Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1997/08/25 00:00

SALIDA EN FALSO

La actitud de Valeriano Lanchas con la Sinfónica de Colombia hace pensar que el premio Pavarotti se le subió a la cabeza.

SALIDA EN FALSO

la primera aparición de Valeriano Lanchas ocurrió en el Camarín del Carmen en 1993. Con 16 años cantó un aria de La flauta mágica de Mozart. Entonces nadie dudó de su talento. Sin embargo Francisco Rettig y Dimitar Manolov, directores de la Sinfónica de Colombia y Filarmónica de Bogotá, observaron cautela para no madurarlo prematuramente. Lanchas debutó al año siguiente como Fiorello del Barbieri di Siviglia. Su actuación fue vista como la ratificación de su carisma, aunque más de uno dejó claro que era necesario que iniciara altos estudios de canto. El 3 de febrero del año siguiente, en el Teatro Nacional, Valeriano se presentó al Concurso Pavarotti. El tenor, que la noche anterior había hecho el memorable concierto de el Campín, lo incluyó en el grupo finalista para competir en Filadelfia a fines de ese año. En la temporada 95 cantó el Haly de L'Italiana in Algeri, un rol más comprometido y exigente, que puso en evidencia ciertas carencias en su formación profesional. Sin embargo, casi paralelamente, en Filadelfia fue uno de los galardonados del Premio Pavarotti: en seguida vino el despliegue de prensa lo colocó en una especie de pináculo de la fama. Aparentemente Lanchas se lo creyó, cuando en realidad su formación seguía siendo la asignatura pendiente en su carrera. El asunto acaba de pasar a mayores con el comunicado que expidió la Orquesta Sinfónica de Colombia a raíz de los acontecimientos de hace unas semanas, cuando el bajo de 20 años, media hora antes de iniciar el concierto, canceló su actuación en el oratorio La creación de Haydn en el teatro Colón. De acuerdo con declaraciones de Alejandro Posada, director asociado de la orquesta,"Lanchas se presentó insuficientemente preparado a los ensayos de Medellín, donde se hizo la primera presentación del oratorio, no apareció al ensayo general y argumentó haber dormido mal la noche anterior. En Bogotá _agrega Posada_ resultaba inminente subsanar su falta de preparación: los ensayos se iniciaron y la mañana del viernes, día de la función, los problemas seguían sin resolverse. Para salvar su falta de preparación resolví terminar el ensayo con la orquesta un poco antes de lo previsto y dedicar la parte final a trabajar a los solistas. Valeriano se negó a seguir ensayando y se retiró del teatro, no sin antes amenazar, delante de sus colegas, que cancelaría su actuación. Diez minutos antes de la función apareció fumando en el escenario y dijo que no cantaría por no estar acostumbrado a ese tipo de situaciones dada su trayectoria y observando que un teatro como el Colón no significaba nada en su carrera.". Por su parte el talentoso cantante se defiende: "En Medellín Posada organizó los ensayos muy encima de la presentación, llamé y expliqué porqué cancelaba. En Bogotá fui al ensayo del viernes, pero no canté a plena voz. Posada se molestó, pero es que el clave estaba desafinado medio tono. Al segundo ensayo me negué y dije que ya era suficiente. Esa noche, una hora antes, decidí cancelar. Posada me trató mal. Ahora voy a Filadelfia para cantar Grenvil de Traviata y Neptuno de Idomeneo, son dos papeles muy breves, con 20 años no aspiro a roles fuera de mis facultades. Dentro de un mes empiezo a estudiar en el Instituto Curtis de Filadelfia". Para los miembros de la orquesta, poco acostumbrados a actuaciones tan bochornosas, el asunto pasó la raya de lo permisible y se atrevieron a decir lo que empezaba a ser ya vox populi en el medio musical: "La Sinfónica de Colombia rechaza de manera enérgica el comportamiento del joven cantante colombiano Valeriano Lanchas y no está dispuesta a tolerar irreverencias y caprichos personales, para agregar más adelante: Ante la molesta actuación presentada lamenta que las condiciones artísticas de un joven talento nacional se contradigan al amparo de triunfos prematuros.". Exactamente lo que temían esa tarde de 1993 los directores Rettig y Manolov. Lo único cierto de este asunto es que Lanchas, con la salida de tono de su actuación, ha puesto en evidencia un asunto que a lo largo de los últimos tiempos se viene debatiendo ampliamente en el mundo: que los concursos, salvo en el caso del ballet, son uno de los medios más peligrosos para malograr talentos musicales.

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