Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1988/06/13 00:00

ROSSI INTERPRETA A GABO

Finalmente llega "Crónica de una muerte anunciada".

ROSSI INTERPRETA A GABO

La historia, escrita por Gabriel García Márquez y publicada en 1981, comenzaba con este párrafo: "El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5:30 de la manana para esperar el buque en que llegaba el obispo. Había sonado que atravesaba un bosque de higuerones donde caía una llovizna tierna, y por un instante fue feliz en el sueno, pero al despertar se sintió por completo salpicado de cagada de pájaros. "Siempre soñaba con árboles" me dijo Plácida Linero, su madre, evocando 27 años después los pormenores de aquel lunes ingrato. "La semana anterior había sonado que iba solo en un avión de papel de estaño que volaba sin tropezar entre los almendros" me dijo. Tenía una reputación bien ganada de intérprete certera de los suenos ajenos, siempre que se los contaran en ayunas, pero no había advertido ningún augurio aciago en esos dos suenos de su hijo, ni en los otros sueños con árboles que él le había contado en las mañanas que precedieron a su muerte".

La novela es la reconstrucción de la muerte violenta de un muchacho llamado Santiago Nasar a manos de los gemelos Vicario, hermanos de Angela. En el verano de ese mismo año de 1981, un director de cine italiano, Francesco Rossi, conoce el texto en castellano, lo lee desaforadamente y descubre que en esos personajes, en ese destino trágico, en ese pueblo devorado por el hastío y el calor, anidan algunos de los elementos salvajes que han convertido sus películas en auténticos clásicos del cine contemporáneo. Se entusiasma y toma una decisión de la cual casi se arrepentirá durante los cinco años siguientes: quiere filmar una historia de amor y una muerte predestinada, sucedida ante los ojos de centenares de testigos quienes no moverán un dedo, no quieren ni pueden hacerlo, para salvar a Santiago. Entonces trabaja durante largos meses con su guionista, Tonino Guerra, y lo que en el libro está contado por el amigo de Nasar, con base en sus diálogos con los sobrevivientes del drama, lo voltea al revés y lo pone a dar círculos alrededor de otro de los personajes, Cristo Bedoya. Este, convertido en médico, regresa al pueblo 30 años después del crimen porque lo han nombrado di rector del hospital, y la película, según el guión trabajado y volteado varias veces, comienza así:

Escena 1 Buque fluvial en el mar
(presente) exterior. Alba.
Un buque fluvial, cargado de mercancías, animales y gente que se traslada de un mercado a otro, abandona el mar y la ciudad que se alza sobre la costa con sus rascacielos, y se encauza en las turbias aguas de la desembocadura de un río.

Lo que García Márquez contó con aliento de reportero veterano, siguiendo el hilo de tiempo y espacio mientras va desenredando la madeja sangrienta, para Rossi y Guerra será un auténtico laberinto donde el pasado entra y sale del presente.

Para quienes quieran conocer detalladamente cómo fue el calvario padecido por Rossi para alcanzar a estrenar su película en Cannes, luego en Cartagena, después en numerosas capitales del mundo y ahora, un año después, en varias ciudades colombianas, basta que lean el libro escrito por Eligio Garcia con paciencia de relojero, en el que cuenta, a veces con asombro y otras con simplicidad, qué pasó durante ese período que va entre el 21 de mayo y el 12 de septiembre de 1986 en Cartagena, Mompox y Pasacaballos: "La tercera muerte de Santiago Nasar". Pocos personajes tan zarandeados por la publicidad como Nasar quien, en la vida real no se llamaba Nasar, sino Cayetano Gentile Cimento, tenía una novia llamada Nidia Naser Scarpatti, vivía en Sucre y era muy amigo de un muchacho que ya en esa época, por encima de todo, quería ser escritor. Cayetano muere en enero de 1951 bajo los cuchillos de matarifes de los hermanos José Joaquin y Víctor Manuel Chica Salas porque la hermana de éstos, Margarita, lo acusó de haberla deshonrado, varias horas después de haber sido devuelta a su familia por el recién estrenado esposo, Miguel Reyes Palencia.
Desde ese momento, García Márquez sintió que había una formidable historia detrás del drama de su amigo, pero la madre se lo impidió y durante 30 años durmió y soñó con esos personajes, habló con los sobrevivientes, contó el cuento a todos, hizo planes para filmar con algunos de sus amigos directores, habló con Alcoriza y Ruy Guerra, ordenó el tema, lo desbarató, recibió consejos de Alfonso Fuenmayor, Germán Vargas y Alvaro Cepeda y cuando el impedimento impuesto por la madre (que ninguno de los familiares del drama estuviera vivo), ya había sido superado, escribió de un tirón el relato.

Mirando "Crónica de una muerte anunciada", una película desigual, que contiene momentos delirantes (la llegada del buque, las cartas esparcidas en el patio de la casa), y otros de sesperantes (el paseo por entre los manglares, con esa descripción inoficiosa de la fauna y la flora colombiana...), el espectador no alcanza a detectar todos los tropiezos que sacudieron el rodaje: pocos meses después de iniciar la pre-producción se queda sin el apoyo financiero de la Gaumont italiana que quiebra, entran otros inversionistas encabezados por Francis Von Buren e Ives Gasser. De ahí en adelante las relaciones entre los productores, entre éstos y el escritor, entre la producción y los técnicos, entre el director y los actores, entre los inversionistas colombianos y los extranjeros, entre los actores extranjeros y los colombianos y así sucesivamente, no fueron agradables mientras la encargada de la producción ejecutiva en Colombia, Angela Montoya (la misma de " El niño y el Papa" de Rodrigo Castaño), hacía milagros sacando dinero de donde no lo había, volteando al revés una ciudad como Mompox, que estaba abandonada al lado del río, haciendo que sanearan las orillas del río, convirtiendo el único hotel en un sitio decente donde pudieran dormir actores y técnicos y facilitando las cosas en medio de un caos organizado, donde Rossi daba instrucciones en cinco Idiomas a los actores encabezados por Ornella Mutti (Angela Vicario), Rupert Everett (Bayardo San Román), Antony Delon (Santiago Nasar), Lucía Bosé (Plácida Lineros, la madre del muchacho asesinado), Irene Papas (Purísima del Carmen, la madre de Angela), los gemelos portugueses Rogelio y Carlos Miranda (Pedro y Pablo Vicario, los asesinos), y los colombianos Vicky Hernández, Lucy Martínez, Lina Botero, Matilde Suescún y otros.
Quienes pretenden encontrar una versión exacta del libro en la película, no deben sentirse decepcionados porque la versión de Rossi y Guerra es rica en detalles. Aprovecha muy bien el clima tropical, la fiereza de las situaciones y el salvajismo sensual de los personajes y desde el comienzo, el espectador comprende que ésta es la historia según Rossi, bajo su mirada como entiende el trópico y la muerte un europeo a quien no le importa, por ejemplo, que los acentos de los actores sean tan disímiles y que algunos colombianos hablen como no deberían hacerlo.

Pero, si el espectador ha seguido la carrera brillante de Rossi, conoce sus obsesiones y sabe descifrar sus fantasmas, entonces comprobará que estos personajes macondianos también podían ser sicilianos y en lugar de Mompox, el drama ha podido ser rodado en Palermo o las, playas sicilianas porque el honor, la sangre, el amor, el sexo, la venganza, la muerte contemplada como un espectáculo solitario, pueden presentarse y desarrollarse en cualquier rincón del mundo donde un artista como Francesco Rossi sepa plantar la cámara.

Como conclusión y en medio de tantos criterios encontrados en torno a la película, es claro que, si el espectador no sabe que es de Francesco Rossi ni que pertenece a una historia de García Márquez, los defectos pasan más desapercibidos. Otra cosa ocurre cuando se la compara con otras películas de este realizador, ahi comienza a perder. Mirándola sin pasión alguna, tiene el tono y la factura de una crónica romántica a lo Lelouch y esto, es ya una virtud llamativa. --

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