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| 1/28/2014 12:00:00 AM

Sí vale la pena apoyar el cine nacional

A la generalidad de películas colombianas no les fue bien en la taquilla de 2013. Pero no es lógico cortarse la cabeza por una jaqueca.

Evidentemente a la generalidad de películas colombianas no les fue bien en la taquilla de 2013. Pero ya que no parece lógico mandarse a cortar la cabeza por una jaqueca, conviene algo de análisis antes de estancarse por este hecho en una sesgada crítica que hace carrera: que el público repudia el cine colombiano; si conviene apoyar esa creación pese a que ninguna gana un Oscar, o si por problemas de plata es una desgracia ser productor audiovisual en Colombia.

¡Cuidado! Durante el pasado año la disminución de público fue una característica mundial. Pese a eso Colombia logró un recaudo notable de más de 352.000 millones de pesos, producto de 43,2 millones de espectadores (casi una boleta por habitante) a 361 películas; una suma mayoritariamente derivada de filmes extranjeros de la cual 17.200 millones (cerca del 5 %) financiaron la producción, circulación o conservación de las películas nacionales. 

Vea: El especial sobre los diez años de la ley de Cine

Hablar de cinematografía local significa no solo el número de películas, sino hacer foco en toda la organización de empresas, tecnologías, escuelas, infraestructura técnica, gente del cine, aportes al PIB, y crecimiento cualitativo, entre muchos elementos de una compleja industria.

Remontarse en el tiempo ayuda a exponerlo mejor. Entre 1915 y 2002 se hicieron en cine 270 largometrajes nacionales. Época de muchas normas que rotularon al “séptimo arte como un sector estratégico” evocando lo que pasaba en México o Argentina, pero en realidad carentes de recursos o políticas de desarrollo.

Durante una década y hasta 1992 existió una importante compañía estatal de promoción (FOCINE). Entre los 80 y 90 se produjeron inolvidables obras como La estrategia del caracol, La gente de la universal, Confesión a Laura, Tiempo de morir o La vendedora de rosas. Ir a enormes teatros era la principal opción de entretenimiento, pues la televisión por suscripción o la magia de Internet no habitaban los hogares. Entonces las películas domésticas superaban sin mucha sorpresa 300 mil espectadores, no obstante sus productores casi nunca lograban el recaudo suficiente para pagar los créditos financieros.

Con la desaparición de FOCINE, prácticamente se evaporó el impulso a nuevas películas colombianas y solo hasta 1997 (Ley de Cultura) volvió a pensarse en la importancia audiovisual como componente de la identidad cultural y la economía.

Para definir cómo podría ser un modelo de desarrollo de la cadena productiva y de circulación, en 1998 se creó el Fondo Mixto de Promoción Cinematográfica, Proimágenes Colombia, (presidido por el Ministerio de Cultura y socios como los ministerios de Educación y de Comunicaciones, la DIAN, Colciencias, Universidad Nacional, Asociación de distribuidores de películas internacionales, Cine Colombia, Kodak, Patrimonio Fílmico, productores y directores).

Allí se concertó la Ley de Cine de 2003 que permitió la creación del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico (FDC), fuente hasta hoy de más de 50 mil millones de pesos en estímulos gratuitos (no créditos) para escritura, producción, distribución, participación internacional, exhibición y conservación de cine nacional. Igualmente, la deducción tributaria, ahora del 165 % para las personas y empresas que inviertan en él (también más de 60 mil millones a la fecha en títulos de incentivo), sumada a otros beneficios para infraestructuras audiovisuales, atrajo recursos privados a las películas nacionales.

Además el gobierno nacional planteó una política interministerial (Conpes 3462 de 2007), para afianzar todos los eslabones de esta industria. En 2012 vino la ley 1556 (Fondo Fílmico Colombia -FFC) para devolverle a quien contrate servicios técnicos, artísticos, hoteleros o logísticos nacionales hasta el 40 % invertido. Se calcula que si por esta vía el Gobierno aporta 250.000 millones de pesos, en 10 años ingresarán más de 600 mil millones a todo el circuito económico.

Con el ejemplo de la Comision Filmica Colombiana, que se lidera desde Proimagenes, las ciudades capitales están interesadas en abrir comisiones fílmicas que promuevan su potencial audiovisual en espera de acrecentar el trabajo local. Se percibe vigorosa la presencia de empresas especializadas en diversos procesos audiovisuales, de artistas y técnicos, de estrategias internacionales para ampliar coproducciones y mercados de manera que, por fin, la cinematografía está situada en las agendas estratégicas del país.

Estudios económicos de Fedesarrollo vislumbraban que con catorce largometrajes anuales podría hablarse de un clúster (articulación de iniciativas y empresas de una industria). Expectativa cumplida: desde el 2010 la producción local no baja de dos dígitos y en solo diez años se vieron 132 largometrajes y casi 400 cortometrajes colombianos (comedias, dramas, documentales). Desde entonces el promedio de participación local en la taquilla no es inferior al 6,5 %.

“Aún es pronto para saberlo”, dicen que contestó el político chino Zhou Enlai cuando en pleno Siglo XX le preguntaron por el impacto de la revolución francesa.

Igual que se llega a la pubertad, Proimágenes Colombia superó quince años en este proyecto. Y fortalecerá su apuesta acompañando a la gente del cine, al Ministerio de Cultura y a las iniciativas público-privadas que ven aquí un privilegiado escenario de innovación social, productividad y convivencia.

De manera que este modelo, muy reciente, que ha convertido a Colombia en la cuarta mayor industria cinematográfica de América Latina según indicadores de trabajo, productividad, formación académica o presencia internacional, no merece ser mirado únicamente con la lupa de la baja asistencia de algunas películas nacionales ni echado al traste porque sus directores no reciben la Palma de Oro.

Sería tanto como negar el fomento a la lectura, porque en el país solo hay un premio Nobel de Literatura.
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