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| 4/28/2003 12:00:00 AM

Romper el silencio

Tres recientes antologías de relatos de mujeres permiten preguntar por qué en Colombia no existe una tradición de escritoras.

En Colombia solo escriben los hombres. O al menos esa es la impresión que ofrecen los libros de historia de la literatura nacional: son muy pocos los nombres de mujeres que aparecen en ellos. Pareciera como si las obras de las mujeres hubieran estado ausentes por años de los circuitos editoriales y de los medios de comunicación. Además los críticos literarios no se han preocupado por hacer un análisis serio sobre la escritura femenina.

Esta ausencia de nombres contrasta con el éxito que ha tenido la literatura colombiana en su historia. Además de García Márquez, de Alvaro Mutis y de Germán Espinosa, en los últimos cinco años se ha vivido un nuevo boom. Los nombres de autores como Santiago Gamboa, Mario Mendoza, Enrique Serrano, Fernando Quiroz, Efraim Medina, Jorge Franco y Antonio García Angel son comunes en las librerías de todo el país. En cambio es difícil encontrar alguna novela escrita por una mujer: ellas parecen estar excluidas de este éxito.

En los otros países latinoamericanos la situación no se parece a la de Colombia. Y la prueba es que hay figuras tan relevantes para las letras como Isabel Allende, Angeles Mastretta, Nélida Piñón y Laura Esquivel. ¿Acaso las féminas colombianas son negadas para las letras?

Las razones de este olvido no están claras. Luz Mary Giraldo, una de las pocas críticas literarias que ha estudiado el tema, dice que la literatura femenina ha sido una actividad subterránea. Giraldo le dijo a SEMANA: "Hasta avanzado el presente siglo la participación de las mujeres en las letras no solamente ha sido discreta sino de poca aceptación". Otra de las razones que propone Giraldo es que las mujeres no están tan interesadas en publicar: "Ellas no quieren deslumbrar con historias espectaculares. Lo que busca la mayoría de las escritoras es una literatura más reflexiva, un estudio de su mundo íntimo y de las sensaciones". Además las mujeres se dedican muy pronto a la familia y se olvidan de oficios tan exigentes como el de la escritura.

Pero en los últimos tres años la situación ha cambiado y cada vez hay un mayor interés por la literatura escrita por mujeres. La prueba de esto es que en los últimos cuatro años se han publicado antologías que pretenden dar un panorama de la narrativa femenina. La primera es Ellas cuentan (Seix Barral, 1999), un recorrido histórico por la literatura femenina. Luego vino una selección de cuentos de nuevas escritoras colombianas llamada Rompiendo el silencio (Planeta, 2002) y este año Planeta está a punto de lanzar una antología de cuentos eróticos llamada Ardores y furores.

Estas antologías son la respuesta a la necesidad del público de conocer a las autoras colombianas. Los antologistas de Ardores y furores explican esto en el prólogo: "Sin que hubiera sido nuestro propósito, en la antología de relatos eróticos que publicamos el año pasado, titulada ¡Aaaaaaaah! no apareció ninguna mujer".



Las precursoras

Lo primero que llama la atención en estas antologías es que la literatura femenina no es un fenómeno nuevo en Colombia. Uno de los ejemplos más interesantes es Francisca Josefa del Castillo, quien escribía poesía religiosa durante la Colonia. Así mismo, durante los siglos XVII y XIX hay nombres como los de Josefa Acevedo López y Soledad Acosta de Samper, que han sido olvidados por la historia.

Pero sólo desde la mitad del siglo XX las escritoras empezaron a tener reconocimiento. Este fenómeno coincidió con la liberación femenina en los 60, cuando las mujeres se deshicieron de muchas ataduras culturales. En esta época hay una liberación intelectual y la mayoría de estas escritoras fueron a las universidades a estudiar literatura, filosofía y artes. Esta revolución se nota en su literatura: hay un interés por explorar el mundo y por trabajar temas que no eran permitidos antes.

Durante estas dos décadas las mujeres han asumido una actitud contestataria y la creación artística les ha dado la posibilidad de expresarse con total libertad. Una de ellas es Elisa Mújica. En varias de sus novelas esta autora trabajó la literatura urbana y se centró en describir a la Bogotá de los años 60.

En esa misma época Marta Traba publicó algunas obras importantes. Esta mujer, más conocida por su labor como crítica de arte, también escribió poesía, novela y cuento. De hecho, en 1966 ganó el prestigioso premio Casa de las Américas por su novela Las ceremonias del verano.

Ya en los años 80 Marvel Moreno era una de las grandes autoras colombianas. Esta barranquillera logró un cierto reconocimiento entre la crítica europea y sus novelas En noviembre llegaban las brisas y El tiempo de las amazonas fueron traducidas al francés y al italiano. Moreno tuvo una relación bastante estrecha con los escritores de la generación del boom latinoamericano. De hecho, sus obras más importantes fueron publicadas entre las décadas de los 70 y 80, al mismo tiempo que las de García Márquez.

A estas precursoras les sigue una generación de mujeres que quisieron romper con la literatura del realismo mágico. A este grupo pertenecen Fanny Buitrago, Laura Restrepo, Piedad Bonnett, Carmen Cecilia Suárez y Consuelo Triviño, entre otras. Estas narradoras se especializaron en temas como la nueva novela histórica, el erotismo y la violencia.



Las nuevas

Las herederas de estas escritoras nacieron entre los 50 y los 70. Ellas son las autoras que se reúnen en Rompiendo el silencio y Ardores y furores. Estas dos antologías quieren darles un espacio a nuevas escritoras que aún no han publicado. Por primera vez se ven publicados los nombres de Carolina Sanín, Juliana Borrero, Andrea Cheer, María Acosta, Mercedes Guhl, Andrea Echeverri (no confundir con la cantante de Aterciopelados) Adriana Jaramillo y Alejandra Jaramillo. También se encuentran autoras que ya han publicado sus primeros libros, como Alejandra Samper, Freda Mosquera y Lina María Pérez, quien ganó en 1999 el premio Rulfo de cuento.

Este es un grupo de mujeres que ejercen la escritura a nivel profesional y que tienen una nueva perspectiva sobre la literatura. Sus textos son complejos y hay una búsqueda de historias que tradicionalmente se han considerado como masculinas. En Rompiendo el silencio, por ejemplo, se ven temas como el sexo, el cine, la música rock y la experiencia de la ciudad. Pero aunque se traten temas similares aún es prematuro hablar de una generación o de un movimiento literario.

Sin embargo, a pesar de su talento, estas escritoras también han permanecido en la sombra. Los editores de Rompiendo el silencio descubrieron que algunas de las autoras colombianas eran reacias a publicar y preferían guardar el anonimato. Una explicación de este silencio es que para las escritoras es difícil abordar temas controvertidos ya que los lectores podrían rechazarlas. Alejandra Samper, por ejemplo, se ha centrado en la literatura erótica, lo que no es bien visto por algunos. Ella le dijo a SEMANA: "Para las mujeres es muy difícil escribir sobre el tema de la sexualidad porque los lectores creen que este no es un tema adecuado".

Cuando se publicó Rompiendo el silencio Efraim Medina, uno de los escritores más exitosos de la nueva generación, dijo: "Los editores, hombres y mujeres, tienen una idea muy masculina de la literatura. Pero también pienso que las mujeres tienen una inclinación a subestimarse, a decir que todo está mal, eso no les ha permitido expresarse en toda su dimensión".

Es claro, entonces, que cada vez hay más espacio y más público para las nuevas escritoras. Depende de ellas mismas demostrar que tienen el talento para no permanecer en el olvido.
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