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| 6/1/1987 12:00:00 AM

SEGUNDO DEBUT

La reimpresión y la aparición de testigos, devuelven la vigencia del Diario de Ana Frank.

La imagen de una muchachita de quince años, escondida durante más de dos años con sus padres en una buhardilla de Amsterdam mientras los nazis detienen y deportan a todos los judíos que encuentran, ha cobrado en los últimos días más popularidad gracias a las nuevas ediciones del "Diario" escrito por ella y los testimonios rendidos por dos ancianos holandeses quienes prestaron ayuda y refugio a la familia de Ana Frank en las peores circunstancias.
Miep Gies y su marido Jan, de 78 y 82 años, acaban de ser condecorados por la liga del B'nai B'rith que lucha por la reivindicación de la memoria de los judíos y reconoce la ayuda prestada por los gentiles a judíos en problemas. En este caso, la ceremonia que tuvo lugar en una pequeña plaza de Manhattan tenía un enorme significado porque el mundo recordaba a la pequeña Ana Frank quien con su Diario, interrumpido cuando los nazis descubrieron a su familia en el escondite, demostró que podía llegar a ser una gran escritora, como lo prueba el lenguaje utilizado para describir ese infierno que estaban atravesando, mudos por temor a delatarse, en la oscuridad y dependiendo de la visita diaria que les hacían Jan y Miep Gies para llevarles comida, noticias y esperanzas.
Curiosamente los dos ancianos no se sienten heroes y en medio de las congratulaciones por la medalla afirman que solo cumplían con su deber, que hacían lo que cualquier ser humano hubiera hecho en su caso. Los Gies escondieron a los Frank en una zona desocupada de un edificio de oficinas, en el número 263 de Prinsengracht, Amsterdam, edificio donde el padre de Ana, Otto, tenía un negocio de especies y embutidos. Arrestados gracias a la información suministrada por un delator que no ha sido descubierto todavía, los Frank fueron conducidos a un campo de concentración.
Al enterarse del arresto de sus amigos, los Gies fueron al escondite en busca de recuerdos. En medio de las basuras, papeles y otros desperdicios Miep encontró el pequeño Diario color naranja que su padre le había regalado a Ana cuando cumplió trece años. Siguió escarbando y encontró numerosas hojas de distintos tamaños, escritas con la letra de Ana. Curiosamente, por respeto a la joven, la mujer no leyó los apuntes y espero a que alguno de ellos regresara con vida. Recordando esos momentos, la anciana insiste ahora en que si hubiera leído el Diario, seguramente lo hubiera destruido para preservar el secreto de tantas confidencias allí contenidas. Cuando el padre de Ana regresó le entregó el Diario y éste fue publicado al finalizar la guerra. Las ediciones en todos los idiomas son innumerables y solo en la edición de bolsillo norteamericano han aparecido más de 4 millones de copias.
Los Gies se hubieran quedado callados sobre su papel en el escondite de los Frank, haciendo lo mismo que otros 20 mil holandeses quienes exponían sus vidas por ayudar a los judíos perseguidos. Pero la persistencia de un periodista de California logró que fueran venciendo sus temores, aceptando primero una entrevista, luego declaraciones para un folleto y poco a poco aceptaron la idea de un libro, el cual apareció con el título de Anne Frank Remembered, escrita con la colaboración de Alison Leslie.
Los recuerdos provocados por el libro y la conmemoración cada año, el 4 de agosto, de la detención de los amigos, siguen golpeando a los ancianos. "El dolor sigue aquí todavía. Es que tenemos dos lados, el de afuera y el interior y es que éste nadie lo puede ver". Para la pareja, la pérdida de los Frank se agravó porque la anciana había nacido en Austria y su pasaporte tenía una esvástica y los holandeses pensaron durante un tiempo que habían sido los Gies, los responsables de la delación. Irónicamente era su rostro lo primero que los cautivos veían cada mañana. Cuando el edificio quedaba vacio y las calles silenciosas, la mujer aparecía y la primera que le hablaba era Ana y casi siempre usaba la misma frase, "¿qué hay de noticias?". La anciana, al ser condecorada con su marido, en Manhattan, recordó a los presentes que el mundo perdió con Ana una gran escritora que logró desarrollar un mensaje simple: "Hay que aprender a no sentir odio por los demás solo porque pensamos en forma diferente. Hay que aprender a sentir respeto por los demás".
En el libro sobre los Frank hay una foto en la cual aparece Ana mirando un reloj. Dice la anciana: "Ella sabe que tiene poco para vivir y sin embargo quería vivir más que nadie".
Curiosamente, 40 años después de haber aparecido este Diario, aumentan los esfuerzos de algunos grupos antisemitas interesados en demostrar que esos papeles son un engaño. La Fundación "Ana Frank" con sede en Amsterdam, ha tenido que enfrentar nuevas demandas en los últimos meses a raíz de la versión completa del Diario que apareció el año pasado y la cual fue autenticada con pruebas químicas y grafológicas por el gobierno holandés. La Fundación mantiene un museo en la misma edificación donde los Frank se escondieron. En varios países europeos, grupos pronazis siguen insistiendo en la falsedad del Diario y la Fundación está preparada para demandar judicialmente a quienes persistan en esa campaña. Tienen como antecedente el pleito ganado por Melvin Mermelstein, asociado con el historiador Elie Weisel, quien obtuvo 90 mil dolares de una organización que aseguraba que la historia del exterminio judío en el Holocausto era un fraude.
Los visitantes del museo se emocionan ante el recuerdo de Ana quien con sus padres y una hermana fue conducida al campo de Bergen-Belsen donde moriría de tifo.
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