Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 5/7/1990 12:00:00 AM

SIN COMPLEJOS

El Teatro Libre logra un buen montaje con el "Edipo" de Séneca.


¿Cárcel, hospicio, sanatorio o manicomio?¿Qué representa el escenario de "Edipo" en la obra de Séneca que puso en escena Ricardo Sarmiento en el Teatro Libre? Se está muy lejos, es evidente, histórica, cultural y teatralmente, de los míticos y feraces paisajes tebanos en donde Edipo y su madre Yocasta conviven él como su legítimo esposo y bajo las premoniciones de un cúmulo de culpabilidad y tragedia infinitas. Un paisaje anónimo aquel, si no fuera porque los mil rostros de los dioses terribles le dan al ambiente, sobrecargado de negros presagios, el horror de lo inevitable. Pero aquí, en la cárcel en el hospicio, en el sanatorio o en eL manicomio, ¿qué queda de la ardua empresa de Edipo?¿Qué de Yocasta, del pueblo, invisible pero presente, para buscar la razón o el sentido para poder sobrellevar la tragedia? Esta traslación tan difícil como problemática, que emprendió Ricardo Sarmiento en su montaje, conlleva también toda una traslación si no del sentido trágico de "Edipo", por lo menos sus condiciones para comprenderlo. Y así el público que buscaba en la obra original las ya clásicas lecciones se ha llevado un susto, si no ha congelado su entendimiento bajo la apariencia de una decepción.
La operación llevada a cabo por Ricardo Sarmiento exige una instantánea y por eso difícil destrucción de los moldes y de las imágenes, desde las cuales hablan Edipo y su entorno trágico. Pues ¿cómo reconocer al héroe en aquel desvalido personaje que balbucea como una queja en el lenguaje perplejo de su temor, las razones y sinrazones de su tragedia? O a Yocasta ¿cómo reconocerla en esa ensoberbecida mujer, vampiresa de una noche? ¿O aquel Tiresias severo y un poco ausente como el mensajero de la Esfinge? Y el coro, ¿por qué anda disuelto en el aire? Todo indica una ruptura radical en el montaje del Teatro Libre, una ruptura frente a la tradición clásica del teatro antiguo. Han sido suprimidas las grandes figuras heroicas, los momentos patéticos más apasionados, la invisible e irrefrenable fuerza del destierro, se ha opacado; el drama mismo con sus apremiantes interrogantes ha bajado a una mínima intensidad, como si las resistencias que dejan pasar grandes flujos de corriente se hubieran debilitado. La tragedia se ha internado, en suma, en una cárcel, en un convento, en un sanatorio, en un hospicio. Podría decirse que Sarmiento quiso desterritorializar a los personajes clásicos para llevarlos a una condición de encierro en donde la tragedia ya no proviene de los enigmáticos designios de los dioses, sino del mito que ha sido interiorizado. Es como si se le advirtiera al espectador que la historia de Edipo ya no pertenece más al pasado, ni la figura poética, ni los personajes trágicos, sino que ese mito se ha diseminado por todos los ámbitos de la cultura, que es universal e impersonal, pero aun así individual y que se encuentra justamente allí, en "el teatro de nuestro espíritu", como decía Mallarmé, "prototipo del resto". No estamos, sin embargo, lejos de Freud, parece decirnos el director sin negar ni afirmar nada al respecto. Una simple sugerencia, Tiresias y la pipa componen momentáneamente una alusión al psicólogo vienés, su retrato fugaz.
Encerrados en las cuatro paredes de este lugar de monótono claroscuro, los personajes del "Edipo" de Séneca viven su condición abstracta en la medida en que sólo su discurso drámatico los encadena unos a los otros, como si la fatalidad del lenguaje los atara bajo un destino que en ellos se cumple: su mutua destrucción.
Entonces el discurso del "Edipo" de Séneca revela, más que la fatalidad de la acción, la fatalidad de la palabra. Como es sabido, Séneca, más que para ser representada, compuso su obra como un recitativo, casi como una salmodia. Este elemento del lenguaje violentamente separado de la acción es lo que hace del montaje de Sarmiento algo realmente moderno, original y problemático. Con el uso de la radio, portadora de la voz, lleva a cabo esta ruptura del lenguaje personal para asociarlo a una relación con la totalidad, en la tragedia, como destino preindividual.
Al final los personajes han cumplido su tarea. Ante lo irrevocable, la simetría de la escena nos revela entonces una curiosa paradoja. Tiresias es también Edipo, un Edipo viejo y cansado. La historia se repite, pero hacia atrás hacia el pasado histórico o imaginario. Este "Edipo" llega a ser tan trágico por que si el director desde la penumbra de la habitación pone en marcha a su héroe, es para llevarlo, más allá de la muerte al encuentro con su figura primordial y así restituirlo al suelo fértil del mito de donde lo había arrancado, no sin violencia, en su elíptico movimiento.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1855

PORTADA

Exclusivo: la verdadera historia de la colombiana capturada en Suiza por ser de Isis

La joven de 23 años es hoy acusada de ser parte de una célula que del Estado Islámico, la organización terrorista que ha perpetrado los peores y más sangrientos ataques en territorio europeo. Su novio la habría metido en ese mundo.