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| 5/28/2001 12:00:00 AM

Se buscan lectores

Mientras Bogotá celebra la Feria Internacional del Libro, el estudio más grande que se haya hecho en Colombia sobre hábitos y consumos de lectura entrega unos resultados poco alentadores.

El promedio de lectura en el país es apenas de 2,4 libros al año por cada colombiano. Y en el caso de quienes dicen ser lectores habituales el número es de 5,6 libros. Estos son algunos de los resultados preliminares que arroja el estudio más grande que se ha hecho hasta el momento sobre lectura en Colombia, por iniciativa de la Cámara Colombiana del Libro en convenio con el Dane, el Centro Regional del Libro para América Latina y el Caribe (Cerlac), el Ministerio de Educación y Fundalectura. "Desde hace mucho tiempo teníamos la inquietud de llevar a cabo un estudio de este tamaño y desde junio del año pasado tomó fuerza. El sondeo se desarrolló de forma paralela a la encuesta de hogares colombianos que hace el Dane y tiene como fin determinar el hábito y consumo de los lectores. Lo que hoy se presenta son los cuadros preliminares de la investigación. Formalmente no hay conclusiones, no se ha hecho el análisis respectivo y esperamos tener el documento final en un mes aproximadamente", comenta Richard Uribe, director ejecutivo de la Cámara Colombiana del Libro. Sin embargo saltan a la vista varias cifras que llaman la atención tras el sondeo a más de 13 millones de personas mayores de 12 años que fueron encuestadas en Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Pasto, Bucaramanga, Manizales, Pereira, Ibagué, Cúcuta y Montería, incluidas sus áreas metropolitanas. Se destaca, por ejemplo, que contrariamente a lo que se piensa el precio de los libros no es un factor determinante para que la gente deje de leer. El 40,1 por ciento de los consultados piensan que la falta de hábitos de lectura es el principal elemento, mientras que el 22,6 por ciento se lo atribuye a la falta de tiempo, y apenas el 16,7 por ciento se justifica por cuestiones económicas. Una cifra que corrobora la anterior es que el 48,1 por ciento de las personas que leyeron en el último año lo hicieron luego de comprar títulos nuevos. El 23,5 por ciento recurrió a libros usados, el 2,6 a fotocopias, el 6,9 por ciento a préstamos bibliotecarios y el 18,5 por ciento a préstamos de particulares. Por otra parte la falta de hábito de lectura contrasta con el 45 por ciento de los entrevistados que aseguran leer por entretenimiento. Este hecho es motivante pues más que una tarea escolar o una obligación, la lectura aparece como un hobby. Sólo el 10 por ciento lo hace por trabajo y el 37 por ciento por estudio. Además, el 39 por ciento siente que los profesores de colegio han sido sus principales impulsores de hábito de lectura. La familia apenas copa el 20 por ciento, mientras que el 34 por ciento dice leer por iniciativa propia. El 26 por ciento de los entrevistados no han leído ni siquiera un libro en los últimos tres meses, mientras que otro 32 por ciento aseguran no ser lector habitual. También queda en evidencia que leen más las personas que están dedicadas a otras actividades diferentes a estudiar (64 por ciento) que los mismos alumnos de colegios y universidades (36 por ciento). Un hecho curioso es que de los estudiantes que se consideran lectores habituales el 54 por ciento están en los establecimientos oficiales, pero a la hora de analizar el promedio de lectura los alumnos de colegios y universidades privadas leen 6,6 libros al año, uno más que en los públicos. Lo que no sorprende es la cantidad de libros leídos según el nivel educativo. En este índice se da la lógica y las personas que más leen, 9,1 libros al año, son quienes tienen educación superior a cinco años. Las personas entre 25 y 55 años son las que más leen con un porcentaje del 54 por ciento, una cifra alta si se tiene en cuenta que los jóvenes entre 12 y 17 años, que se supone están en colegio, apenas suman el 14 por ciento. Algo similar ocurre con los lectores entre 18 y 24 años, universitarios en su gran mayoría, que constituyen el 18 por ciento. La inequitativa distribución del mercado editorial en el país es otra buena razón para explicar el porqué en ciudades diferentes a la capital llegan tan pocas referencias de las novedades literarias. El 49,6 por ciento de los libros se venden en Bogotá, el 10 por ciento en Medellín, el 8,1 por ciento en Barranquilla, el 7,7 por ciento en Cali y en las demás ciudades el porcentaje no sobrepasa el 4 por ciento. Sin duda el estudio permitirá obtener gran cantidad de valiosas conclusiones para trazar políticas educativas y reenfocar las metas de la industria editorial. La Cámara Colombiana del Libro escogió el marco de la Feria que se lleva a cabo en Bogotá para presentar los resultados preliminares. La verdad es que esta exhaustiva investigación permite reflexionar sobre la posición de los colombianos en torno a lectura y revisar algunos supuestos y paradigmas que se dan por ciertos sin que las cifras jamás lo hayan demostrado.
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