Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1988/09/05 00:00

SIN REMEDIO

En su última novela, "La Ratesa", Gunter Grass pinta un sombrío panorama para la humanidad.

SIN REMEDIO

La nueva novela del escritor alemán Gunter Grass se llama "La Ratesa" y tiene doce capítulos, con 444 páginas. A diferencia de otros libros suyos (es uno de los autores europeos más prolíficos, constantes y polémicos: hay que recordar su pelea pública con Mario Vargas Llosa, cuando éste llamó mensajero de Fidel Castro a García Márquez durante el congreso mundial del PEN en Nueva York, en enero de 1986), y aunque numerosos personajes, temas y situaciones se reiteran, se profundizan , en esta novela los recuerdos de infancia y juventud no conforman el material principal. Por el contrario, a la manera de una Casandra desencantada y cínica, Grass propone un futuro destrozado por la lluvia ácida y las bombas, un futuro donde ya no cabe esperanza alguna mientras los hombres-ratas intentan sobrevivir como pueden.
Todo comienza cuando el protagonista, un hombre cínico y solitario, pide una rata como regalo de Navidad. La recibe, después de muchas peripecias, dentro de una jaula de alambre, con los barrotes pintados de blanco y el interior amoblado con una casita de madera, su biberón y su utensilio para la comida. Con sus deditos rosa, que sostienen la nuez o la almendra, con bigotes que todo lo captan, con su cola pelada y un sentido enorme de mimetismo, el animal hará girar la historia a su alrededor convirtiendo al otro en una especie de esclavo, un personaje sumiso que la escuchará en largas disertaciones sobre temas que el lector irá hilando y acomodando a lo largo de una crónica que es también un resumen de las zozobras actuales de la Humanidad. Son disertaciones sobre cómo las ratas han tenido un papel clave en la Historia, desde el Arca de Noé pasando por las grandes invasiones y conquistas, hasta este diálogo tremendista que sostienen los dos amigos.
Es un libro amargo, desencantado, triste y apocaliptico. La carátula de la edición de Alfaguara, con un trasfondo de ruinas sobre un tono violeta y la rata en primer plano, parece el afiche de una película de ciencia-ficción, donde caen las bombas y las ciudades son arrasadas y ninguna esperanza flota en el aire. Aquí la lectura, como ocurría con sus novelas anteriores, no será divertida. Es que en "El gato y el ratón" el lector gozaba con las peripecias de esos muchachitos en el puerto alemán, en el agua sucia, buceando en busca de tornillos y piezas perdidas por los submarinos, durante la Segunda Guerra; en "Años de perro", estaba el proceso duro y ridículo de la reconstrucción de una nación entera, a pesar de sus mismos hijos y, en la que algunos consideran su obra maestra, "El tambor de hojalata", el lector padecia con Oscar, el muchachito que se negó a crecer, observando todo el proceso de descomposición de un pueblo mientras el niñohombre rompía vitrales con sus aullidos y no paraba de tocar el tambor.
En "El Rodaballo,, se tenía la deliciosa visión de la historia del ser humano a través de la comida, a través de esas descripciones gastronómicas concedidas por un pez que fue atrapado por ese hombre neolitico, ante quien desfilan los principales personajes y acontecimientos del mundo. Era, en esos libros, el espectáculo ameno de un Grass rebosante de optimismo, de humor negro, aun cuando hiciera inventario de desgracias. Pero su cinismo, sus ganas de tomarle el pelo al lector, convertían las situaciones más violentas en zonas de lectura donde cabían la sonrisa y el goce. Era otro Grass, más optimista, más convencido de la utilidad de ciertas fórmulas literarias, políticas y humanas.
En "La Ratesa", la vitalidad, el optimismo y la alegria a los cuales nos tenía acostumbrados el autor, han dado paso a un sentimiento oscuro, pesado. Parece una sucesión de erupciones en torno a un futuro que no es grato ni amable y que Grass contempla, acompañado por sus dos personajes y todos los hombres y mujeres que los rodean, con un sentido de premonición que no deja nada a la alegria.
La conciencia política y crítica de Grass es reconocida, y no sólo en sus libros: con frecuencia aparecen articulos suyos que advierten sobre desastres ecológicos, el ascenso de grupos nazis dentro de la nueva Alemania y otros temas cotidianos y polémicos que son retomados en "La Ratesa". Esta obra es una especie de breviario sobre desgracias domésticas, que van aumentando mientras un grupo de mujeres avanza en una barcaza que ha sobrevivido a toda clase de conflictos. Mujeres ecologistas ante cuyos ojos, y gracias a la sorprendente prosa de Grass, desfilan todas las inmundicias, toda la contaminación, toda la descomposición que el mismo hombre produce. Cuando la tierra esté desolada, cuando las bombas de neutrones y los hombres-ratas imperen con sus costumbres, entonces las palabras y las imágenes de esas mujeres ingenuas serán como un bálsamo en medio de tantos arañazos.
Algunos piensan en Kafka y George Orwell a propósito de esta nueva salida de Grass. Lo llaman utópico, negativista pero, cuando utiliza los personajes de los cuentos de los hermanos Grimm como sarcástica referencia a una felicidad que ya no cabe en ese bosque amenazado, en medio de su amargura, todavía asoma el Grass que es capaz de hacer un alto en sus descripciones apocalípticas para darle paso a un ramalazo poético.

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