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| 6/8/1998 12:00:00 AM

SECRETOS DEL CORAZON

El protagonista de esta historia está dispuesto a jugarse su infancia en aras de atrapar la vida.

Si existe un símbolo que pueda definir esta entrañable película del director español Montxo Armendáriz es el ceño fruncido del pequeño Javi (Andoni Erburu), ese gesto desamparado que transcurre entre la angustia y la ingenuidad y que se repetirá durante todo el filme en señal inequívoca de una infancia temerosa pero ávida por abrirse a la vida y, sobre todo, al entendimiento de ciertos secretos que su cerebro todavía no ha logrado asimilar muy bien.
En este sentido no parece una coincidencia que la cinta se inicie con una premonitoria escena: la negativa de Javi a cruzar un río a través de los dientes de piedra que sirven de puente entre las orillas a pesar de los reclamos de su hermano mayor, que no duda en tildarlo de cobarde. La angustia frente a tal incertidumbre, cuya resolución marcará simbólicamente el paso de la infancia a la pubertad, señalará también los derroteros de Secretos del corazón. Situada en un pasado no muy lejano de la provincia española, la película narra la historia de un momento crucial en la infancia de Javi. Su padre ha muerto en circunstancias extrañas y su madre ha decidido, para bien de su educación, mandarlo a él y a su hermano mayor a vivir al lado de sus tías mientras ella se queda en el pueblo, acompañada de su cuñado y su enigmático suegro. Estos dos ambientes serán testigos de los descubrimientos de Javi en relación con el sexo, con su familia y con la vida misma, esa que la cotidianidad va construyendo a partir de detalles insignificantes que luego servirán de tejido en la confección de su madurez.
Con base en una entretenida narración, salpicada de humorísticas ingenuidades, Secretos del corazón se deja llevar de la mano de Javi, quien _a propósito_ es el encargado de contar la historia, y sitúa al espectador en un encantador, aunque inquietante, período de su infancia. Memorables secuencias, como la de Javi y su amigo gastándose la mesada dominical en sospechosas aventuras de mayores, o la de sus pesquisas en el cuarto de su padre, mantienen el ritmo de una cinta que, entre otras cosas, hace hermosa justicia con su nombre.
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