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| 11/20/1989 12:00:00 AM

SACANDOSE EL CLAVO

En "El regreso del Tigre", el estreno del Teatro Nacional cada uno de los personajes busca su propia revancha.

Siempre supe que esto iba a pasar, pero nadie me dijo que me iba a doler tanto".
Esta frase la suelta Pepe Sánchez, en su papel de Rafa, en "El regreso del Tigre", la obra que estrenó la semana pasada el Teatro Nacional. La frase recoge más que ninguna otra el sentimiento de la pieza de teatro: un hombre emparejado con una mujer que ha sido abandonada cuando estaba embarazada y que, a pesar de llevar siete años de convivencia armónica con ella, siempre ha vivido bajo la sombra del que huyó. En el momento del reencuentro nadie sabe cómo actuar y no se puede apostar sobre lo que pasará.

Se trata de una situación muy particular, pero no extraña; es un problema cotidiano con unos personajes descomplicados y modernos que, desde el momento que comienza la obra hasta el final, hacen un excelente trabajo. El elenco se ve favorecido por una obra escrita con inteligencia, ironía, dramatismo, pero sobre todo con mucho humor. Su autor, el argentino Luis Agustoni, recoge con precisión el problema del abandono sin darle un tono cursi, a pesar del dolor que conlleva esta experiencia; logra imprimirle a las escenas el realismo necesario para que los espectadores se metan en el escenario sin que necesariamente tomen partido. Es más bien un ejercicio para que la inteligencia sopese los argumentos que esgrime cada uno de los cuatro personajes defendiendo su manera de enfrentar la situación del regreso. El Tigre no es un personaje despreciable, la hija no molesta con sus primeras reacciones violentas, la madre no da lástima y el nuevo esposo es comprensivo sin llegar a ser bobo.

Para lograr el objetivo el director no pudo haber encontrado mejores actores. Pepe Sánchez, en su papel de Rafa, esposo y "nuevo padre", se crece y realiza uno de sus mejores trabajos en su ya larga carrera de actor.
Es el hombre bueno por naturaleza, agudo, simpático, pero, sobre todo, racional. Se duele de hacer lo que aconseja la inteligencia aunque el corazón lo desautorice. Cada frase, cada diálogo, cada monólogo suyo es para grabar, para memorizar porque es un derroche de humor y de brillo.
Como su oficio es el de escribir, juega con la palabra, hace malabares con las frases y lo que podría convertirse en una caricatura de un seudointelectual, pasa a ser, por obra y gracia de este actor, una inteligente lección de manejo de las situaciones cotidianas.

María Eugenia Dávila es Luisa. En ella se conjuga la mujer abandonada y herida, pero tierna, inteligente y altiva. El reencuentro con el hombre que a los 20 años le pide que interrumpa el embarazo, no es cruel ni despiadado, sino dulce y nostálgico.
El momento del pesar y la tristeza quedaron atrás y, aun cuando el reclamo llega, esto es dramático sin caer en el melodrama. El Tigre no es tan fiero como lo pintan, sino la radiografía de un hombre que la embarró y que intenta sinceramente borrar 17 años de abandono. Y como suele suceder en estos casos, en la vida normal termina perdonado y redimido. Rosario Jaramillo, la más joven del grupo de actores, es la hija.
Una joven que odia intensamente pero que quiere de igual forma. Agrede y perdona. Su actuación es tan buena como la de sus maestros.

Este profesional elenco es dirigido por el joven director Manuel José Alvarez, que ya había probado ser uno de los mejores. Su trabajo en "Hay que deshacer la casa" y en "La mujer del domingo" le dieron lugar de honor en la dirección colombiana y en esta ocasión demuestra que quiere quedarse ocupando el sitio de los escogidos, difícil de mantener en el teatro.

"El regreso del Tigre" es el regreso a las tablas de cuatro actores de televisión, pero es también la llegada de una nueva forma de hacer escenografía, Lorenzo Jaramillo, el escenógrafo, no quiso calcar espacios convencionales; se propuso escoger unos elementos que le dieran ambientación a la obra pero que no llamaran demasiado la atención del espectador y consiguió que las cosas, que los objetos se integraran a la obra y facilitaran a los actores comunicar el mensaje. El espectáculo se redondea con un buen manejo de luces por parte de Hernando Jaramillo y Eduardo Hernández y con música dirigida por César Escola, el pianista y arreglista de "Sugar" .

Esta obra no pasará inadvertida porque el púlico bogotano amante del buen teatro aplaudirá a rabiar a unos actores, a un director y al conjunto en general, que no sólo le harán pasar un buen rato sino que le darán la posibilidad de conocer ese teatro inteligente, agudo y picante del cual los chilenos y los argentinos son maestros desde hace rato, y que ahora está siendo manejado por los colombianos con buenos resultados.-
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