Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2008/04/19 00:00

Sólo latonería y pintura

Muchas inquietudes le deja al arquitecto y crítico Emilio Sanmiguel el proyecto de remodelación del Teatro Colón. ¿De qué sirve readecuar un teatro si no se moderniza el escenario, se pregunta.

El Teatro Colón se encuentra cerrado y reabrirá sus puertas el 20 de julio de 2010

Todos los teatros en Bogotá tienen problemas. La proximidad entre filas hace de las funciones un infierno, y las cafeterías, las zonas sociales y los servicios son insuficientes, para no mencionar casos como el teatro del Gimnasio Moderno, con un ventanal que impide oscurecer el interior. Carecen de parqueadero. Cuando lo hay, como en Colsubsidio, se comparte con el supermercado y tiene sólo un acceso, de colas interminables.

Hay problema en los escenarios, que deberían tener tramoya y hombros. En tramoya se ocultan luces y telones; en los hombros, a los lados, están los actores, cantantes, extras, coro, cuerpo de ballet y los decorados que, como carros gigantescos, se deslizan hacia el proscenio. ¡Ninguno tiene hombros!

Siguen las 'tripas': camerinos para albergar hasta 150 personas, enfermería, utilería, cafetería, maquillaje, peluquería, salas de ensayo y talleres de escenografía y vestuario, porque, como dijo Jorge Arias de Greiff, conocedor del tema, "un teatro es donde se fabrican escenarios y se montan espectáculos".

Pero no es así. En los teatros viejos, porque lo son. Y en los nuevos, por mal diseño. El Colón es un compendio de defectos: su disposición en herradura afecta la visibilidad, la silletería es incómoda y el gallinero, humillante. Además, cuenta con zonas sociales, cafeterías y servicios insuficientes.

En el escenario la inclinación del piso lo hace peligroso para ballet. No hay hombros y para ir a los laterales, unas arcadas generan un laberinto donde un diseñador no puede crear con libertad. La enfermería da grima, la cafetería de artistas es una pocilga, no hay salas ni de maquillaje ni de ensayos y la utilería da risa.

Pero todo se le perdona por ser el Colón. Es un edificio precioso de estilo italiano, generoso en dorados y terciopelo, con un enorme candelabro de Baccarat que cuelga de un plafond que representa las Artes, y el "telón de monos", La apoteosis de la ópera, es un lienzo monumental pintado hace un siglo en Florencia por Annibale Gatti. Allí se aplica eso de que "quien no juzga por las apariencias es insensato": está sucio y la grasa se ceba en las paredes, como alertando que si el cuerpo sufre, el alma pena.

La tramoya es dantesca, los cables eléctricos serpentean como lombrices, pulula la humedad, las palomas anidan y un plástico protege el plafond de las goteras. En los últimos años hubo dos conatos de incendio.

El Colón es a Bogotá lo que su homónimo a Buenos Aires, la Scala a Milán, el Covent Garden a Londres, el Liceo a Barcelona o La Fenice a Venecia. Pero hay una diferencia con sus pares, que son símbolos urbanos y epicentros artísticos, donde saben que al bajar la luz desaparecen los dorados y comienza a latir su corazón: ¡el escenario!

Milán, Londres, Buenos Aires y Venecia se modernizaron porque saben que la vigencia de un teatro está en el escenario. Lo demás es romanticismo. En 2006 el Ministerio de Cultura planteó al Consejo Nacional de Monumentos su restauración.

Ya desde 1980, por las Temporadas de Ópera, se veía la necesidad de modernizarlo; en 20 años se armó un conjunto de tres predios colindantes: el del teatro, el del Teatro Delia Zapata y un lote posterior, que permitirían hacerlo. Lo cual es posible.

Pero este no es más que un caso de ineficiencia, incompetencia e improvisación estatal. El pasado 24 de marzo el teatro cerró "para iniciar los trabajos que deben concluir para el bicentenario de la Independencia, en 2010", pero dos años no alcanzaron para elaborar planos y formular un plan para los tres lotes. De hecho, la modernización del escenario ni siquiera se contempla, no hay planos constructivos y apenas arrancan los estudios preliminares.

Encabeza el equipo Clarissa Ruiz, directora del Artes del Ministerio de Cultura, una apasionada del tema, pero no la profesional idónea para una obra arquitectónica tan compleja y especializada. Aún no ha consultado un experto en teatros, profesional que no existe en el país:

"El tema del escenario lo estudiaremos más adelante. No lo veo muy necesario, de pronto se toca el alma del teatro. Además, la baja capacidad de público no lo justificaría", declaró a SEMANA.

El Ministerio cuenta con 9.613 millones de pesos de presupuesto, pero carece de planos constructivos ¿Cómo hacen? Falta criterio para entender que además de monumento, es un teatro y como tal debería ser entendido. De lo contrario, todo terminará en latonería, pintura, luces, aguas y estructura, pero nada en el motor.

El proceso es poco serio: hace unos meses se pensó entregar el Teatro Delia Zapata a la Sociedad de Autores españoles, y el Telón de Gatti casi va a parar al Metropolitano de Medellín; lo salvó su tamaño y que no se puede doblar. Su destino está en veremos. "Pensamos instalarlo provisionalmente en el Teatro de Cafam, pero aún no se sabe…".

¿Es confiable este proceso? ¿Qué pasa si se agota el presupuesto? ¿Y si resuelven terminar a las carreras por el embeleco del bicentenario? ¿Quién responde por el telón, que es patrimonio nacional? ¿Para qué invertir 9.613 millones de pesos sin modernizar el escenario? ¿Quién responde? ¿Aló?

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.