Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2005/08/20 00:00

Rosario Tijeras

Un drama doloroso que, a pesar de un montaje más bien confuso, mantiene a salvo el mito creado por Jorge Franco Ramos. ***

Flora Martínez no ha sido inferior al reto de interpretar a Rosario Tijeras, una extraña heroína trágica creada por el escritor Jorge Franco.

Título original: Rosario Tijeras.
Año de producción: 2005.
Dirección: Emilio Maillé.
Actores: Flora Martínez, Unax Ugalde, Manolo Cardona, Alonso Arias, Rodrigo Oviedo, Alex Cox, Alejandra Borrero, Juan David Restrepo.

Sepodría decir que la sicaria Rosario Tijeras es un mito, una persona vuelta alegoría -la hija indefensa que maltratamos hasta convertir en monstruo- nacida de una suma de voces refundidas en el tiempo, una mujer que nos lleva adentro a todos y nos dice quiénes somos y quiénes hemos sido: convertirla en protagonista de película, elegir a una actriz para que la encarne y construir un drama alrededor de su figura es correr el riesgo de arruinar el misterio que nos arrastra hacia ella. La buena noticia es, pues, que aquel personaje memorable está a salvo, que ha sobrevivido el peligroso paso de las páginas a la pantalla. Es un alivio: en el cine, encarnado por una Flora Martínez que no ha sido inferior al reto, esa extraña heroína trágica sigue enamorándonos, confundiéndonos, diciéndonos algo sobre nuestra naturaleza, aun cuando nos desoriente la apariencia de la actriz que la interpreta, y el oscuro trabajo que lleva a cabo (el oficio de asesinar por dinero) se desdibuje en una narración que salta sin piedad en el tiempo.

Superada la primera lectura, que nos entrega el retrato de aquella asesina imborrable desde el punto de vista de un evangelista estremecido, la novela de Jorge Franco Ramos deja de ser un simple best seller sobre la Medellín de finales de los 80, una historia de amor contada con solvencia, para transformarse en un relato en espiral sobre el infierno, un tejido literario a la Pedro Páramo (obra a la que, sin perder espíritu, rinde homenaje desde el título) que permite más interpretaciones de las que uno creería en un primer momento. Quiero decir que, aunque ciertos lectores estén convencidos de que tiene mucho de guión cinematográfico, no era nada fácil transformar aquel buen libro en un buen largometraje. Y que el documentalista mexicano Emilio Maillé lo ha conseguido a pesar de un montaje que abusa de los fundidos y tiende a poetizar un mundo que querríamos ver desnudo en la pantalla.

Rosario Tijeras, la película, no pretende hacer por las comunas lo que Ciudad de Dios hizo por las favelas, no busca nada más que narrar un triángulo amoroso que a la larga nos dice mucho sobre cómo funcionan nuestras sociedades, pero logra recrear aquella nueva versión del infierno, gracias a un elenco entregado por completo, a una serie de secuencias cuidadosamente construidas (tal vez las de la sala de espera sean las mejores) y a esos detalles menores que se repiten en silencio: pensemos en las ilustraciones de la Divina Comedia de Dante, en las impresionantes tomas de esos laberínticos barrios marginales, y en el reloj de pared que marca una hora, las 3:30, que nos trae el recuerdo de los nueve sótanos circulares en donde se pagan eternamente los pecados. Quiero decir que hay que ver con mucha atención este trabajo. Quedarán algunas dudas sin resolver, algunas licencias sin perdonar. Pero el esfuerzo será recompensado.

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