EXPOSICIÓN

Satán invita: el carnaval de Riosucio 2013

La exposición 'Satán Invita' de los fotógrafos Jairo Ruiz Sanabria y Santiago Ruiz Idárraga en la Universidad de Antioquia homenajea al Carnaval de Riosucio.

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15 de septiembre de 2013 a las 7:00 p. m.
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. Foto: Santiago Ruiz Idarraga


Por Ricardo Aricapa

En 1915 el Diablo del Carnaval de Riosucio cumplirá cien años de existencia como emblema oficial de la fiesta, que ya existía muchos años antes de que el Diablo la abrazara porque el carnaval es más viejo que el Diablo. Nació, según la leyenda porque de eso no quedó nada escrito, como una fiesta de reconciliación de comunidades que no se querían pero tenían que compartir el mismo vecindario. De ahí la vieja simpatía que los riosuceños le profesamos a nuestro amistoso, socarrón, alcahueta y dicharachero diablo. 

Puede decirse que es una fiesta diabólica que ha logrado perdurar en sana convivencia con la devoción cristiana, porque el Diablo del Carnaval de Riosucio no vino a este mundo a quitarle un feligrés a la Iglesia ni un ánima al purgatorio, como podría pensarse, sino a pacificar los ánimos y a encender el fuego de la alegría desbordada. De ahí que quienes cargan el Santo Sepulcro en Semana Santa sean los mismos que el sábado de carnaval cargan la efigie del Diablo en el multitudinario desfile de recibimiento. Su Majestad el Diablo reverencialmente llaman esta efigie, y es una escultura de cinco metros de alta que la gente replica en cientos de disfraces, todos distintos porque de eso se trata, de que ninguno se parezca y se mueva igual al otro.

Tal vez sea ese fuego luciferino y democrático el que le da al Carnaval de Riosucio esa energía magnética que exhala; el que inspira ese canto largo y ese baile colectivo que se prolonga durante una semana, de día y de noche, sin tregua, y se convierte en un coro de multitudes ebrias y felices; un carnaval profundamente popular en el que no hay rampas: todos son actores y todos son espectadores; una fiesta cargada de simbologías y rituales que siguen intactos después de cien años. 

Qué más se puede esperar de un carnaval cuyo himno, coreado por todas partes y a todas horas, arranca su primera estrofa diciendo: ¡Salve, salve, placer de la vida!