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| 2/14/2005 12:00:00 AM

Se abren paso

María Teresa Hincapié, Óscar Muñoz y Juan Manuel Echavarría representarán a Colombia este año en la Bienal de Venecia, una de las mecas mundiales del arte de vanguardia. José Alejandro Restrepo también fue invitado pero su participación aún no es segura.

Por estos días en Zurich se lleva a cabo la segunda parte de la exposiciónCantos/Cuentos Colombianos que ha reunido, desde su apertura en octubre pasado, la obra de 10 artistas nacionales de la colección Daros-Latinoamérica. Esta muestra ha sido una gran vitrina en el exterior está dando sus primeros frutos tras recibir la visita de varios curadores internacionales. Óscar Muñoz, José Alejandro Restrepo y Juan Manuel Echavarría, tres de los artistas que participan en la exposición, fueron invitados a exhibir en la próxima Bienal de Venecia, Italia, que comienza el próximo 12 de junio. Irma Arestizábal, directora del Instituto Italo-latinoamericano (Iila), quien en las últimas ediciones de la bienal ha dispuesto de un espacio para difundir el arte latinoamericano, les propuso participar con algunos de sus trabajos más representativos. A este interés se suma, por otro lado, la invitación oficial que hizo la propia directora del evento, la curadora Rosa Martínez, a la artista María Teresa Hincapié para que represente a Colombia en medio de una selección de casi 300 artistas de todo el mundo.

La Bienal de Venecia, que este año llega a su versión 51, es considerada uno de los termómetros más importantes del arte. Cada dos años convoca la obra de cientos de artistas de todo el mundo durante más de cuatro meses. En su edición anterior, por ejemplo, estuvieron presentes 380 creadores en lo que se propuso ser "una exposición de exposiciones" que, también, debido a su imponente montaje, dejó ver un nivel desigual en los convocados.

En esa ocasión sólo estuvo presente María Fernanda Cardoso, precisamente en la selección que hizo el Iila, con una escultura que aludía a un paisaje marino concebido con estrellas de mar. Arestizábal esta vez tiene en sus planes a los tres creadores ya mencionados, una muestra significativa de su interés en aumentar la cuota colombiana. También, aunque presentada como una "artista colombo-británica", se exhibió una instalación sonora de Carolina Caycedo que recogía los testimonios de habitantes de Soacha, Ciudad Bolívar y otros sectores de Bogotá, una obra de un valioso carácter documental, periodístico pero con poco sentido artístico, muy lejos de captar la atención del espectador. ¿Era la bienal el espacio adecuado para esa 'obra'?

En esta oportunidad, lejos de nacionalismos, el ojo de Martínez y de Arestizábal, hablando del caso colombiano, es muy acertado específicamente con las obras que se proponen tener en Italia. María Teresa Hincapié, en compañía de su hijo, el músico Santiago Zuluaga, hará el performance El espacio se mueve despacio, mención de honor en el más reciente Salón Nacional de Artistas. Hincapié se desplaza lentamente en un mismo espacio (no necesariamente siguiendo la música) con el propósito de desacelerar el ritmo de la vida actual. Como se lo ha propuesto desde finales de los años 80, tras asimilar los parámetros del teatro japonés, en sus acciones predomina la lentitud, la repetición de movimientos, de gestos que se hacen a diario y casi nadie repara. La artista busca hacer consciente lo inconsciente. Aún está sin definir si, al igual que en el salón, puede apoyarse en imágenes de la película Baraka, dirigida por Ron Fricke, en donde aparecen paisajes, ríos contaminados, favelas, diferentes facetas del mundo que le sirven de trasfondo a lo que plantea con su propio cuerpo. La lentitud de sus movimientos será durante varias horas un interesante contraste con la agitación que se vive en la bienal, con el afán de los espectadores de ver absolutamente toda la exposición.

A Óscar Muñoz se le planteó inicialmente la posibilidad de exponer su obra Ambulatorio, una serie de fotografías de áreas de Cali dispuestas en el piso en un espacio de aproximadamente 48 metros cuadrados, protegidas por un vidrio de seguridad. Su traslado hasta Italia no es nada fácil y de allí surgieron dos nuevas posibilidades: El Puente o Re/trato. La primera consiste en proyecciones de fotografías callejeras tomadas en los años 60 y 70 en la capital vallecaucana sobre las aguas del río Cali, desde el Puente Ortiz. Estas fotografías serían proyectadas nuevamente, pero esta vez sobre las aguas de Venecia. La segunda opción para Muñoz es el video ganador del primer premio del Salón Nacional de Artistas y que ahora hace parte de la colección Daros. Una mano dibuja con agua, sobre una losa caliente, el rostro de un hombre que se evapora constantemente debido a los rayos de sol que caen sobre la superficie. Una metáfora de la obra eterna, que nunca termina, pues la mano de la artista insiste en vano en fijar el retrato sobre ella.

Juan Manuel Echavarría estará con su obra Bocas de ceniza. Se trata de varios videos que recogen cantos de hombres y niños que han sido testigos de masacres y actos de violencia en Colombia. Allí se ven en primer plano los rostros de quienes cantan el dolor que han vivido. José Alejandro Restrepo aún no sabe si pueda estar en la bienal pues la idea de exhibir su obra Musa paradisíaca, una videoinstalación que consiste en varios racimos de plátanos colgados en el techo, con monitores y suspendidos en el aire dispuestos en los extremos implica costos muy altos y un transporte complejo.

Lo positivo es el interés que siguen despertando en el exterior las propuestas de artistas colombianos. Los curadores cada vez se aproximan más a un trabajo muy dinámico que se ha manifestado a través de muchos medios. En el caso de estas obras, en específico, muestran una pluralidad de propuestas que tocan diversos temas. Y aunque la bienal no necesariamente es sinónimo de calidad, en esta selección Colombia sí estará muy bien representada.
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