Viernes, 28 de noviembre de 2014

| 1989/03/13 00:00

SEGUNDO DEBUT

El Camarín del Carmen, reliquia arquitectónica de Bogotá, renace ahora como escenario artístico.

SEGUNDO DEBUT

En pleno corazón de la ciudad, en el barrio La Candelaria, los bogotanos contarán a partir del próximo mes con un nuevo escenario para espectáculos. Se trata de un recinto de mediana capacidad, que permitirá a un máximo de 520 personas asistir a veladas de música, teatro de cámara y cine.
La sala, diseñada por el arquitecto Víctor Bejarano Chaux y construida por Urbano Ripoll, está ubicada en la calle 9a. con carrera 5a., cuya esquina hoy guarda como reliquia el célebre Camarín del Carmen, único testimonio de la antigua iglesia del convento de las Carmelitas, construido durante la época de la Colonia.
A mediados del siglo pasado, las monjas abandonaron el claustro que luego, bajo la presidencia del general Reyes, fue utilizado como cuartel militar. Este cambio obligó a su destrucción, pues el antiguo convento debió ser adaptado a las exigencias y necesidades de sus nuevos moradores. Con la llegada a Colombia de la comunidad salesiana, la suerte de la edificación cambió. Los nuevos religiosos decidieron adquirir la edificación, que de la arquitectura original ya no conservaba sino la esquina de lo que fuera la iglesia, y el Camarín, espacio este último que en su día guardara la imagen de la Virgen del Carmen, centro del retablo del altar mayor.
Nuevas remodelaciones vivió la construcción para ser acondicionada, primero para residencias y luego para colegio. Durante los últimos 40 años, el lugar que hoy albergará el teatro con sus servicios, fue utilizado como cancha deportiva. Sin embargo, la comunidad religiosa, consciente del valor histórico que guarda el Camarín y el muro de la esquina que quedó en pie, aceptó ceder este terreno al Distrito. El inmueble fue entregado en comodato a la Corporación La Candelaria, entidad encargada de rescatar la zona demarcada como centro histórico, para que allí fuera construido un teatro. La finalidad, una vez expire el contrato, es que dicho teatro revierta a la comunidad como lugar de apoyo al colegio, y mientras se cumple ese lapso de 50 años, sea utilizado por la ciudadanía.
La Corporación La Candelaria fue la encargada de restaurar el Camarín y lo poco que quedaba de la arquitectura original de la iglesia, así como de construir el teatro y adecuarlo a un presupuesto de 173 millones de pesos.La única empresa que contribuyó con donaciones fue Coltejer, que entregó todas las telas que se requerían para telones, entretelones, etc.
Para el funcionamiento del teatro se creó una fundación sin ánimo de lucro que, dirigida por Gloria Zea, ex directora de Colcultura y actual directora del Museo de Arte Moderno de Bogotá, será la responsable de administrar y darle vida al nuevo escenario. Sin embargo, este nuevo palco escénico, desarrollado sobre el volumen arquitectónico que existía, sólo podrá albergar medianas agrupaciones musicales y teatro de cámara que no requieren montajes con cambios escenográficos por cuanto no existe tramoya. Pero haciendo de lado algunas de las limitaciones expuestas, el escenario y el auditorio cuentan con todos los servicios necesarios para cumplir a cabalidad una importante tarea de divulgación cultural, en un barrio que día a día se reivindica más como sector residencial dentro del nuevo esquema de recuperación de la zona.
El teatro tiene una gradería con 400 puestos, que puede ser ampliada hasta conseguir 520 plazas. La silletería, que corresponde al antiguo teatro Capitol, fue construida en los Estados Unidos hacia los años 20 y se restauró en su totalidad. Cuenta con camerinos, zonas de administración, cafetería y el foyer, localizado donde antiguamente quedaba la iglesia, puede ser adaptado para restaurante. Se trata, en síntesis, de un bello teatro que abrirá sus puertas el próximo 28 de marzo, con un recital a cargo de la mezzosoprano Marta Senn, acompañada de la Orquesa Filarmónica de Bogotá.
Y queda esta zona de La Candelaria, como ninguna otra de la ciudad, llena de salas para espectáculos. Está el Teatro Colón, la Sala Luis Angel Arango del Banco de la República, la Sala Lleras del Banco Central Hipotecario, el Teatro Libre, el Teatro Popular de Bogotá, el Teatro La Candelaria, la Sala del Camarín del Carmen. Por todo esto es que parece innecesaria la construcción precisamente en la misma zona -en la calle 10- de la sala que piensa hacer la Fundación Alzate Avendaño. Si bien es cierto que en materia de escenarios artísticos ningún esfuerzo sobra, es hora de ir pensando más bien en construir otro gran teatro para la ciudad -ahora sólo está el Colón-, que día a día se hace más necesario.

María Teresa del Castillo

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×