Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1999/08/23 00:00

SARAMAGO EL ENSAYISTA

El más reciente libro del premio Nobel de Literatura, José Saramago.

SARAMAGO EL ENSAYISTA

odavía no se ha estudiado a fondo la revolución literaria que ha significado la manera de
contar del escritor portugués, José Saramago. El narrador no puede entrometerse opinando sobre el
mundo narrado más allá de su modesto papel de testigo, era la premisa de la literatura moderna inventada por
Gustave Flaubert en su famosa novela Madame Bovary. Pero Saramago, demostrando que en el arte no hay
preceptos que valgan, volvió de nuevo al pasado con aquel narrador entrometido que opina sobre sus
personajes (aunque sin implicarse en la acción), y aún más, se atreve a expresar sus propias opiniones sin
que por esto, ellos se resientan o pierdan credibilidad. Blimunda, Baltasar, María Sara, Raimundo Silva,
Jesús, María Magdalena y Ricardo Reis están tan vivos como cualquiera de los grandes personajes de la
literatura moderna. Saramago opina en sus novelas. Por esa razón el lector puede encontrar en ellas a la
persona que es, su talante individual que no se oculta en la máscara de un narrador: "Cuando digo que
quizá no sea un novelista, o que quizá lo que hago son ensayos, hablamos de esto precisamente, porque la
sustancia, la materia del ensayista es él mismo. Si tú vas a ver los ensayos de Montaigne, que fue cuando
empezaron a llamarse así, sabes que es él, siempre él, desde el prólogo, en la misma introducción. En
sustancia, yo soy la materia de lo que escribo". Sus lectores, sus amigos, por lo tanto ya lo conocían, ya
estaban familiarizados con su manera de mirar el mundo. Los que no habían tenido esa oportunidad pueden
hacerlo ahora en Equipaje del viajero, un libro de pequeños ensayos que Saramago modestamente llama
'crónicas'. 'Crónicas' que nacieron de la urgencia del periodismo: escribir sobre el día a día con el tiempo y el
espacio fatalmente determinados. Pero Saramago, como el buen escritor que es, se escapa de esos límites
fatales y logra elevarlas a la categoría de ensayos. Una escritura desde luego menos barroca, por la intención
inmediata de comunicarse que el medio impone; más cercana a la prosa depurada de Todos los nombres, su
más reciente novela, que se puede encontrar en Memorial del convento, la obra que le dio su fama literaria.
Así pues, instalado de contrabando en el ensayo, 'el centauro de los géneros', el más libre, Saramago
hablará de sus abuelos, de libros, de historias posibles, de los portugueses, de las gentes anónimas que
siempre han estado en su atención; en fin, de la vida, de la vida breve en la cual "cabe mucho más de lo que
somos capaces de vivir". Para nada un libro menor, de esos que también escriben los premios Nobel y que
las editoriales quieren vender, a veces, como una obra muy importante para 'entender' al gran escritor. Un
libro para tener al lado de la cama, para leerlo en desorden, sin afanes. No todas las palabras nacidas de la
inmediatez son deleznables; no siempre el periodismo es escritura para el olvido: "No sabía el hombre que
antes de la batalla por la conquista de la ciudad tendría que trabar otra batalla y vencer en ella. Y que en esta
primera lucha tendría que luchar consigo mismo. Nadie sabe nada de sí antes de la acción en la que tendrá
que empeñarse todo él. No conocemos la fuerza del mar hasta que el mar no se mueve. No conocemos el
amor antes del amor". n Novedades Alexander Pushkin El habitante del otoño Casa Silva, 1999 154 paginas.
$24.000 Ruben Flórez Arcila, quien estudió lengua y literatura rusas en la Universidad de Moscú, entrega una
selección y traducción de poemas de Pushkin llena de aciertos. Allí se descubre su espíritu rebelde,
exquisito, capaz de ver en el destierro del Cáucaso un destino superior para el hombre perseguido por el
poder, cifrando en la imagen de Napoleón la del constructor de un mundo donde la voluntad y el ansia de
libertad se imponen a la costumbre ancestral. También se puede encontrar al esteta, el enamorado
tumultuoso, el admirado contemplador de la naturaleza y el pueblo rusos, que supo entender de manera
profunda y viva. Su espíritu, nostálgico y ávido de vida al mismo tiempo, puede ser descubierto en este libro:
"Me conmueven más las últimas flores y no las que verdes brotan con la primavera. Una evocación
melancólica ellas inspiran con misteriosa fuerza. Así sucede que un instante de despedida vivo
permanece y no la querida cita". Alberto Manguel Una historia de la lectura Norma, 1999 477 paginas. $
34.800 Si el papel de los lectores es hacer visible "aquello que la escritura sugiere mediante indicios y
sombras", como sostiene Ibn al- Haytham, precursor de la neurolingüística, y del cual se conoce su
existencia gracias a Manguel, sin lugar a dudas este libro muestra indicios de la historia de esa relación que
ha desarrollado el hombre con los libros. A lo largo de sus páginas hay referencias y digresiones alrededor de
ese acto errático y lleno de significado que es la lectura, la cual brinda al hombre la posibilidad de
hacerse un mundo propio. El hombre toma papiros, pergaminos y de ellos hace surgir alminares,
infiernos, o ríos caudalosos; también odio, esperanza, conocimiento. De innumerables citas sobre la
lectura, una de Virginia Woolf: "He soñado muchas veces que en el amanecer del Juicio Final... el Altísimo
se dirigirá a Pedro y le dirá, no sin cierta envidia, cuando nos vea llegar con los libros bajo el brazo: 'Mira,
estos no necesitan recompensa. No tenemos nada que darles. Ellos han amado la lectura". Lo mejor del libro
es que se puede leer en desorden, sin afanes

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