Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1989/06/12 00:00

SED DE AMOR

"El mito de Don Juan", una exploración a lo largo de todas las variaciones literarias del legendario personale.

SED DE AMOR

Don Juan es una figura legendaria. Como se sabe, quien primero dió cuenta de sus aventuras fue Tirso de Molina con su "Burlador de Sevilla y el convidado de piedra". Después de Tirso un verdadero ejército de don Juanes ha prolongado su legendaria estirpe. Se destacan entre ellos el Don Juan de Moliere en el barroco, "Don Giovanni", la ópera de Mozart de inspiración sinfónica. Bastarian estas tres versiones para inmortalizar el personaje trágico. Pero son tales las pasiones que mueve y tan variopintas sus estrategias, que su tema ha seducido a numerosos escritores. Y es su final lo que mayor atractivo ofrece para escritores y ensayistas, un final habitado por mil demonios, que se ha hecho tan inquietante que en consecuencia cada época ha sentido la necesidad de recrear al personaje, más que como nueva aportación a su repertorio, como una manera de hacer hablar, a través de este drama, a la sensibilidad de la epoca.

Esta larga y andariega procesión de obras, ya en prosa o en verso, a manera de teatro, cuento o relato de variada extensión, ha sido analizada por los estudiosos de la literatura aportando siempre nuevas interpretaciones. Sobre el tema la bibliografía en castellano es prácticamente inexistente. En medio de esta ausencia, el Fondo de la Cultura Económica ha publicado la traducción del ensayo erudito de Jean Rousset, "El mito de Don Juan". Rousset, más que interesarse por el personaje mismo, por su psicología sicalíptica, por sus fantasías o por su personalidad intrincada, inconstante y ambivalente, se interesa por su historia literaria. Para el autor francés el origen del personaje es remoto e impreciso, se sitúa tentativamente en el mito. Sabiendo que el primer Don Juan literario aparece con Tirso de Molina, barrunta en su aparición un prehistoria: "Un fondo mítico enterrado aflora en el Don Juan, que nace en 1630". El fundamento para tal opinión está señalado en el sentido último del drama: aquello a lo que remite el climax trágico y final de la historia del desafiante personaje.

Don Juan se encuentra en un cementerio donde reposan los restos de dignidades reconocidas. En el centro está el mausoleo del comendador padre de una de las mujeres que sucumbió al irresistible encanto del seductor. Don Juan se sorprende al verlo y aún más cuando comprueba cómo baja, como un gigante de piedra, de su pedestal. El comendador conmina a Don Juan a su arrepentimiento pero este, rechazando toda oferta de perdón y aún teniendo alrededor a las furias y los espectro amenazantes, no da un paso atras. La tierra se agrieta y se abre bajo sus pies y encadenado por las bestias es devo rado por ellas, y todo el conjunto cae el fondo del infierno, quedando la tierra en ruinas. Esta, que es la escena final del drama, es la que más llama la atención, la que más atormenta, acaso a quienes se han aproximado a la hechicera leyenda. El fondo mitico que argumenta Rousset se fundó sobre la imágen de la muerte, sobre la presencia activa del difunto, en el personaje del comendador, "verdadero protagonista del drama, mediador de más allá, agente del vínculo sagrado". Rousset sabe que la obra tiene muchas entradas y muchas salidas, y así su estudio va siempre en busca de una explicación estructural y unitaria. De esta manera encuentra Rousset, a través de las 60 versiones. unas cuantas variantes, pero también elementos que son constantes. Entre las primeras están la aparición del difunto, Ana y el grupo femenino y el heroe; entre los segundos está el génesis, las metamorfósis laterales y la vision propia con que cada época reviste el carácter de Don Juan, según sus propios móviles, su moral y sus necesidades.

Fue una época Don Juan monstruoso y criminal, el drama lo enseñaba así, con los alcances y terrores de un castigo ejemplar, era el Don Juan del siglo XVII. Para los románticos era una figura apasionante y conmovedora: fue un seductor fascinante, el rebelde glorificado en la opinión de Gauthier, pues "Don Juan tenía el derecho de obteiner su ideal y de calmar esa inmensa sed de amor que devoraba sus grandes venas, pues hay que satisfacer todo deseo". En consecuencia, Gauthier no condena a Don Juan al infierno sino al Paraiso. Y las opiniones van y vienen, tan precisamente rescatadas en este libro y en tal multitud de versiones acerca de este personaje, que a fuerza de querer comprenderlo mejor, se le hace al lector cada vez más fantástico.

Libro sabio en su materia este de Rousset, tan rico en referencias como le es posible a un asiduo visitante de la Biblioteca Nacional de París.
Centrado con precisión en su tema, riguroso, tonificante, recoge del mito todas sus variaciones, indaga y recorre sus secretos fascinantes y los revela, hasta donde ello es posible.
Enrique Pulecio.

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