Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2000/01/03 00:00

SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO

La nueva versión de la obra de William Shakespeare guarda planteamientos de teatro por encima <BR>de los cinematográficos.

SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO

La obra teatral de William Shakespeare ha tenido diversas adaptaciones en el cine. Romeo y
Julieta, del australiano Baz Luhrmann y protagonizada por Leonardo Di Caprio, que escandalizó a los
defensores de producciones anteriores como la de Franco Zefirelli, no sólo por el cambio abrupto del espacio
sino también por la visión del conflicto familiar que hay de por medio, y En busca de Ricardo III de Al Pacino,
han sido algunos de los títulos que se han exhibido recientemente en la cartelera del país.
La obra Sueño de una noche de verano, una de las más conocidas del dramaturgo inglés, ha tenido cinco
versiones cinematográficas diferentes, sin contar con la inspiración que ha suscitado el texto original a
directores como Woody Allen para producciones como A Midsummer Night's Sex Comedy.
Precisamente sobre Sueño de una noche de verano el director Michael Hoffman se aventuró en una nueva
adaptación. Conservando la historia y los personajes que se han inmortalizado desde 1596, fecha en que se
presume el origen de la obra, el debate amoroso entre Helena (Calista Flockhart), Lisandro (Dominic West),
Demetrio (Christian) y Hermia (Anna Friel) se convierten en el eje de la cinta. Asimismo se desarrolla,
paralelamente, la historia de los cinco obreros que tratan de llevar a cabo una obra de teatro con la intención
de ganar la atención del público ante la boda del Duque Teseo.
Con un montaje basado en la fuerza actoral, la cinta cobra más características de teatro que de cine y tanto
los diálogos como los escenarios apoyan tal impresión. A pesar de que por momentos el ritmo puede parecer
lento los rasgos de comedia compensan de forma grata esta nueva versión de Sueño de una noche de verano
que, seguramente, no será la última.
Lautre
Un repaso a la vida del pintor fraces Toulouse-Lautrec.
Famoso por sus carteles de Aristide Bruant y del Moulin Rouge, enano y deforme, pero jamás acomplejado
de su condición física que, por el contrario, le significaron el agrado de varias mujeres, el pintor Henri de
Toulouse-Lautrec (Regis Royer) es considerado uno de los artistas franceses más populares de la historia. El
director Roger Planchon da un rápido vistazo a la personalidad arrolladora del artista, basado en su relación
amorosa con Suzanne Valadon (Elsa Zylberstein), quien sirvió de modelo no sólo a él sino a grandes
impresionistas como Degas y Renoir.
Su relación con las mujeres es uno de los puntos en los que intenta profundizar la película, tal como
sucedió en Sobreviviendo a Picasso del director James Ivory. El rótulo de 'genio' se convierte en una fuerza de
atracción sobre el sexo opuesto, logrando que su aspecto físico sea lo de menos. Lautrec lo sabía y se
vanagloriaba de ello. Otros aspectos importantes de su vida no se quedan por fuera, como su paso por la
escuela de bellas artes de París, su admiración por Van Gogh, su devoción por el impresionismo y su
preocupación por recrear lugares sórdidos como los burdeles. Su relación con las prostitutas dan fe de ello y
creía ver en ellas una fuerza especial difícil de encontrar en otros seres humanos.
Pero es allí donde tambalea el guión, pues se trata de abarcar muchos aspectos de manera superficial, hecho
que impide que la caracterización del personaje central logre apasionar y adquirir el carisma que se le han
atribuido en algunas referencias biográficas. La intención de condensar en dos horas lo más importante
desde su nacimiento hasta su muerte y, sobre todo, de forma cronológica, hacen que la historia se dirija a un
final que carece de emoción, elemento que falta a lo largo del filme.

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