masiva fue el resultado. Cierres de tarima memorables como los de Exodus, KillSwitch Engage, Soulfly, Black Label Society y Anthrax no dejan duda que el "pogotano" es el que lleva en la sangre a Rock al Parque y no sus otros coterráneos que, con la noble causa de la diversidad, le pretenden arrebatar al festival su esencia. La claridad del concepto está en las palabras de Dilson Díaz, líder de La Pestilencia: “Es un festival de rock, ¿por qué tengo que llevar una maraca?”.

Tres días con un cielo despejado de nubes que pretendieran cubrir con aguaceros los pastizales del Simón Bolívar, sol a plenitud acompañado de un viento frió que elevaba cientos de cometas, sonidos amplificados recibiendo la entrada triunfal de miles al rito del Festival, júbilo espontáneo de todo aquel que llega invitado a la mejor fiesta de cumpleaños a la que no es obligación ni cortesía llevar regalo.

La casa llena en las tres tarimas, los espacios verdes y sus árboles recibieron cuerpos cansados, parejas amorosas, kilómetros de jeans desgastados, pelos largos, camisetas estampadas, taches, botas, crestas, rastas, humos, aromas, filas, "guaro,guaro,guaro", "chaquetas de capota y con caleta" y más sonrisas juntas que cualquiera de los otros días del año en Bogotá.

La cabeza no pudo resistir moverse con fuerza desmedida con otras presentaciones internacionales como las de Nile, con la confirmación de la rapidez supersónica de su guitarrista y baterista. Memphis May Fire, potentes en tarima y los que más gritos arrancaron del género femenino; The Casualties que, con su cantante ecuatoriano, el punk tuvo una interlocución en castellano y logró 'la pared de la muerte' más larga de que tenga memoria el Festival.

Pro-Pain, con mirada de asesinos en serie, dejaron sin vida cualquier vestigio de quietud. Carajo, aun con fallas técnicas, pudo sacar adelante una presentación esperada por una fanaticada consolidada en el país. Fishbone nos recordó porque fueron la influencia de grandes bandas y que sus sonidos están vigentes para muchos años mas de fusión. Y De La Tierra esta vez sí logró demostrar con creces de qué están hechos y dieron un concierto donde el público ya corea con diligencia sus canciones.

Las bandas nacionales también consiguieron movilizar a miles a su encuentro. Neurosis, con una puesta en escena bastante sobria, consiguió hacer perder la cordura a quienes los siguen desde hace más de 20 años. HeadCrusher reafirmó su excelente presente y se perfila como una de las grandes bandas colombianas en el futuro. Thy Antichrist sorprendió con su misticismo y presencia en tarima; su voz de demonio y de bruja; la sangre que brotaba por su boca, el blanco y el negro en su piel; sus símbolos y sus posturas lo confirmaron como todo un verdadero hereje del rock.

El Sagrado, una propuesta que difunde con vehemencia el vinculo familiar, cuenta con Lucas en los coros, un niño que prefiere el hardcore que ver la televisión. Por su parte, Nepentes levantó tanto polvo en el Escenario Bio entre pogo y pogo, que la respiración se interrumpía, mientras las secuelas de su violencia armónica marcaba conciencias. La Pestilencia, en un concierto memorable, supo cómo conectarse a profundidad con el público, el cual cantó sus canciones desde la entraña y la sigue reafirmando como la banda emblemática que es.

Al final de las jornadas siempre quedan sonidos que se repiten una y otra vez en el cerebro. Este año, es imposible dejar de buscar los riffs de la guitarra de Zakk Wylde, de Black Label Society. Un atropello de contundencia sonora que devasta cualquier sutileza rockera. Un virtuoso que enaltece y lleva al lugar más merecido a las seis cuerdas de sus Gibson.

“Los festivales deben ser más grandes que las bandas”, fue una de las enseñanzas que nos dejó Eddie Trunk, un reconocido y experto periodista de rock en el mundo, en su paso por Bogotá. Esa grandeza ya la logró hace tiempo Rock al Parque y es el momento en que debe ir por más.
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