Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1997/12/15 00:00

SUEÑO CON FANTASMA

El artista antioqueño Germán Londoño presenta en la galería Garcés Velásquez, de Bogotá, su más reciente trabajo.

SUEÑO CON FANTASMA

No había cumplido aún los 16 años cuando Germán Londoño se dio a la tarea de preparar su primera exposición individual. Todavía era estudiante de bachillerato en el colegio Los Alcázares, de Medellín, pero la pintura había germinado en él con tan atropellado ímpetu que no dudó un instante en sacrificar el estudio en aras de entregarse a sus sueños de artista. Sorprendentemente su padre, un ingeniero químico echado para adelante, le alcahueteó el impulso y a partir de entonces aquel joven aprendiz de trazos haría del arte su razón de vida. La galería Partes, de Medellín, exhibió sus primeros dibujos, una serie de figuras indígenas abarrocadas nacidas de su influencia adolescente, el artista Armando Villegas, y que ya brindaban algún asomo de talento, el mismo que lo llevaría primero a sorprenderse con Velázquez y luego a reconocerse en Giotto y sus contemporáneos del medioevo italiano. A tan corta edad la única aproximación de Londoño a los maestros europeos había sido indirecta por medio de libros y enciclopedias de arte. De modo que tomó la determinación de viajar a Italia para encontrarse de frente con Europa. Como su primera obsesión había sido Velázquez, una vez aterrizado en Roma se fue a la galería Doria-Panphili, poseedora de una de las colecciones más representativas del arte barroco europeo, a ver en vivo y en directo el retrato del Papa Inocencio X, pintado por el genial artista español durante su segundo viaje a Italia. La grandiosidad de la obra no dejó de conmoverlo pero en realidad su descubrimiento vital estaría más asociado a la cultura latina que a la ibérica. En Florencia, donde fijó su lugar de residencia luego de deambular por Roma aturdido por el calor infernal del verano, Londoño encontró a Giotto y a Fra Angelico y, en general, se permeó hasta el cansancio de la obra de los artistas italianos de los siglos XI, XII y XIII. "Fue un descubrimiento esencial, comenta el pintor antioqueño. La densidad del volumen y la simplicidad de las formas en las obras de Giotto me dieron las respuestas a mis preguntas, algo que no lograron ni siquiera las obras de Velázquez cuando finalmente visité el museo del Prado en Madrid".En Florencia estudió en la Escuela Internacional de Arte Gráfica Il Bissonte y en 1984 regresó a Colombia dispuesto a dedicarse al grabado. Pero la pintura lo seguía llamando y el óleo reclamó de sus pinceles una intención definitiva. Cuatro años demoró la tarea de encontrarse a sí mismo en el lienzo y en el color. Expuso en Medellín y con el dinero recogido regresó a Florencia para cumplir la promesa de exponer allí como pintor hecho y derecho. Volvió a Colombia y se presentó por primera vez en la galería Garcés Velásquez con una serie de obras caracterizadas por el tema de la lluvia que tituló Tiempo diluvio. Le fue tan bien que pudo recaudar el dinero suficiente para viajar a Estados Unidos, primero a California y luego a Nueva York, esa urbe colosal a la que no ha podido escapar ningún artista. Curiosamente fue en Estados Unidos donde descubrió el arte africano. La fascinación por el continente negro había surgido tiempo atrás pero sin mucha claridad, una claridad que ahora se hacía evidente y quedaría plasmada en la serie Africa, que exhibió en 1995 en la Garcés Velásquez, una exposición con mucho colorido y una gran novedad: su aproximación a la escultura. Dos años después Londoño retornó a la galería con la que ha recorrido ferias internacionales tan importantes como la Arco en Madrid para exponer a partir de esta semana su más reciente trabajo. Se titula Vida y sinrazón de los fantasmas y, como su nombre lo indica, tiene que ver con todas aquellas imágenes casi oníricas que relacionan al hombre con la muerte.Sus fantasmas no son muy diferentes de los que acosan a los demás colombianos. Han nacido de su memoria, por supuesto, y de su instinto vital, pero también de una realidad palpable que Londoño no quiere dejar pasar inadvertida. La realidad de la violencia expresada en sus más diversas manifestaciones: la social, la política, la cotidiana. Pero también sus fantasmas obedecen a numerosas y humorísticas referencias a la historia universal y a sus personajes. Así, obras tan dramáticas como Fantasmas colombianos contemplando una pila de escombros y Fantasma colombiano (escultura que carece de cabeza y lleva el tórax perforado), contrastan con otras tan mitológicas como Fantasma del sol y Fantasma del agua, y con otras tan hilarantes como Fantasma marlboro y Mujer y fantasma buscando ostras. Como lo dice el crítico Alvaro Medina, "en esta exposición la gran historia de la humanidad es recreada con humor a partir de pequeños detalles aislados, que van de Temerán al recién asesinado Versace, o de Cleopatra a los hermanos Wrigth, pero también es recreada la historia del arte con sus diversas alusiones a Delacroix, Monet o Seurat". Son en total 70 obras entre dibujos, óleos de gran formato y esculturas monumentales que dan cuenta del trabajo de un artista que le apostó a la pintura y hoy, a los 36 años, parece estar recogiendo los dividendos.

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