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| 9/22/2003 12:00:00 AM

Sí se puede

El estreno de 'Las mujeres de verdad tienen curvas', de Patricia Cardoso, y de 'La desazón suprema', de Luis Ospina, ofrece un alentador y grato aliento al cine colombiano.

Luis Ospina comenzó a leer a Fernando Vallejo apenas salieron los dos primeros libros, El río del tiempo: los días azules y El fuego secreto. Y lo sorprendió porque escribía con odio, escribía sobre cine y sobre Colombia. Además era alguien misterioso: ni siquiera aparecía su foto en los libros. Después vio una proyección privada de sus películas -cuando estaban prohibidas- y siguió interesado en el escritor. Cada vez que salía un libro suyo lo leía hasta que en una reunión social alguien le dijo: "El que está recostado allá es Fernando Vallejo". Se le acercó y Vallejo fue muy amable con él.

Esperaba encontrar al ogro energúmeno que todo el mundo se imagina. Pero no fue así: Vallejo era tímido -sus libros no son nada tímidos- y un tono de voz suave. Eso lo impresionó. Entendió que hay una diferencia entre Vallejo escritor y el personaje.

Le propuso hacer un documental sobre su vida y Vallejo lo invitó a su casa de Ciudad de México. Allí descubrió a una persona que tenía conocimientos de música, cine, cocina, física y biología. El trabajo se convirtió en un largo diálogo. Como a él no le gustaban las entrevistas, Ospina las dejó para el final y se dedicó a filmar las cosas que veía en la casa. El resultado fue una película estructurada como un libro: un prólogo, con su epígrafe, y nueve capítulos alrededor de un tema, también con sus epígrafes.

Detrás del hombre provocador Ospina encontró a un niño. Sí, Vallejo es el niño que comienza y termina El río del tiempo: el que se da golpes en la baldosa porque el mundo no se acomoda a su parecer. Por eso las cosas de la niñez son las que más le duele recordar y en la película llora cuando lee un pasaje en el que regresa a un lugar en el que había vivido. Se dio cuenta de que su odio por Colombia no es sino profundo dolor. Por la Colombia que perdió y que todos han venido perdiendo: la de la infancia, la de las fincas, la de la familia. La que se derrumbó a causa de la política y el narcotráfico.

Para Ospina, Vallejo nunca ha salido de Colombia. Después de tantos años en México nunca se vinculó a la intelectualidad de ese país. Ha vivido pensando sólo en Colombia. Cada vez que le llevaba arepas antioqueñas le parecía lo más maravilloso del mundo. "El es como esos orates que gritan en la calle: nadie les para bolas y a veces están diciendo la verdad. Tiene algo de culebrero paisa". Y, luego de ver su película, mucha gente se lo ha ratificado: es un culebrero. De cualquier manera está seguro de una cosa: Vallejo es importante porque dice lo que la gente piensa pero le da miedo decir.

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