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| 12/16/1996 12:00:00 AM

ROSTROS DE MUJER

Los estrenos 'Andanzas' y 'Proyecto Emily' van tras las huellas de dos monstruos sagrados del universo femenino.

Siguiendo la saludable tendencia que presentan los últimos estrenos de teatro de preferir a los autores nacionales frente a los extranjeros a la hora de realizar sus montajes, están en cartelera dos obras escritas por dos colombianas. Se trata de Andanzas, ires y venires de Isadora Duncan y Proyecto Emily, de Constanza Duque y Patricia Ariza, respectivamente. Aunque cada una se inspira en personajes internacionales, como la gran bailarina estadounidense y la escritora Emily Dickinson, ambas ofrecen una visión muy personal y subjetiva de sus vidas, realizada desde aquí y con soluciones dramáticas propias.Mientras la vida de Isadora Duncan es vista desde afuera como un diario de viaje que recorre Grecia, Europa y Rusia, sitios donde la bailarina tuvo sus combates con el arte y sus hombres, la perspectiva de Emily es la de la interioridad atormentada de una mujer que se decidió por la creación.Esta diferencia de puntos de partida también distancia a estos montajes en efectividad dramática. Así, en Andanzas se deja ver la apariencia y se descuida la sicología del personaje, su fuerza, su lucha creativa, en una puesta en escena atiborrada de objetos.En Proyecto Emily, al contrario, al decidir la directora trabajar como escenografía una vaporosa caja negra cuadrada hecha de tules y de sombras, surge una vigorosa metáfora del alma y del destino que la poetisa Dickinson alguna vez describió como "una casa sin puertas y ventanas". Y es en esta esfera de las vísceras del cuerpo, de los rincones del alma representados por los recovecos de la cocina, la escalera, el desván, donde se dibuja con tacto y poesía la aventura espiritual de Emily. Dos actrices, Luz Marina Gil y Olga Lucía Montoya, hacen un desdoblamiento del personaje entre su parte íntima y aquella en la que permitía entrar a su vida los ecos del mundo exterior. La tensión en la obra se dará entonces entre estas dos facetas de la personalidad de la poetisa, quien mientras tanto se desangra, se revuelve, se santifica en esas palabras que tanto amó y que esculpió como pocas mujeres en el mundo.El texto, aunque realizado en el laboratorio del grupo de Trama Luna Teatro, está basado principalmente en los versos intensos, sofocantes y profundos de Emily. Por lo tanto, no se encontrará en esta obra un desarrollo lineal de un argumento en el sentido tradicional del planteamiento, nudo y desenlace. Al contrario, toma la forma de progresión de todo poema, que es el de las iluminaciones fraccionadas. En este sentido respeta la obra de Dickinson y le da un tono dramático que, sin duda, encantará a los amantes de la poetisa. La obra demuestra la consolidación de este grupo empeñado en descubrir el alma femenina desde hace algunos años. Al olvidarse de la biografía literal de su personaje, ofrece un montaje mucho más universal que el de la pequeña historia en la que finalmente queda enredada la pieza sobre la Duncan. De cualquier forma, las dos obras son una mirada independiente al talento de dos divas iguales de valiosas en su arte.
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