Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1995/08/07 00:00

SEIS DIAS, SEIS NOCHES

Un melodrama francés que simula mucha profundidad pero que resulta, en definifiva, arfificioso.

SEIS DIAS, SEIS NOCHES

DIRECTOR: DIANNE KURYS
PROTAGONISTAS: BEATRICE DALLE,
ANNE PARILLAUD Y PATRICK AURIGNAC
HACE UNOS 10 años llegó a las salas de cine colombianas una película francesa que se convirtió pronto en piedra angular de muchos cineclubes, los cuales, siempre escasos de grandes cintas por la dificultad que hay en Colombia para obtenerlas, terminaron exhibiéndola cada fin de semana, para deleite o indignación de seguidores o detractores. Se llamaba Betty Blue, del director Jean-Jacques Beineix. Además de haber marcado una época en los cinéfilos jóvenes de los años 80, la película dejó la imagen de aquella destrozada y calamitosa mujer, interpretada por Beatrice Dalle, que con su vida había devuelto a su amante-novelista al oficio literario.
Aunque para el público común es difícil asociarla a otro papel, Beatrice Dalle vuelve a escena para protagonizar, junto a Anne Parillaud (Nikita) y Patrick Aurignac, la más reciente película de Dianne Kurys, Seis dias, seis noches.
El filme narra una fracción en la vida de una artista (Parillaud) y la obsesiva relación con su hermana (Dalle), una mujer frenética y fracasada, una enferma mental que, tal vez sin ser muy consciente de ello, dedica su vida a destruir la de su hermana. En medio de esta complicada relación de interdependencia, aparece la figura de un boxeador, la aproximación más clara de la artista de conquistar su estabilidad. Pero ninguno de los tres destinos está claro y el choque de dos fuerzas femeninas que alguna vez -en la niñez- quisieron ser una, no vaticina nada cuerdo.
La cinta es un melodrama sexual que intenta explorar personalidades alteradas por signos trágicos. Sin embargo, hay una impostura en la trama que revela cierta trampa en el drama. Hay algo en ella superficial y engañoso, deliberadamente confuso que saca a relucir una profundidad ficticia en la mirada del director hacia los personajes. Hay, en definitiva, un drama truculento del que es difícil sacar ventaja. No es auténtica y por eso la cinta no pasa de ser un artificio elegante, utilizado simplemente para vender una tragedia.

El nuevo Travolta
NO CABE DUDA DE QUE A JOHN Travolta le cambió la suerte luego de su participación en la cinta de Quentin Tarantino, Pulp Fiction, y cuando muy pocos apostaban por una carrera más próspera que la que tuvo en la época de Fiebre de sábado por la noche.
Con la exitosa serie Mira quién habla logró cotizarse en un promedio de tres millones de dólares por película. Pero su nivel era demasiado irregular. Y de cobrar 150.000 dólares por Pulp Fiction, ahora el nuevo Travolta ha pasado a exigir cifras que sobrepasan los cinco millones de dólares. Por lo menos eso es lo que ha cobrado por su próximo filme, Get Shorty, producido por Danny de Vito bajo la dirección de Barry Sonnenfeld. Actuarán con Travolta Rene Russo, Gene Hackman y el propio De Vito. Una nueva época para quien era considerado sólo un aceptable bailarín.

Dos policías rebeldes
Una mezcla de humor y acción en el mismo estilo de Eddy Murphy, pero con dos héroes.
DIRECTOR: MICHAEL BAY
PROTAGONISTAS: MARTIN LAWRENCE, TEA LEONI Y WILL SMITH.
LOS PRODUCTOres Don Simpson y Jerry Bruckheimer tienen entre sus clásicos fenómenos taquilleros como Flashdance, Un policía suelto en Hollywood I y Il, Top Gun y Días de trueno. Llevados por los dividendos que reportó haber trabajado con Eddy Murphy como policía cómico, han vuelto a mezclar la acción y el humor en su reciente realización: Dos policías rebeldes.
En esta oportunidad y bajo la dirección de Michael Bay, el equipo Simpson Bruckheimer ha utilizado los servicios de dos de los comediantes más populares de la televisión estadounidense: Martin Lawrence y Will Smith. Ambos hacen el papel de policías de la división de narcóticos de Miami. El robo de un multimillonario cargamento de heroína que estos dos superhéroes han decomisado con anterioridad, desata la acción. Con una buena porción de comicidad en el transcurso de la peligrosa trama, la película hace recordar a Murphy y sus andanzas en Beverly Hills. Sólo que ahora han aparecido otros héroes y un gran despliegue de tiroteos, explosiones y todo lo que los efectos especiales son capaces de producir.
La única pista para recuperar la heroína robada es una hermosa mujer que ha sido testigo del asesinato de su mejor amiga. Perseguida por los malhechores, la joven doncella busca la protección de los héroes. El argumento sirve de pretexto para aventurar una historia paralela, la de los problemas familiares de Marcus (Lawrence), quien está casado y tiene tres hijos, en relación con la vida del soltero y mujeriego Mike (Smith). Esta comedia, atravesada con la acción del caso policíaco, despierta grandes carcajadas entre el público. Sin embargo, la cinta es incongruente, carente de una estructura convincente que la lleve hasta el final por una línea temática sólida, que la aleje de los parámetros fáciles y superficiales de los enlatados de acción norteamericanos.
Si la acción y la comedia fueron el éxito de Simpson y Bruckheimer en los 80, la verdad es que con Eddy Murphy fue suficiente.

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