Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2009/01/04 00:00

Sensatez y sentimiento

Dos joyas de reciente aparición: la folclorista María Mulata y la cantante de Bomba Estéreo, Liliana Saumet, nos ofrecen miradas complementarias a la música del litoral Atlántico.

Liliana Saumet

El año que pasó fue especialmente generoso en el florecimiento de voces femeninas. Hay dos, en particular, que se convirtieron en facetas opuestas de un mismo sentimiento. Su lenguaje es el de la cumbia y el bullerengue -con arriesgadas extensiones hacia la champeta-, pero María Mulata y Liliana Saumet lo desarrollan desde rincones distintos.

De María Mulata (Diana Hernández) conocemos ya su espíritu acucioso de investigación. Para grabar su anterior álbum hizo primero una travesía de dos meses recorriendo las zonas más musicales del departamento de Bolívar y el Golfo de Urabá: necesitaba documentarse en canto, danza y percusión. Ella es para el folclor, además de inspirada cantante, una investigadora seria, de esas que siempre citan la fuente. Y de tanto conocer el folclor, se ha lanzado también a escribir algunas piezas, como Me duele el alma, la canción que terminó triunfando en el Festival de Viña del Mar hace dos años.

Su nueva grabación, Los vestidos de la cumbia, es un documento exuberante desde todo punto de vista. Veintiuna canciones que se deleitan especialmente en los lenguajes de la costa Atlántica, pero que también pueden sonar a jazz latino o a calipso isleño. Noventa minutos de temas producidos con factura internacional pero a la vez con un sonido muy fresco. Y, de hecho, el único álbum doble que se publicó en Colombia en 2008.

María Mulata está cantando mejor que nunca. Hay que oír, por ejemplo, cómo pasa de la cumbia al flamenco en el tema Macondo en llamas. No es difícil contagiarse de su alegría cuando nos canta que Volvió Juanita en una versión que resalta la poesía de la compositora barranquillera Esthercita Forero. Y tampoco le va nada mal con el paseo vallenato. En su voz ha congregado varias regiones de Colombia y en sus composiciones es notable una conciencia de lo lírico.

Su estilo juicioso contrasta con el más espontáneo de Liliana Saumet, la vocalista de Bomba Estéreo que este año irrumpió con el disco Estalla. Cuando le pregunté de dónde salían sus canciones, me contestó quitándole importancia al asunto: "No las pienso mucho, simplemente las escribo. Básicamente es lo que yo siento: si algo me gusta, lo digo, y si no me gusta, también". Entonces entiende uno mejor esas sabrosas retahílas en que se confiesa fogosa, despotrica de las mentiras del Presidente, sueña que se convierte en ola de mar, saluda a sus amigos en Santa Marta y lo sazona todo con citas de La pollera colorá y El morrocoyo.

De Liliana se ha dicho que es una cantante de hip-hop de talla mundial y se la ha comparado con Manu Chao y con La Mala Rodríguez. Tal vez no son exageradas esas apreciaciones, pero yo la siento más cercana al folclor: por instantes su voz me recuerda a esa Totó la Momposina joven, la del primer disco. Ella, por su lado, defiende una mezcla a partes iguales cuando canta que "es una bomba atómica un poco de folclor con música electrónica".

La única manera de mantener la tradición es renovándola, y las grabaciones de María Mulata y Liliana Saumet ofrecen soluciones distintas pero igualmente preciadas. La una metódica y la otra desparpajada, lo cierto es que estas dos chicas se han convertido en las piedras angulares de una nueva manera de cantar la música costeña en nuestro país. Y, al menos en el anaquel de este coleccionista, ya tienen un lugar ganado al lado de Totó la Momposina y los Gaiteros de San Jacinto.
 

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