Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2002/04/29 00:00

Soledad, la mala consejera

En su nueva novela la periodista y escritora Silvia Galvis recrea la vida y la época de Soledad Román, el poder detrás del trono en tiempos de Rafael Núñez.

Soledad, la mala consejera

Mas de una decada de investigación, lectura, escritura y reescritura le tomó a Silvia Galvis llevar a feliz término su última aventura editorial: Soledad, conspiraciones y susurros, una novela histórica que gira en torno a la figura de Soledad Roman, concubina y luego esposa del presidente Rafael Núñez.

Esta es una historia bastante delirante, algo así como la del rey Enrique VIII pero al revés, la de un presidente que, para legitimar su unión libre con una mujer, en vez de inventarse una nueva iglesia que le permitiera anular su vínculo con su legítima esposa le devuelve a la Iglesia Católica todo el poder y las prebendas que le habían quitado José Hilario López, el general Tomás Cipriano de Mosquera y los radicales en los años 50 y 60 del siglo XIX. Un delirio total pues estos mismos radicales, que se proclamaban a sí mismos librepensadores e incluso ateos, acusaron a Núñez, ya presidente, de vivir en el oprobio y la inmoralidad de una unión marital no bendecida por la Iglesia Católica, apostólica y romana.

Eran tiempos turbulentos de guerras, intrigas y chismes, de utopías y represiones. Más que una novela histórica acerca de un personaje muy influyente en su tiempo pero del que poco se ha escrito, Soledad, conspiraciones y susurros recrea el fracaso del radicalismo de mediados del siglo XIX y “cómo Colombia, al llegar la Regeneración, vivió un retroceso sin igual en su historia, señala su autora. Con los radicales Colombia adoptó los pensamientos de la vanguardia europea en los campos de las ideas, la libertad de expresión y el libre debate, en ciencia y tecnología, y de pronto el país volvió a caer en manos de la Iglesia, de un dogma, de una verdad absoluta. Como decían los radicales, peleamos las guerras de la Independencia para que nos gobernara el Papa”.

El libro está escrito en un lenguaje que recuerda a los prosistas del siglo XIX. “Leí muchos libros, no sólo sobre la época —es decir, del siglo XIX visto desde la perspectiva del XX— sino también libros escritos en la época, como por ejemplo las obras completas de Manuel Murillo Toro, así como apartes de las obras completas de Miguel Antonio Caro porque leérselas todas es una tarea imposible”. Pero no es, como pudiera deducirse de lo anterior, un fárrago retórico de frases interminables. Por el contrario, Silvia Galvis logra un relato de gran agilidad en el que combina en una misma frase información histórica con detalles muy precisos de los personajes, sus conflictos, su vida cotidiana; cuando es necesario transcribe documentos al pie de la letra, en otras ocasiones toma apartes de varias cartas para resumirlas en una sola, en otras las inventa sin que se note cuándo se trata de una transcripción y cuándo de una frase cosecha de la escritora.



‘Misia Sola’

Silvia Galvis encontró el tema casi que de casualidad. “Yo venía leyendo mucho acerca del siglo XIX desde que investigue para escribir mi novela ‘¡Que Viva Cristo Rey! Había llegado a finales del siglo XIX y, como suele suceder cuando uno investiga, siempre quiere ir mas allá, en este caso más atrás en el tiempo”. Al principio quiso escribir una novela sobre el general Rafael Uribe Uribe pero se dio cuenta de que, siendo mujer, le costaría mucho meterse en la ropa de un hombre que además era general y guerrero. “Por el camino de la bibliografía me topé con Soledad Román. Me encontré con que por cada tres libros completos publicados acerca de Rafael Núñez se habían impreso dos líneas sobre la señora Soledad”. Pero esas dos líneas le resultaron más que suficientes para concluir que ‘Misia Sola’ había sido un personaje muy influyente, con mucha capacidad de intriga y también para resolver las cosas a su antojo. Para armar semejante novela Silvia Galvis tuvo que investigar. Y mucho. “Como dice Gabo, para poder inventar hay que investigar”. Y para encontrar el material que le permitió escribir una novela de 888 páginas con base en las escasas referencias disponibles de su personaje Silvia Galvis se encerró en varios archivos. “En el Archivo Vaticano encontré toda la correspondencia del ir y venir de notas y cartas de los enviados del Papa que negociaban con el gobierno de Núñez el regreso de Colombia al redil de la Iglesia. Esos archivos son fuentes de información muy valiosos para recrear los detalles íntimos de una historia como esta”. En esa época era muy normal que esas cartas oficiales estuvieran plagadas de chismes, de detalles mínimos como, por ejemplo, cómo había ido vestida tal o cual persona a una recepción determinada o cómo había saludado o dejado de saludar el arzobispo de Bogotá a doña Soledad. “Uno empieza a buscar y a medida que va buscando aparecen nuevos episodios. Uno pensaría que es necesario inventar mucho y darle vueltas a todo para escribir un libro tan largo como este. Pero en realidad es al revés, y por eso me vi a gatas para poder meter toda esa información y todos esos episodios en tan solo 888 paginas”.

Empezar a escribir tampoco fue fácil pues tuvo que dejar pasar el tiempo para tomarle distancia a un personaje tan opuesto a ella y así no correr el riesgo de escribir una diatriba contra ‘Misia Sola’.

¿Qué lecciones le dejó el libro? “Me permitió ver cómo se repite la historia una y otra vez. La corrupción generalizada y el clientelismo de la Colombia de hoy parecen calcados de los tiempos de Núñez.También da tristeza ver cómo la historia oficial ha convertido a Núñez en un personaje de gran envergadura, en el presidente colombiano más importante del siglo XIX. Es como si los turbayistas se apoderaran de la historia y dentro de 100 años a nuestros bisnietos les enseñaran en el colegio que el estadista más importante del siglo XX fue Julio César Turbay Ayala y a duras penas les mencionaran el nombre de Alfonso López Pumarejo”.

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