Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1984/08/06 00:00

SE SALIO DE LA PANTALLA

La polémica en torno a la serie de TV., "El Bogotazo", pasó del terreno familiar al de las interpretaciones políticas.

SE SALIO DE LA PANTALLA

Los primeros comentarios sobre "El Bogotazo" apenas alcanzaron el nivel de chismografía que podría surgir en un té canasta de señoras: "que ella era más paisa y menos fría","que él parecía un mecánico de varilla en la mano", "que hablaba como si estuviera haciendo gárgaras", "que mi abuelito, mi tío y mi papá no eran así".
Pasado el primer capítulo la polémica subió un peldaño. Se olvidaron los elementos externos para entrar en el terreno de las interpretaciones políticas. Surgieron dudas sobre las actuaciones del doctor Ospina, de los jefes liberales y de la autoridad militar. Parecía, pues, superado el nivel de los afectos familiares pero en el fondo no fue así: tras el disfraz de una terminología más ortodoxa seguían agazapados los sentimientos personales. Lo único que se había logrado era abrir el círculo. Ya no sólo peleaban hijos, nietos y bisnietos sino copartidarios y simpatizantes de los personajes en cuestión, con un agravante: del terreno de los feos y los bonitos se pasó al de los buenos y los malos. Se dijo que tras la serie había profundos intereses conservadores. Hasta se habló de un intencional parecido entre Belisario Betancur y el Presidente Ospina Pérez, presentado, a juicio de muchos, como el verdadero héroe nacional del nueve de abril.

EL VERDADERO PROTAGONISTA DE LA SERIE
Y es indudable que el doctor Ospina terminó siendo el protagonista de la serie. Aunque las expectativas se habían creado en otro sentido y la teleaudiencia esperaba conocer en detalle la vida de Jorge Eliécer Gaitán, el caudillo desapareció en el primer capítulo dejando vía libre para que el rol protagónico se instalara en Palacio. A partir de ese momento el doctor Ospina y doña Bertha se constituyeron en las figuras más atractivas del drama, no sólo por el importante papel que desempeñaron sino por la misma actitud que tomaron ante los hechos. Esto, que algunos han calificado como sutil apología de la familia Ospina, es lo que ha producido resquemores. Hay quienes dicen todavía que el libreto parecía escrito por el propio Ospina Pérez para mostrarse como un Presidente ecuánime, diplomático, astuto y valiente, que supo conservarse en su sitio a pesar de la presión de los jefes liberales y del mando militar, ambos grupos interesados en suplantarlo como Presidente. Consultado Carlos José Reyes, libretista titular de la serie, respondió: "lo que hemos querido presentar es un testimonio fiel de lo que sucedió en Palacio a raíz de la muerte de Gaitán. Naturalmente la figura clave en este episodio es la del doctor Ospina, que era la primera autoridad de la nación. Es posible que Ospina se vea como el protagonista porque los hechos mismos le dieron esa categoría y si terminó siendo el protagonista de la serie no fue por voluntad del libretista, ni del director ni del gerente de la programadora, sino porque los documentos históricos así lo registran. Nosotros en ningún momento anunciamos hacer la vida de Gaitán. Anunciamos "El Bogotazo" y dentro de él las implicaciones políticas más importantes de ese momento ".
¿DRAMATIZACION PARALELA?
Pero si bien dentro de la pantalla de TV el desarrollo de la serie enfiló baterías hacia la casa Ospina, en la vida real Gloria Gaitán, la controvertida hija del líder asesinado, convirtió el "primer encuentro sobre la violencia en Colombia" (ver recuadro), en un curioso debate alrededor de la forma como la TV interpretaba el sentimiento popular y la imagen de su padre muerto. Herida por lo que ella llamó "una burda falsificación de los hechos", la dirigente liberal no desaprovechó oportunidad para acusar a través de prensa, radio y televisión a los responsables de "E] Bogotazo", llegando incluso a decir que "a través de la televisión la historia se convierte en un bien de consumo porque se hace únicamente para vender jabones y dentífricos". Los autores intelectuales del programa tomaron estas acusaciones con calma e incluso con cierta hilaridad. Ellos aseguraron que habían hecho una investigación muy seria. Consultaron más de 25 libros que no pudieron reseñar al empezar cada capítulo por que gastaría media hora de programa pasando créditos, y aseguraron que era preciso sacar la discusión del terreno de lo familiar considerando que el hecho de vender jabones y dentífricos no descalifica a la televisión como medio de comunicación, ni le resta seriedad o credibilidad, por que "ése es simplemente un condicionamiento del sistema ". Aceptaron tranquilos las críticas conscientes de la importancia de su trabajo y esperaron con expectativa las declaraciones de doña Bertha, ausente del país, a quien Darío Hoyos -el periodista de la familia Ospina- entrevistó en Miami. La beligerante autora de "Los Tábanos", después de verse representada por la actriz Constanza Duque, dijo "No tengo la idea de mi cara en esa época y extraño porque la veo a ella muy joven cuando yo ya estoy vieja". De la representación hecha por Víctor Mallarino comentó:
"A pesar de que camina muy distinto tiene una cara semejante y hay momentos en que lo hace muy agradable". Refiréndose al enfoque político de la serie dijo. "Los libretos estan ceñidos a la realidad" y "la representación tiene un realismo admirable. Lo único que no está bien es que nos hayan puesto a tomar té y a comer no sé qué cosas con otras personas, cuando el 9 de abril no había comida en Palacio para tanta gente, ni bajamos al comedor, ni probamos nada hasta el día siguiente..."Doña Bertha se muestra en "El Bogotazo" como una mujer de gran temperamento y temple de acero, paseándose por entre ministros y militares con una pistola al cinto, y tuvo tranquilidad aún para pensar en todos los detalles (hasta barberas distribuyó entre los presentes para que se pudieran afeitar después de la angustiosa noche). Dicen los que tienen por qué saberlo que fue el nueve de abril cuando ella comenzó realmente a interesarse en la política.

¿DRAMA POLITICO O DOCUMENTO HISTORICO?
Ahora, cuando la serie ha terminado, vale la pena preguntarse qué fue "El Bogotazo". ¿La representación de un drama humano o la testificación de un documento histórico? Esta pregunta está muy relacionada con los niveles de audiencia que genera la televisión. Encuestas hechas el primer día de emisión señalan un porcentaje altísimo de televidentes que, sin embargo, y a juzgar por el rumbo que tomó la serie, pareció haber descendido en los últimos capítulos. La hipótesis es explicable si se tiene en cuenta que al concentrarse los episodios en Palacio, las conversaciones tuvieron que manejar el sofisticado lenguaje de la terminologia política. Parece obvio que reuniones de los altos mandos discutiendo sobre la Constitución y las leyes, marginaron por lo menos un sector del gran público y hubieran hecho del docu-drama un programa elitista que por esa misma razón ha tenido tal resonancia en las principales columnas de los diarios del país. Mirando detenidamente el desarrollo se concluye que la serie fue deliberadamente fría. Los personajes viven la preocupación política, pero ninguno tiene problemas de orden familiar. Sólo el doctor Lleras se muestra intranquilo porque en la casa de su mamá hay posibilidades de un incendio. Doña Bertha entrega su hijo a la embajada americana y no vuelve a preguntar por su suerte. Ni siquiera averigua si llegó bien. La viuda de Gaitán encerrada con el cadáver de su esposo no tiene que afrontar el problema más obvio, el de la descomposición del cadáver. La hija del caudillo, tantas veces presentada como su gran debilidad, no aparece, no se sabe cómo recibe la noticia de la muerte, se desconocen sus reacciones ninguno de los jefes liberales demuestra la más mínima preocupación por su familia. Son estos detalles los que han llevado a concluir que "El Bogotazo", más que la dramatización de los hechos, fue la testificación de un documento político.
DEFENDIENDO A PAPA
La agria polémica que Gloria Gaitán desató a raíz de la serie de televisión sobre "El Bogotazo", adquirió un nuevo escenario: el académico. La ocasión fue el II Seminario "La Violencia en Colombia", organizado por el Departamento de Historia de la Universidad Nacional y el Centro Gaitán. Allí Gloria Gaitán, lanza en ristre, la emprendió no sólo contra los investigadores del Centro -despidiendo a 9 de ellos- sino contra el profesor Herbert Braun de la Universidad de Virginia, y en general contra los expositores extranjeros, calificando el certamen como "academicista". Sin duda el "florero de Llorente" en el Seminario, fue la ponencia del profesor Herbert Braun, quien ateniéndose a una conversación con la señora Amparo Jaramillo vda. de Gaitán, en el año 79, escribió: "El 17 de abril los liberales llegaron a un compromiso con doña Amparo: ofrecieron comprarle la casa, convertirla a monumento nacional y museo popular, con tal de que permitiera que enterraran a su marido en su propia casa". Ante estas afirmaciones, Gloria Gaitán montó en cólera, ya que ella ha venido sosteniendo que fue por voluntad popular que el caudillo se enterró en la casa y que se llegó al compromiso solemne de sacarlo de allí cuando triunfara la revolución. Su primera reacción fue escribirle una carta al profesor Braun, solicitándole suprimir ese párrafo. Este se negó rotundamente. Luego Gloria Gaitán exigió a los historiadores David Moreno y Elsy Marulanda, del Centro Gaitán, que no se sentaran en la mesa como coordinadores, so pena de despedirlos. Ellos no accedieron y, efectivamente, horas después les entregaban las resoluciones de despido, aduciendo que contravenían los objetivos del Centro.
El sábado 30 de junio, último día del seminario, luego de que Daniel Pecaut de la Universidad de París, leyó su ponencia, Gloria Gaitán hizo uso de la palabra elogiando la intervención de Pecaut pero criticando que fueran los expositores norteamericanos y europeos los que recibían mayores aplausos. También afirmó que en el país, con la historia pasaba lo mismo que con el yogurt "yoplait", que para que lo compraran tenían que anunciarlo diciendo que en Francia e Inglaterra también lo tomaban.
Pero el problema no paró ahí. Siete de los diez investigadores escribieron una carta a Gloria Gaitán, directora vitalicia del Centro, quejándose por el despido de sus dos compañeros y expresándole que si la resolución seguía en pie, ellos se retirarían. Sin mediar ninguna explicación, Gloria Gaitán, asumió que los investigadores estaban renunciando y procedió a elaborar las resoluciones aceptándoles su "renuncia" .

ACEVEDO E HIJOS
FUNDADO EN 1920 PRESENTAN:
Muchos televidentes se han preguntado, al ver los sucesivos capítulos de "El Bogotazo", por la procedencia de los documentales sobre el 9 de abril que nunca antes se habían presentado en forma tan completa y pertinente. SEMANA encontró que buena parte de ellos pertenecen al archivo fílmico de los hermanos Acevedo.
El noticiero de los hermanos Acevedo se realizó a lo largo de 25 años y constituye el más valioso documento cinematográfico que posee el país en materia histórica y abarca desde 1927 hasta 1940. Las empresas que formó don Arturo Acevedo en 1920 y que posteriormente continuaron sus hijos Gonzalo y Armando Acevedo, fueron pioneras en la actividad cinematográfica del país. Pero aunque los Acevedo incursionaron en el cine argumental con películas como "La tragedia del silencio" (1924) y "Bajo el cielo antioqueño" (1925), lo que se ha llamado el "Archivo Acevedo" lo constituyen las horas de película en las que se registraron importantes episodios de la vida nacional. Gonzalo Acevedo, camarógrafo y director del noticiero, comenzó a filmar en 1924, pero sólo tres años después se formalizó la presentación semanal del noticiero.
Semana tras semana, mes tras mes, año tras año, el Noticiero Acevedo Hermanos fue creando, quizá sin proponérselo, un verdadero archivo del acontecer nacional. El entierro del general Benjamín Herrera es el primer episodio recogido por la cámara de estos pioneros. Luego van quedando registrados eventos en los que alterna la nota de sociedad con el acontecimiento político. Aparecen registradas grandes manifestaciones políticas como las de Gaitán, transmisiones del mando presidencial, episodios de la guerra con el Perú, el viaje de Gardel a Medellín y las escenas inmediatamente posteriores al trágico accidente, además de las escenas turbulentas del 9 de abril, el entierro de Jorge Eliécer Gaitán, manifestaciones y discursos de Alfonso López Pumarejo, Olaya Herrera y Eduardo Santos entre otros. Retirados de la producción cinematográfica, los hermanos Acevedo habían acumulado estos materiales que ahora tienen enorme valor histórico. Se habían hecho, sin saberlo y a su manera, historiadores; pero era ésta una historia que debía ser rescatada y preservada de eventuales deterioros. Así fue como surgió en Intercol el interés por estos filmes de gran valor testimonial. La compañía decidió comprarlos a los hermanos Acevedo para proceder a conservarlos técnicamente, darles un orden racional y de fácil manejo y hacer de ellos documentos públicos.
Entre estos filmes tan antiguos, buena parte de ellos fueron realizados en nitrato de celulosa, un material peligroso por ser auto-combustible. Habría que recordar aquí que el incendio provocado hace unos años por materiales así, en la Cinemateca de México, arrasó todo un valioso archivo fílmico. Quizá esto fue lo que día la voz de alarma acerca de la delicada preservación de películas antiguas. Persuadida Intercol de la necesidad de conservar lo más completo posible el archivo Acevedo procedió a buscal a la persona que con mayor conocimiento e idoneidad pudiera hacerse cargo del trabajo de restauración. Entonces se llegó a la conclusión que el cineasta Jorge Nieto era quien mejor podía adelantar este trabajo.
Restaurar aquí significa realizar simultáneamente la labor del historiador y la del arqueólogo, la del cinematografista y la del teórico, puesto que significa reconstruir las películas tal como fueron vistas por los espectadores de las décadas de los años 20 30 y 40 con las complejidades técnicas y de criterio que ello implica. Y había que reconstruirlas por cuanto a lo largo del tiempo estas películas se han ido fragmentando y ordenando según los diferentes criterios, tantas veces más acomodados a conceptos aleatorios que a la necesidad de una preservación del documento original. Próximamente, los espectadores colombianos podrán ver las cinco primeras horas restauradas de ese ya legendario noticiero de los hermanos Acevedo, cuando Intercol programe para el público estas sesiones cinematográficas.
Si hoy en programas como "El Bogotazo" inquieta tanto ver esos pedazos documentales como parte de la historia, con el rescate del archivo Acevedo se abre la posibilidad de una aproximación más veraz a lo que fue entonces la vida pública del país.

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