Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2015/08/14 21:00

Rock al Parque 2015: ¿Regresa la 'mentira' de la diversidad?

El año pasado el público del Festival demostró en masa que es un evento ligado a la distorsión, pero de nuevo nos traen más trompetas que guitarras, más reencauche que novedad.

Joey Belladonna, vocalista de la banda Anthrax en el cierre del festival Rock al Parque 2014. Foto: Edwin Tamayo Rueda

El presupuesto de Rock al Parque es de unos limitados 1.500 millones de pesos. En este 2015, como en años anteriores, decidieron invertir en bandas que están a años luz de los sonidos elementales del rock, entre las cuales, y solo por nombrar algunas, están bandas internacionales como Chacha Vía Circuito, Nortec Collective (Bostich + Fussible) y Atom TM, perfectas para una buena noche electrónica. Juan Cirerol, el sonido ideal para una cantina; Celso Piña y su Ronda Bogotá, inigualables para el Festival Vallenato; y el señor Nacho Vegas, insuperable para un vino caliente en la Candelaria.

Con seguridad son buenas bandas con sonidos que disfrutar, sobre todo en las fiestas de quienes los contrataron o recomendaron, pero, ¿por qué al rockero que asiste con devoción al Festival se le gastan su austero presupuesto en artistas que no tienen nada que ver con su esencia?

Ese dinero se puede invertir en traer grandes bandas del género, mejores montajes o una logística más robusta. Al final siempre será mejor escuchar a la más barata y desconocida banda de rock de Colombia, Latinoamérica, Europa o Estados Unidos, que a los más reconocidos "guapachosos" del planeta.

Este año en el acto de cierre el pogo no estará a cargo del metal, si no de la mano de una 'Ingrata' que es el emblemático tema de los Café Tacvba. Canción que debemos reconocer todavía se escucha con fuerza en los balnearios cercanos a la capital. De nuevo se trata de una banda importante para la historia de la música latinoamericana, pero que el rockero de a pie no lleva su nombre en un parche o en una camiseta, no lo escucha y menos quiere hacerlo preciso el fin de semana, en el que espera ver en vivo las bandas que no puede pagar o nunca ha visto. ¿Quién sabe cuántos buses sin puestos saldrán de Medellín, Cali o Barranquilla, con destino al Parque Simón Bolívar dispuestos a escuchar la versión en vivo de 'Eres'?

En ningún otro de los grandes Festivales que tiene Bogotá puede tocar una banda de metal o hardcore; por qué Rock al Parque si tiene que permitir que se gaste su presupuesto en bandas de rap, electrónica, cumbia y demás. El pop y la música del mundo ya tienen demasiados amigos.

La ciudad ha crecido de forma increíble en la oferta de conciertos y festivales, sobre todo los privados, donde ellos por supuesto tienen todo el derecho de sonar lo que se les antoje. Este festival público de rock merece más bandas que afiancen la movida local y el crecimiento musical del género y eso se logra mejorando y aumentando la oferta de rock y no dándonos muestras de lo interesantes que pueden ser otros sonidos.

Se debe reconocer que por fortuna existen bandas en esta edición que se destacan durante los tres días de Festival. Están Behemoth, que seguramente es la banda con mejor puesta en escena del cartel; Melechesh, metal nacido en Jerusalén; Sacred Goat, de lejos con la mejor voz femenina del metal nacional; Malón, clásico heavy argentino; Nuclear Assault, legendario pero desconocido thrash metal gringo; y Triple X, representantes del "sucio porno rock" quienes aseguran que "Uribe no ha muerto".

También estarán P.O.D, los de San Diego California, llegan con mensajes repletos de Dios en versión nu metal; Vetusta Morla, la banda más importante hoy por hoy en España; Diamante Eléctrico, el presente y futuro de lo mejor del rock nacional; Adrenaline Mob, con la voz de Russell Allen, una de las mejoresdel heavy metal; A.N.I.M.A.L, heavy-groove argentino, recién reintegrados y con el potente Andrés Giménez en la guitarra y voz líder; Ill Niño, nu metal con raíces latinas y muy buenas percusiones; y SUM 41, pop punk divertido y repleto de aire adolescente.

Este año más de 23 bandas entre nacionales y foráneas están de nuevo en una tarima de Rock al Parque, un elemento adicional que demuestra la poca innovación y la constante repetición a la que se ve sometido el oído de los capitalinos. Seguro esta realidad está influenciada, si tenemos en cuenta que muchos de los que rodean el Festival están en él desde siempre y muchos otros más de15 años.
Los mismos y las mismas infortunadamente haciendo lo mismo. Ellos viven el festival desde la altura de sus carpas en el Parque y entre camerinos, no cerca a la gente, sus reacciones, necesidades y deseos. Son verdaderos amigos de muchas de las bandas que programan y lamentablemente muy indiferentes con los reclamos y sugerencias del público que tiene que escucharlas de nuevo.

Es imposible creer que los encargados del Rock al Parque y sus benefactores, no sean precisos y contundentes cuando tienen que definir qué es rock. Ellos por supuesto lo tienen claro, lo que los enreda es cómo justificar sus intereses, gustos, amistades y consolaciones, disfrazando sus intenciones con la 'mentira' de la diversidad. Los rockeros, metaleros y punkeros, este año como en muchas ocasiones, vuelven a ser excluidos de su propio Festival.

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