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| 1/4/1999 12:00:00 AM

RONIN

Una aventura supersecreta entre personajes supersecretos con un desenlace superdefraudante.

En la más reciente cinta del director John Frankheimer todo es enigmático. Desde la misión, que consiste en recuperar un maletín cuyo contenido nunca se manifiesta, hasta los agentes que llevarán a cabo el plan, un grupo internacional de mercenarios sin oficio desde la caída del muro de Berlín, cuyas identidades nadie conoce salvo la atractiva contratante que los convoca con el anzuelo de una jugosa suma de dinero.
El título hace referencia a una antigua leyenda japonesa según la cual el samurai que pierde a su señor no tiene más remedio que convertirse en mercenario. Como en los viejos capítulos de la serie de televisión Misión: Imposible, el espectador asiste al desarrollo del plan desde la misma conformación del grupo que lo va a ejecutar mientras la cámara sigue, paso a paso, las dificultades de la maniobra, los posibles errores de campo y las consecuencias de la operación. Sólo que si en los primeros minutos el cinéfilo se atornilla a su silla con el ánimo de entender de qué se trata todo eso, con el transcurso del tiempo la desilusión se hace cada vez más evidente. En primera instancia porque en medio de la lucha por la recuperación del maletín aparecen escenas que desafían la realidad hasta límites que pocos están dispuestos a aguantar. Y en segundo lugar, porque la aventura desemboca en una serie de traiciones y dobles juegos que, por excesivos, anulan su efecto.
Lo más sorprendente, sin embargo, es la ingenuidad con la que Frankheimer resuelve la intriga si se tiene en cuenta que el voltaje inicial no se compadece con el final. A pesar de la participación de Robert de Niro y Jean Reno, un dúo que demuestra funcionar a la perfección, Ronin puede pasar perfectamente inadvertida, incluso dentro de su propio género.
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