Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2003/11/03 00:00

"Soy felizmente irresponsable"

SEMANA habló con Héctor Abad Faciolince a propósito de su nueva novela: 'Angosta'.

"Soy felizmente irresponsable"

Héctor Abad Faciolince es uno de los novelistas colombianos más exitosos de la actualidad. También es periodista, crítico literario y, en sus ratos libres, traductor. SEMANA habló con él sobre su nueva novela, Angosta.

SEMANA: ¿Cómo podría definir a 'Angosta'?

Hector Abad: Angosta es un territorio imaginario, y también el traslado a la literatura de un clima político y mental contemporáneo. Es una novela que habla de cosas terribles que nos rodean, pero lo hace con una estrategia típica de la poesía, mediante imágenes más indirectas. En la novela hay erotismo, violencia política, segregación y amor. No hablo directamente de Medellín (aunque Angosta es un valle estrecho) ni de Bogotá (aunque en la novela hay un Salto copiado del Tequendama), ni de Berlín (pero Angosta tiene Check-Point), ni de Jerusalén (aunque en la novela haya un muro divisorio), y sin mencionarlas pretendo aludir a todas estas realidades, englobar en un territorio muchos dramas que he palpado y vivido en Colombia, pero también en todo el mundo.

SEMANA: ¿Es 'Angosta' una metáfora de este país?

H.A.: Sí, pero también quiere ser una alegoría del mundo. En Angosta se necesita salvoconducto para entrar en los barrios de los ricos, así como a nosotros se nos piden visas casi imposibles de conseguir para entrar en el mundo de los ricos. En Italia recuperan inmigrantes muertos que se ahogan en el estrecho de Sicilia, en el intento de entrar al cielo. En Inglaterra descubren containers repletos de cadáveres de chinos que se querían colar al país. Y balseros cubanos, huecos mexicanos, polizones de Buenaventura. Sin aludir a esta realidad directamente, Angosta menciona el drama de la emigración. El mundo parece abierto, pero lo está sólo para unos cuantos: los que hacen negocios y los que tienen grandes cuentas bancarias. Para el resto es un mundo cerrado, amurallado.

SEMANA: ¿Hay alguna influencia de novelas como '1984' o 'Un mundo feliz' en la construcción de esta ciudad imaginada?

H.A.: He leído a Huxley y a Orwell, aunque me interesa más Kafka, que no es tan explícito. En Angosta hay algo de ficción futurista -y no es un futuro muy lejano, tal vez unos cinco o 10 años-, pero hago algo muy distinto a la ciencia ficción. Lo que busco es una imagen hiperrealista del mundo contemporáneo. Y para contarlo me siento más cómodo en un sitio que no existe, pero que podría existir. Angosta es también un conjuro para que ojalá no exista nunca.

SEMANA: ¿Cómo logra combinar el oficio de periodista con el de novelista?

H.A.: Son ejercicios muy diferentes. En el primero estoy casado con la realidad y la verdad y debe haber una gran responsabilidad con lo que se dice. En lo literario, en cambio, soy felizmente irresponsable: puedo hacer búsquedas formales mucho más interesantes para mí. Claro que el periodismo me mantiene con la mano caliente y con los ojos abiertos. Es muy útil estar siempre escribiendo, aunque sea en dos géneros literarios distintos.

SEMANA: Pero hace poco tuvo que suspender su columna para terminar 'Angosta'.

H.A.: Para terminar Angosta yo tuve que suspender mi columna en SEMANA porque estaba pensando demasiado en las negociaciones con los paramilitares, en la política menuda, y me estaba metiendo en algo que me afecta directamente y que me podría costar amenazas. En ese clima mental es casi imposible escribir ficción. En esos momentos el periodismo se vuelve tan intenso como la muerte de alguien y produce una tempestad interior y un desacomodo espiritual que no deja concentrarse en nada más, que impide el ensueño de la imaginación.

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