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| 10/29/2001 12:00:00 AM

Silencio

Gidon Kremer con la Kremerata Baltica grabaron un disco consagrado a obras contemporáneas, en el cual la profundidad va a la par con la belleza de la música.

Salvo muy contadas excepciones, las casas disqueras no le apostaron muy decisivamente a la música contemporánea durante la segunda mitad del siglo XX. Convengamos en que tampoco el público puso mucho de su parte. Hubo muchas razones. Empezando por la más obvia: que era más seguro apostarle a una inversión que llevara la rúbrica de Beethoven o Mozart, que a un compositor nuevo. Por otra parte, el público —el gran público del siglo XX— pareció entusiasmarse más con los siglos XVIII y XIX, que con su propio tiempo. Además, la ruptura entre música popular y ‘clásica’ —o como se la quiera llamar— durante el siglo XX fue tan abismal como nunca ocurrió en el pasado.

Los músicos populares, animados claro está por las casas disqueras, hicieron todas las concesiones habidas y por haber para conseguir el éxito en un negocio que mueve millones de millones; mientras tanto, los compositores ‘contemporáneos’ prefirieron encerrarse en sus torres de marfil, y su obra se convirtió en el patrimonio de apenas unos pocos iniciados.

El violinista ruso-alemán Gidon Kremer (1947) es una de esas raras excepciones. Desde 1970 forjó su prestigio con el repertorio tradicional y gracias a innumerables grabaciones logró el reconocimiento internacional, que en seguida puso al servicio de la música contemporánea, de la cual ha sido desde siempre un ejemplar defensor y divulgador.

Por fortuna las casas disqueras empiezan a mostrar en los últimos años un genuino interés por lo contemporáneo. Algunos compositores parecen dar un giro importante en su música y de nuevo, como ocurría en el pasado, van al encuentro de la sensibilidad de los oyentes. Cierra este cuadro el público, definitivamente más interesado hoy en día por las propuestas de compositores como el chino Tan Dun, el británico John Tavener, el norteamericano Philip Glass, o el lituano Arvo Pärt.

Esas son las felices circunstancias que rodean a Silencio, la más reciente grabación de Guidon Kremer con la Kremerata Baltica, que el sello Nonsuch acaba de poner en el mercado.

Como ocurre con los proyectos musicales de Kremer, no se trata simplemente de una recopilación de buena música magistralmente interpretada. La propuesta parte de un profundo concepto de introspección, que a su vez hunde su raíz en Silentium!, un poema de Fedor Tyutchev fechado en 1830. El disco sugiere eso: la música como un vehículo para ir al fondo de sí mismo.

Una idea que podría resultar desalentadora, o por lo menos excluyente. Pero no hay tal, porque al fin y al cabo, por encima de cualquier reflexión de orden intelectual, en esta hora de grabación se impone lo que es realmente importante: la belleza de la música. Así como suena: se trata de una selección de cinco obras capaces de sorprender y también de emocionar al oyente: música contemporánea definitivamente hermosa.

Dos obras son del lituano Arvo Pärt: Tabula rasa de 1977 y Darf ich, original de 1995, en versión revisada del 99, de contenido más agresivo y extrovertido.

De Philip Glass está la música encargada por Fredrick Neuman para Company, el monólogo inspirado en la novela breve de Samuel Beckett, una obra de ricas variaciones ligadas a la riqueza del texto original.

La quinta obra es probablemente la gran revelación del disco: Come in! de Vladimir Martynov; una especie de Suite en seis movimientos, de admirable inspiración y tono calmado, en el que el discurso de las cuerdas se interrumpe de vez en cuando para dar espacio a una sencilla percusión de tono descriptivo: “Golpea para entrar en la celda de tu interior”, la frase de un antiguo eremita ruso a su discípulo, que es la clave que Martynov brinda al oyente para ir al fondo de su creación.

Valga la insistencia: la interpretación es insuperable, Gidon Kremer se mantiene en la cumbre de sus condiciones de violinista extraordinario en los abundantes pasajes solistas que enfrenta, y la Kremerata Baltica toca con algo más que calidad: ¡con convicción!
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