Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1993/10/11 00:00

Sintonía de amor

Sintonía de amor

Sintonía de amor
Esta película es considerada la mejor comedia de amor desde Harry y Sally.
POCOS FILMES LES pueden gustar más a las mujeres, sobre todo a aquellas que crecieron con la generación romántica de Hollywood. Promocionada como la mejor comedia de amor desde Harry y Sally, Sintonía de amor ha sido una de la sorpresas taquilleras del verano en Estados Unidos. En los primeros 10 días de exhibición recaudó 45 millones de dólares.
Bajo la dirección de Nora Ephron (nominada al Oscar por su guión de Harry y Sally) y protagonizada por Tom Hanks y Meg Ryan, la cinta narra la historia de un encuentro de amor hilvanado por el destino.
Annie (Meg Ryan) está a punto de casarse, pero un programa radial, en el que escucha los lamentos de Sam (Tom Hanks) por la muerte de su esposa, la hace dudar de sus verdaderos sentimientos. En realidad, ella se ha enamorado de la voz de aquel solitario y triste personaje. Nunca se han visto, sus vidas son opuestas, pero en todo caso se sabe que la magia del amor los ha de unir en la noche de San Valentín.
Lo más sorprendente de esta película es la sencillez con que la directora logra rescatar un género que parecía sepultado hace mucho tiempo. En una época donde el cine ha cambiado el romanticismo por las relaciones tormentosas, para el público resulta gratificante una cinta que no pretende más que reivindicar el amor simple, esa búsqueda elemental del compañero eterno de viaje.
Algunos podrán decir que se trata de una trama un tanto plana y reforzada, pero lo cierto es que el que va a verla sale feliz, algo que ya no es normal en los teatros. El espectador tiene la sensación de que acaba de ver un clásico de hace 30 ó 10 años. Como historia de amor es tan inverosímil y tan previsible que no se entiende el éxito taquillero. La única explicación sale del propio argumento de la película, que le recuerda al público una sentencia difícil de refutar: el amor es ciego.

El actor del futuro
TAL VEZ NO GANE LOS MISMOS millones de dólares que Macaulay Culkin, pero actualmente el joven Elijah Wood, de tan solo 10 años, es el niño mimado de Hollywood. La razón es sencilla.
Si el cotizado protagonista de Mi pobre angelito es la estrella infantil, el pequeño actor de Avalon es el actor.
Su caracterización en la cinta de Barry Levinson, así como en Un lugar llamado paraíso, al lado de Don Johnson y Melanie Griffith, y en Eternamente joven, con Mel Gibson, han hecho que los directores lo tengan en cuenta para papeles cada vez más importantes.
En los próximos meses el público tendrá la oportunidad de verlo en Las aventuras de Huck Finn. Sin embargo, la gran comparación entre Culkin y Wood se verá en The Good Son, un thriller que los dos protagonizan. Los primeros rumores son a favor de Wood, de quien los especialistas afirman que prácticamente devora en su papel al gracioso Culkin.

MUJER FATAL
CUANDO FILMO la mediocre versión contemporánea de Sangrea y arena, en 1989, Sharon Stone no era nadie.
Sin embargo, después del éxito comercial de Bajos instintos, por la que cobró 300 mil dólares, la "diosa sexual" del momento, como la catalogan, disparó su carrera de actriz.
Su próxima aparición será en la película Intersection, un remake de la película francesa dirigida por Claude Sautet, en donde compartirá honores con Richard Gere y Lolita Davidovich. Su actuación costará a los productores cerca de tres millones de dólares, más porcentaje sobre los beneficios. Lo curioso del asunto es que la Stone insiste en dejarle a Davidovich el papel de vampiresa, para despojarse de su imagen de mujer fatal. En la película ella sería la inocente esposa de Gere.


Sliver
Un aburrido y claustrofóbico thriller erótico.
JUZGADOS CADA uno en particular, los elementos que reúne esta película podrían dar para una excelente realización. Tiene el retorno de Robert Evans, el productor de El Padrino, después de varios años de ostracismo; tiene la diosa contemporánea Sharon Stone, el más cotizado símbolo sexual del momento; tiene el guionista mejor pagado del mundo, Joe Eszterhas; tiene el morbo de Bajos instintos o de Atracción fatal. Pero, a pesar de todo esto, Sliver ha resultado un fracaso.
Basada en el libro del mismo nombre de Ira Levin, autor de El Bebé de Rosemary, la película describe la relación entre un voyerista (Robert Baldwin) dueño de un edificio de apartamentos y su nueva inquilina (Sharon Stone). Con extraños casos de suicidios y asesinatos, la historia se va desarrollando en torno a un aburrido romance, en el que se atraviesa de vez en cuando la figura de Tom Berenger, como el tercero en discordia.
Aparte de los desnudos de la Stone, Sliver no pasa de ser un truculento, sonso claustrofóbico thriller erótico, en el que el voyerismo moderno (el de los circuitos cerrados de televisión) promete ser el gran mecanismo de tensión, pero termina siendo un distractor demasiado débil para surtir el efecto deseado.
En consecuencia, no es raro que el espectador decida retirarse antes de que la cinta haya culminado.

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