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| 1/13/2018 10:15:00 PM

Stoner de John Williams

Una novela norteamericana de los años sesenta que ha sido redescubierta y convertida en ‘best seller’.

John Williams
Stoner
Fiordo, 2017
302 páginas

The New Yorker llamó a Stoner, “La mejor novela estadounidense de la que nunca has oído hablar”. Publicada en 1965, pasó sin pena ni gloria a pesar de algunas críticas positivas. Estuvo descatalogada hasta que Vintage (2003) y The New York Review Books Classics (2006) la volvieron a editar. Sin embargo, para su consagración definitiva, este clásico desconocido tendría que esperar hasta que la novelista francesa Anna Gavalda lo tradujera al francés y en 2013 se convirtiera en Gran Bretaña en el libro del año. En español apareció en 2010 y solo hasta la edición argentina de Fiordo, el año pasado, se hizo conocida –ya lleva siete ediciones–, gracias, también, a la impecable traducción. Hay grandes libros que tienen que esperar su hora.

Stoner ha sido celebrada generosamente por escritores como Ian McEwan, Bret Easton Ellis y Enrique Vila-Matas. Aunque nadie la describe mejor que el actor Tom Hanks: “Se trata simplemente de una novela sobre un tipo que va a la universidad y se convierte en profesor. Pero es una de las cosas más fascinantes que haya encontrado jamás”. Así es. Stoner es la historia de un hijo de granjeros pobres que es enviado en 1910 a la Universidad de Missouri a estudiar agricultura para mejorar un poco la situación familiar, pero en el curso de sus estudios descubre la literatura: “El señor Shakespeare le habla a usted a través de tres siglos, señor Stoner. ¿Usted lo oye?”. Gracias a esa epifanía, decepciona a sus padres y se convierte en profesor. Tiene un par de amigos que se alistan en el Ejército para combatir en la Primera Guerra Mundial –uno de ellos muere en Francia–, se casa con una perturbada muchacha burguesa de la vecina Saint Louis, tiene una hijita que adora, una amante, un par de colegas que lo odian y unos alumnos que lo admiran. No es más. Es poca cosa la vida de Stoner. Ridículamente sencilla. Sin embargo, desde la primera frase quedamos enganchados con este personaje. ¿Cuál es el secreto?

Para empezar, se trata de alguien anodino que tiene algo heroico. Stoner es un hombre de rutinas, sin ambiciones, que no se atreve. Al igual que el Alfred Prufock de Eliot, “ha medido su vida con cucharitas de café”. A la hora de hacer un balance, él mismo no se califica muy bien. Poco ha hecho, pocos han sido sus logros. No obstante, el lector, que ha sido su cómplice, que ha estado en su mente y ha compartido su visión de mundo, no lo ve así. Stoner ha vivido una vida corriente y ha mantenido la pasión, el amor por el conocimiento, la honestidad. Ha persistido. Esa es su grandeza, esa es su fuerza: “Aunque rara vez evocaba sus años en la granja de Booneville, su sangre conservaba siempre cerca de su conciencia el conocimiento de su herencia, el legado de unos antepasados de vidas oscuras y severas y estoicas, y cuya ética común consistía en afrontar un mundo opresivo con semblante inexpresivo, duro y desolado”.

Por insignificante y desdichada que sea una vida, no le son negados ciertos momentos de plenitud. Stoner, que no se había destacado como profesor, un día descubre que tiene la vocación de enseñar, que puede ser un gran maestro. Stoner, que soporta un matrimonio mal avenido, descubre el amor: “El cuerpo de ella era largo y delicado y suavemente salvaje, y al tocarlo la mano torpe de Stoner parecía cobrar vida sobre la carne. A veces miraba ese cuerpo como si fuera un tesoro macizo cuya protección le había sido confiada”. Una semana apenas, unos pocos instantes de dicha, iluminan la existencia más gris.

Pequeños héroes, vidas oscuras que se reivindican: eso es algo importante. Pero no es suficiente para explicar por qué Stoner es una obra maestra, porque al terminar de leerla se confunde con nuestros recuerdos. John Williams, al contar la historia de una vida, ha narrado el tiempo que pasa, que se va yendo como un sueño, y nos ha hecho sentir su misterio. “La percepción de su propia identidad se abalanzó sobre él con súbita fuerza, y sintió su poder. Él era él mismo, y sabía lo que había sido”. n

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