Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1990/11/12 00:00

SIEMPRE LISTOS

Por primera vez una película presenta a los mafiosos como gente común y corriente.

SIEMPRE LISTOS

"Buenos muchachos". Escrita y dirigida por Martin Scorsese. Con Robert de Niro y Ray Liotta.
Las primeras escenas de esta película anticipan al espectador el clima de tensión, violencia y sorpresa que marcará las dos horas y veinte minutos que siguen. Por una carretera, de noche, avanza un automóvil descomunal. Tres hombres hablan despreocupadamente, perezosos, hasta cuando un ruido desconocido los alerta.
Orillan el auto y comprueban que el extraño sonido proviene del baúl. Alzan la tapa con cautela y descubren bajo la luz de las linternas, en el silencio de la noche, el cuerpo ensangrentado de un hombre que ha estado pateando para que lo liberen. Sin pensarlo dos veces, uno lo ataca con un cuchillo descomunal y el otro lo remata a tiros, mientras el tercero sostiene la linterna. Los tres amigos han completado su misión, la misma que según se verá una hora más tarde, afectará sus vidas para siempre. Han matado a quien no debían, a uno de los"iniciados" de la mafia, a uno de los intocables y sólo por un incidente menor en un bar.
Estas escenas iniciales le anticipan al espectador que se encuentra ante una película que no disimulará la maldad, ni reducirá la violencia, ni matizará la inmoralidad de estos personajes: los hampones que trabajaban a la sombra de la mafia en Nueva York, pero sin pertenecer a ella porque no son sicilianos sino irlandeses. Son los hampones anónimos que mezclan su obsesión por el dinero, el buen nombre, las mujeres, el licor y la comida, con sus costumbres familiares.Este es el mundo que tanto el director de la película, Martin Scorsese, como uno de sus protagonistas, Robert de Niro,conocieron cuando eran niños y jugaban en las calles llenas de basuras en el mundo de la Pequeña Italia, el mundo de los mafiosos domésticos, los hombres de respeto que son capaces de hacerse matar para defender su honor.

Martin Scorsese, apoyado en un libro escrito por el guionista Nicholas Pileggi y basado en las confesiones reales de Henry Hill, un mafioso que se convierte en testigo de la fiscalía contra el crimen organizado, ha logrado la que puede considerarse una de las grandes películas de los últimos años. No sólo por la forma totalizadora como abarca esos 30 años en la vida de los personajes, no sólo por la reconstrucción histórica desde los años sesenta, sino por la manera humana, real y profunda como detalla los elementos cotidianos en la existencia de estos hombres y mujeres para quienes lo más importante en la vida gira alrededor del dinero, sin importar si para conseguirlo hay que matar a alguien.
Scorsese, con catorce películas hasta el momento, es uno de los más importantes directores contemporáneos.
Con filmes que ya entraron en la auténtica leyenda de Hollywood ("Toro salvaje", escogida por los críticos norteamericanos como la mejor de la década, "La última tentación de Cristo", que causó una polémica religiosa y política en el mundo entero, "Nueva York, Nueva York", "Alicia ya no vive aquí" y "Calles peligrosas", entre otras), se catacteriza porque sus personajes en muchas ocasiones son lobos peligrosos que buscan el amparo de la manada para atacar a los demás. Los jóvenes mafiosos de "Buenos muchachos" -interpretados con vehemencia y vitalidad por Ray Liotta y Joe Pesci- están desorientados, son amorales y rebeldes, y sin embargo siempre buscan el amparo de sus jefes naturales, sus amigos y sus familiares.
El protagonista en la vida real, Henry Hill, según lo confiesa en el libro y en la película, siempre quiso ser un delincuente. Creció en la calle, peleando con los demás, faltando a la escuela, escapando a los castigos del padre y a la tristeza de la madre. Desde muy pequeño es empleado como mensajero por el jefe del barrio (interpretado con sobriedad por Paul Sorvino) y adquiere, con el tiempo, la conciencia de permanecer fuera de la ley. Miente, roba, destruye la propiedad ajena, cobra el dinero entregado como tributo por los pobres comerciantes, presencia asesinatos, facilita numerosas muertes y poco a poco se va curtiendo estos trabajos: es un hampón, eso no le quita el sueño y se siente orgulloso cuando puede estrenar su primer traje.
La vida de Hill da un salto enorme cuando conoce a un malhechor veterano, mayor que él, Jimmy Conway (interpretado por De Niro, quien por sexta vez trabaja con Scorsese), al lado del cual va a conocer toda suerte de artimañas para que la delincuencia sea más productiva.Siguiendo el relato del propio Hill, alternado con el de su mujer (es la primera vez que en el cine se conoce lo que piensan las mujeres de los mafiosos porque, en términos generales, las mujeres de estas "familias" sólo sirven para la cama y la cocina, gracias al machismo de sus padres, hermanos y maridos), Scorsese cuenta su historia en pequeños capítulos, como si hiciera altos en el camino, recordando algunos detalles, regresando a ciertos momentos, insistiendo en algunas frases y en algunos gestos para que el espectador no se pierda detalle.
De esta manera "Buenos muchachos" (eso es lo que son estos personajes, buenos muchachos, que cumplen con los encargos que les imponen, que obedecen las órdenes, que forman parte de todo un ritual de la muerte y de la destrucción) es la mirada totalizadora sobre un mundo que está ahí, que sigue avanzando mientras los negocios sucios prosperan. Scorsese no ha inventado nada: esos hampones anónimos y sin importancia alguna siguen actuando, robando y matando, y la película, que no es una apología, simplemente los muestra en su medio natural, respirando o agonizando, matando o ganando mucho dinero.
Ante una película como ésta, el espectador piensa en" El padrino", en"Caracortada" o en "Erase una vez en América", para citar unos cuantos títulos relacionados con personajes de la mafia.Pero Scorsese va más allá, porque no muestra una visión romántica de los delincuentes sino su vida cotidiana, con sus alegrías y pesares y, sobre todo, con su capacidad de traición, que forma parte de su moralidad. Ellos no traicionan por sentimiento alguno. Lo toman como una decisión de negocios. Con la misma facilidad besan, traicionan y matan. Y nada más. Ahí están los tres amigos, haciendo y deshaciendo, robando en el aeropuerto, liquidando a un enemigo, comiendo pasta con mucha salsa de tomate junto a la madre de uno de ellos (en la vida real, es la madre de Scorsese), haciendo el amor a sus mujeres y amigas, cultivando flores, yendo a la playa, bebiendo, bailando, divirtiéndose como si en vez de mafiosos fueran médicos o abogados o periodistas. Eso es lo que más cautiva de la película. Que los hampones no tienen aureola alguna. Son iguales a todos los mortales... O casi iguales.

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