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| 4/16/1984 12:00:00 AM

SIEMPRE EL BOLERO

Junto a una inmensa variedad de ritmos caribeños , el bolero no retrocede

Durante el 15, 16, 17 y 18 de marzo, se celebró en Cartagegena el 3er Festival de Música del Caribe, encuentro de razas y ritmos. Pasión y sortilegio de un continente que se expresa a través de la música. Y fue, una vez más, el bolero, canción de amor latinoamericana una presencia constante en el transfondo de toda esta inmensa gama de ritmos.
Metamorfosis o disfraz, el Caribe es el punto mágico en donde han coincidido las más diversas formas de expresión humana y que de acuerdo a cada región o circunstancia histórica se han llamado: habanera, son, danzón, mambo, cha cha cha, regaee, vallenato o salsa.
El bolero es entonces, más que una expresión, un sentimiento americano, con una sóla posición ante el amor.

DEL DANZON A LA SALSA
Al remontarse a sus orígenes es necesario localizarse en medio de la Conquista. Con ella y sus soldadoS llegaron innumerables hombres y músicos -como bien lo señala Bernal Díaz del Castillo- que arrastraban consigo toda una tradición europea y gitana revertida en romances, seguidillas y trianas, alimentadas ahora por un nuevo sentimiento nacionalista causado por las guerras napoleónicas. Estas manifestaciones populares llegaron en primer lugar a las islas antillanas y en especial a Santiago, por ese entonces la ciudad más importante de la isla de Cuba.
Con la instauración de un nuevo tipo de vida, toda esta música toma un sabor americano. Su ritmo original de tres por cuatro, se transforma al típicamente antillano de dos por cuatro. El son se empieza a perfilar con su aire rural y las ciudades -desde su nuevo afianzamiento- con la Habana como capital, imponen el danzón, baile de prototipo urbano que con su nueva estructura y anarquía invadió los grandes salones de Europa.
A la música del danzón, le siguió su forma cantada o danzonete, lleno de elementos amorosos, urbanos y cotidianos. "Corazón", uno de los más populares, fue compuesto en 1890 y ya mostraba en su composición algunos de los rasgos que luego caracterizarían al bolero.
Una vez conformado como una nueva composición musical, con identidad propia, el bolero discurre y vacila entre diversos ritmos que asimila formando desde entonces su carácter multifacético. Así surgen el bolero rítmico, el bolero afro, el bolero tropical (que lo era desde sus orígenes), el bolero moruno (con toda la influencia andaluza y su sabor a cante jondo, pero con el nuevo ritmo de 2X4), el bolero mambo (mezcla bailable e instrumental que se hizo popular con Benny Moré y la batuta de Pérez Prado), el bolero ranchero (ante cuyo ritmo tampoco retrocedió y logró su mejor intérprete con Pedro Vargas), finalmente el bolero "cha" (cuyo mejor intérprete en la flauta fue Belisario López o el mismo Bola de Nieve con su interpretación "Vete de mí").
En 1936, se estrena la película: "Allá en el rancho grande" y con ella comienza la popularidad de las canciones campesinas con alegre guitarreo, precursoras del género ranchero. El bolero se margina pero sigue sorteando los escollos, hasta que en los años 40 surgen tres trios que luchan por continuar "el mensaje de angustia y esperanza". Estos trios son el "Trio Calaveras", "Los Panchos" y finalmente los "Tres Diamantes".
Y así el bolero continúa su desarrollo a través de diferentes épocas, hasta llegar a esta década y al encuentro de una nueva interpretación: la salsa. Un nuevo ritmo, un nuevo orden ante el que tampoco retrocede, el bolero da un salto y cambia...
Con los años esta vieja y nueva forma de la canción se ha extendido por todo el continente, pero es indiscutible que sus mayores logros se en cuentran en los tres núcleos que siempre lo albergaron y alimentaron Cuba, México y Puerto Rico con sus tres puertos (La Habana, Veracruz y San Juan) que debido a un incremento comercial y económico lograron un rápido y primer intercambio cultural.

DOS CORRIENTES
Beny Moré, Agustín Lara, Rafael Hernández... son unos de los muchos artífices de esta otra forma del amor y la nostalgia. El bolero es casi un exorcismo, escuchamos al interprete como a una especie de cómplice que nos reconcilia con el mundo o por el contrario nos abre nuevamente las heridas. El canto cumple una suerte de sortilegio que hace exclamar a Cabrera Infante: "el canto de las sirenas y nosotros, cada uno de su público, éramos Ulises amarrados al mástil de la barra, arrebatados por una voz".
Pero además del cambio de ritmos y de sus múltiples facetas, existen dos corrientes contrarias y paralelas en el desarrollo de este género musical. Corresponden a dos visiones del mundo, a distintas nociones culturales.
La primera es una corriente de raíces antillanas que compagina con una visión dionisíaca del mundo, en ella no existe un sentimiento de culpa sino una pérdida total de la vida. Se le canta a la mujer o a la ausencia del amor pero sin amargura ni condena. ("Seguiré mi viaje" de Alvaro Carrillo). La ciudad es contemplada como una mujer a quien se ama ("Veracruz" de Agustín Lara). El lenguaje en esta clase de boleros alcanza grandes niveles poéticos, uno de los principales compositores de esta corriente fue el mismo Lara, quien se distinguió precisamente por esa búsqueda casi modernista de la imagen y la metáfora).
La otra corriente más con sabor a sur y arrabal, corresponde a una visión de mundo cristiana de culpa que resalta el rencor, la amargura, los deseos de venganza ("No te atrevas" Beny Moré). La ciudad es aqui una vivencia distinta, es la que alberga cárceles y mujeres falsas ("Cautiverio", Daniel Santos). El lenguaje no alcanza un nivel poéticamente alto, los motivos y las imágenes son sencillos.
Pero unidas o separadas estas dos corrientes nos devuelven siempre al bolero, único canto de angustia y esperanza, de ausencia, desengaño y nostalgia que el Caribe y el latinoamericano han encontrado para expresar su vivencia del amor.
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