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| 9/22/2012 12:00:00 AM

Salman Rushdie: ¿cuánto cuesta la cabeza de este hombre?

El escritor acaba de publicar sus memorias en las que relata los detalles de su vida después de ser amenazado de muerte por el Islam. El libro llega en un momento en el que vuelve a estar en la mira de los extremistas.

En una reciente entrevista con el diario The Guardian, Salman Rushdie comentó los actos terroristas que se desataron en el mundo árabe después de la difusión de la película La inocencia de los musulmanes. "La película es un pedazo de basura. Pero la respuesta civilizada hubiera sido decir: 'Que el director se vaya al diablo, sigamos con nuestras vidas'. Lo que no es civilizado es culpar a Estados Unidos por todo lo que ocurre (…) y creer que está bien atacar gente porque uno está molesto. Los musulmanes tienen que dejar de lado ese tipo de reacciones violentas", dijo. Rushdie, claro, sabe muy bien de qué está hablando.

En su libro más reciente, llamado Joseph Anton —el nombre que utilizó durante sus años de incógnito—, Rushdie relata con detalle el infierno que debió vivir después de publicar su novela Los versos satánicos. El novelista cuenta que la primera vez que oyó hablar de los famosos versos fue en 1966 cuando era estudiante de historia en Cambridge. En ese momento empezó a estudiar el origen de los versículos pero solo en 1988 decidió publicar su historia. Una vez el libro salió al mercado se inició una monumental controversia: varios ejemplares fueron quemados en público por extremistas musulmanes. El autor siempre supuso que causaría una respuesta violenta, pero nunca se imaginó que el 14 de febrero de 1989, el ayatolá Ruholla Jomeini —el entonces líder supremo y fundador de la República Islámica de Irán— proclamaría un decreto religioso, o fatua, para instar a la población musulmana a ejecutar a cualquier persona relacionada con Los versos satánicos y su autor. Ese día Rushdie se encontraba en Londres en el entierro del escritor Bruce Chatwin. Cuando los asistentes al sepelio se enteraron de la noticia quedaron estupefactos. Paul Theroux, otro novelista, le dijo en broma: "Me imagino que la semana entrante estaremos aquí mismo en tu funeral".

A partir de ese momento la vida del escritor de origen indio se convirtió en una pesadilla. El primer fin de semana estuvo encerrado en una habitación del hotel Lygon Arms, custodiado por agentes del servicio secreto británico que, a partir de entonces, se convirtieron en su única compañía. Rushdie no podía ver a su hijo Zafar ni a su primera esposa Clarissa Luard: apenas le permitían hablar con ellos unos minutos por teléfono. Tampoco podía verse con su segunda esposa Marianne Wiggins, quien no aguantó la presión y decidió terminar el matrimonio al poco tiempo. El escritor vivió en cientos de casa diferentes y tuvo que cambiar de nombre. Así nació Joseph Anton, una mezcla de Joseph Conrad y Anton Chéjov.

Pero lo peor estaba por venir. En 1989 fueron atacadas las librerías Collets, Dillon, York Penguin Bookshop y Liberty Bookshop. En agosto de ese mismo año, un hombre llamado Mustafa Mahmoud Mazeh voló dos pisos de un hotel en Londres, con una bomba que tenía como objetivo matar a Rushdie. En julio de 1991, fue apuñalado Ettore Capriolo, el traductor italiano de Los versos satánicos. Ocho días después, Hitoshi Igarashi, el traductor japonés, también fue atacado. Dos años más tarde unos fanáticos intentaron asesinar a Aziz Nesin, el traductor turco. Ese mismo año hubo un atentado en contra de William Nygaard, editor del libro en Noruega. En 1995, el escritor egipcio Naguib Mahfouz, quien defendió Los versos satánicos, también fue apuñalado.

Sin embargo, Rushdie logró salir ileso. Poco a poco las cosas se fueron calmando y en 1998 el presidente de Irán, Mohammad Khatami dijo que la amenaza contra el escritor era un "caso cerrado". En 2001 Rushdie empezó a salir de la clandestinidad. Se mudó a Nueva York con su tercera esposa, Elizabeth West. También empezó a viajar a Europa y a participar en eventos públicos. "Estar en la ciudad le permite respirar libremente", dijo su amiga Deepa Mehta. Incluso el escritor empezó a convertirse en una celebridad y un invitado obligado a los eventos más glamurosos. También empezó a utilizar las redes sociales, donde es muy activo.

Pero las cosas volvieron a cambiar dramáticamente la semana pasada cuando el ayatolá Hassan Sanei, de la poderosa organización 15 de Jordad, volvió a activar las amenazas contra el escritor. El líder religioso ofreció más de 3 millones de dólares por su cabeza. No se sabe cómo cambiará de nuevo la vida de Rushdie, pero seguramente sus días de tranquilidad volvieron a terminar.
 
Una historia de odio

Los versos satánicos y la película La inocencia de los musulmanes no son los únicos ejemplos de obras que han ofendido profundamente a los seguidores de Mahoma. La comunidad radical también reaccionó con furia y violencia en 2005, cuando el periódico danés Jyllands-Posten publicó doce caricaturas satíricas sobre el profeta, una de las cuales lo mostraba con una bomba en el turbante. El cineasta Theo Van Gogh fue asesinado en 2004 por su película Submission, que mostraba mujeres maltratadas y con versos del Corán inscritos en la piel. El islamista que asesinó a Van Gogh le disparó varias veces, lo apuñaló y luego lo degolló. Disturbios parecidos a los de Libia, Yemen, Irak, Irán, Gaza y Túnez ocurrieron en 2010 en Afganistán, cuando un pastor estadounidense quemó ejemplares del Corán para conmemorar el aniversario del 11 de septiembre. Pero la controversia más reciente vino de las caricaturas publicadas en la revista francesa Charlie Hebdo, en las que Mahoma aparece desnudo, posando para una cámara y diciendo “Y mis nalgas, ¿te gustan mis nalgas?”. La caricatura hace referencia a la famosa película francesa El Desprecio, con Brigitte Bardot.
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