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| 2/17/1997 12:00:00 AM

ROJO

LA ULTIMA TRILOGIA DE KIESLOWSKI, DEDICADA A LA FRATERNIDAD ES, SIN DUDA, LA MEJOR DE LA SERIE DEL DIRECTOR POLACO.

Krzysztof Kieslowski Protagonistas: Irene Jacob, Jean-Louise Trintignant, Frederique Feder y Jean Pierre Lorit El propio Krzysztof Kieslowski, poco antes de morir, dijo que Rojo, la tercera de su trilogía cinematográfica Tres Colores: azul, blanco, rojo, era su película más íntima y, en última instancia, su legado. Y como legado, Rojo se yergue sin duda como la más completa y elaborada cinta de la serie. Independientemente de servir como cierre al círculo abierto en las primeras dos películas de la trilogía, Rojo posee por sí sola cualidades que la hacen sobresalir. Si Azul aludía a la libertad y Blanco a la igualdad, según los principios de la Revolución Francesa, Rojo descarga todo su poder persuasivo en el tema de la fraternidad. Construida en el mismo tono ético de sus antecesoras, un tono que recuerda la inevitable ambigüedad moral del ser humano ante las circunstancias naturales de la vida, la cinta narra la historia de una joven modelo de 23 años (Irene Jacob) y su relación casual con un solitario juez retirado que supera los 60 (Jean-Louis Trintignant). Sin embargo, lejos de la angustia sugerida en Azul y Blanco, Kieslowski propone en Rojo una oportunidad a la fraternidad como solución posible ante el desamparo del hombre contemporáneo. No es la unión manifiesta de la fraternidad expresada en el abrazo. Es simplemente la satisfacción de saber que en algún lado del planeta, en medio del desierto de los corazones solitarios, hay alguien que comprende y acepta a su cómplice sin exigencias. En este sentido, la secuencia de la anciana que intenta introducir una botella en el pote de basura, repetida en las dos primeras películas hasta que finalmente en Rojo encuentra su resolución, sería el símbolo más significativo de su alegoría. Sin embargo Rojo también propone otras lecturas paralelas, alimentadas por un guión maduro que va despejándose con ayuda de elaborados y sugerentes encuadres, una espléndida fotografía y un sonido que actúa como protagonista esencial. En medio de la historia principal está también la del joven estudiante de leyes, dispuesto a confirmar sin sospecharlo que los destinos se repiten. Y también la de la propia modelo, que terminará viviendo en carne propia la foto publicitaria para la que posó. Todo en Rojo está construido con una filigrana que va enlazando y construyendo símbolos alrededor del amor, la pasión, la moral y la soledad humanas. Y es en este encuentro de soledades, de contradicciones existenciales, en el que Krzysztof Kieslowski logra hilvanar una pieza maestra del arte cinematográfico que interpreta con intensidad los vericuetos del hombre contemporáneo.
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