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| 12/23/1985 12:00:00 AM

SABOR FAMILIAR

Una historia de pareja en la última obra del Teatro Nacional.

"Yo no iba a seguir arrastrando mi virginidad por las fiestas a base de Coca Cola", es el motivo de la pelea entre una pareja (América Alonso y Fausto Verdial) que decide contarle al público su historia personal, en la que hay mucho de fantasía, de imaginación y de realismo también. La razón: buscar las causas de sus problemas actuales y para eso es necesario volver a la infancia y recordar los traumas que produjo la misma. El argumento inicial radica en que la mujer, que no era virgen, no le dice nada a su futuro esposo y éste se pone furioso, pues a "nosotros nos gustan las mujeres vírgenes para llevar al altar". En medio de la discusión sobresale la actitud machista del personaje, que, por más intentos que haga, no puede dejar de pensar que la mujer ideal es aquella que se desposa virgen. A la vez sobresale el problema de la falsa liberación de la muchacha. Esta habla del sexo con una naturalidad y un manejo del tema sorprendente: sabe de las costumbres sexuales en todos los países y pregona que el sexo no tiene misterio, considerando que la virginidad es un falso valor, pero a la hora de la verdad quiere casarse con velo, corona y vestido blanco. Este personaje, dentro de los 14 ó 15 que representa cada uno, es muy real en nuestro ambiente porque hay mucha liberación en palabras y poca en actitudes.
Otro aspecto de la obra es la importancia de la infancia: el personaje vive muy cohibido por la figura dominadora de la madre y por las constantes peleas de sus padres. Así explica él su trauma con el sexo y la demora en descubrirlo. En esta parte es notoria la calidad de actuación cuando Fausto interpreta el papel del niño vestido con tirantas. Lo representa con tal veracidad que a uno hasta se le olvidan los bigotes. Siempre se ha dicho que el buen actor sobresale por su versatilidad. Pues bien, es el caso tanto de América Alonso como de Fausto Verdial. No dejan de sorprender al público constantemente, de hacerlo reir a las carcajadas y de hacerlo reflexionar porque como dijo Fausto Verdial, cuando SEMANA lo entrevistó: "Yo me bajo en la próxima, ¿y usted?' es una historia muy importante, es el recorrido de una pareja joven que entra en crisis. El por qué de los orígenes de la crisis que tienen que ver con la vida familiar de cada uno, con la supuesta liberalidad de la muchacha, con el núcleo materno, con el ser humano a través de las etapas de la familia. La gente se divierte mucho, pero les queda ¡concha, yo he vivido esa situación! Es una pieza para todo el mundo: para solteros, para divorciados, para los que se van a casar. A todo el mundo le sirve. En Venezuela montamos este espectáculo durante un año y todas las noches se llenaba".
Para completar el ritmo de la relación, la pareja se separa. El argumento de ella es "quiero estar sola porque soy la persona más interesante que conozco". En este período surge otro tipo de complicaciones y cada uno vive sus aventuras por cuenta propia. Hay una escena muy divertida en la que ella se "levanta" a un hippie que la lleva a su comuna -en la cual vive solo, pues las comunas con gente no funcionan- y le da marihuana que la deja totalmente aturdida. En el momento decisivo se quema el edificio y pierde la oportunidad de hacer el amor con alguien más joven. Pero, claro, las cosas no suenan tan divertidas como cuando uno las ve en el escenario, con toda la actuación.
Finalmente, la pareja vuelve a juntarse y decide que la principal razón para separarse era que las medias de él olían feo y que ella dejaba kleenex por toda la casa irritándolo profundamente. Todo termina bien y uno sale con un sabor de haber visto algo familiar en ciertos aspectos.
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