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| 1/8/1990 12:00:00 AM

SIN COMPASION

En "Oración por Owen", John Irving escarba en el alma de la Norteamérica actual.

El novelista norteamericano John Irving, a los 47 años de edad es uno de los más populares entre los buenos lectores, con historias cargadas de ironía, humor negro, desesperanza, nostalgia y erotismo con títulos como "El mundo según Garp", "Hotel New Hampshire", "Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra", "Dos parejas", "La epopeya del bebedor de agua" y ahora esta densa, alegórica, triste y alegre novela "Oración por Owen". En ella, el escritor utiliza los personajes de dos buenos amigos, Owen y John, para reflejar el desencanto de su generación ante el fracaso de numerosos valores morales, religiosos, intelectuales y económicos en los últimos 30 años de historia norteamericana.

Esta es la crónica del segundo regreso de Cristo a la Tierra, encarnado en un personaje que tiene la voz como de tira cómica, chillona e hiriente, mortificante para quienes resisten la tentación de taparse los oídos cuando lo escuchan hablar (por eso los diálogos de Owen están levantados en mayúsculas para que el lector sienta enseguida el rechazo de la anormalidad), con una estatura que no sobrepasa el metro y medio, con premoniciones extrañas que le permitan por medio de frases cerradas contarle a su buen amigo John lo que ocurrirá en los próximos días. Las relaciones de los dos personajes cobran un aspecto fantástico y doloroso cuando ambos tienen 11 años es el verano caliente de 1953, están jugando béisbol y Owen está al bate, irónicamente, el peor de todos, el que jamás roza la pelota: entonces Owen le pega a la bola y la madre de John una mujer hermosa que apenas lleva un año de casada con el segundo hombre en su vida, un profesor universitario (al primero apenas lo conoció en un tren, durante el tiempo suficiente para quedar embarazada de John, olvidando su rostro y su nombre), recibe el batazo en la sien izquierda y muere instantáneamente en presencia de jugadores y espectadores.

Owen y John son tan amigos, han compartido tantas cosas, que la muerte violenta de la hermosa mujer no los separa. Al contrario, sirve para compenetrarlos más y la novela, que es contada con un lenguaje cinematográfico emocionante, rico en detalles, con una técnica que el escritor jamás descuida, sigue entonces las vidas paralelas de quienes se convierten en maestro y discipulo, con ese Owen que predica tantas virtudes y ese John que será el mejor testigo de esa nueva incursión de Cristo en una tierra como la Norteamérica de los sesenta, avergonzada y herida por Vietnam, traicionada por los hippies, manipulada por los políticos sucios, empujada por los falsos profetas y embarcada en la aventura miserable de cambiar la conciencia por unas monedas.
Dos simbolos permanecen en la relación de los dos personajes, seguidos de cerca por la abuela de John, una anciana extraña que ve más allá de las paredes: un armadillo mutilado que los dos amigos comparten alternativamente y un maniqui que alguna vez fue testigo de las caricias inocentes que la madre de John le hizo en su cama al enfermo, tembloroso y miedoso Owen.

Pocos observadores del ser humano, sus conflictos, su entorno moral, sus trampas politicas e ideológicas como Irving.

Cuando Owen entra una madrugada a la habitación de la madre de John y se encuentra con un ángel, la muerte que quiere llevársela y la espanta, o después cuando guarda en el bolsillo los panties de su amiga Hester, o su misma reacción después del batazo mortal, surge como un ser patético pero puro, solitario pero fuerte en sus convicciones, pequeño pera empujado por esas premoniciones que va soltando asustado, aunque siempre supo lo que significaba estar vivo en esa época y ese país.

Sobre el simbolismo que encontramos en toda la historia, el mismo Irving comenta: "Owen siente que es un instrumento de Dios. La imágen del armadillo sin patas y el maniqui sin brazos y ese Owen con los brazos arrancados conducen a la imagen de un hombre predestinado. Es que el destino no está en sus manos, no puede controlarlo y el armadillo es un imperio que se deteriora moral y políticamente".

Este es, indudablemente, uno de los grandes libros de los últimos años.
Muestra a un escritor formidable en plena madurez, echando mano de la tragedia y el humor para sacudirnos a todos.-
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