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| 9/12/1983 12:00:00 AM

SUEÑOS

Bachelard explora la alquímia de los sueños

"La poética de la ensoñación". Caston Bochelard: Fondo de Cultura Económica (Brevarios) 1982. 320 páginas.
Los últimos libros de Gastón Bachelard, sus "Poéticas", están inspirados por la búsqueda de lo imaginario. Son, en propiedad, verdaderas investigaciones, realizadas con la ayuda de la filosofía y de los textos literarios, investigaciones sobre lo más inaprensible del ser; el espíritu. Podemos hablar de las manifestaciones del espiritu, pero es inútil referirnos a él como a una "coso en sí". Persuadido Bachelard de la necesidad de un instrumento lógico y eficaz para describir las actividades, eligió el instrumento fenomenológico, o sea la apreciación y el estudio de los fenómenos en cuanto manifestaciones. Bajo algunas resonancias de los filósofos presocráticos, Bachelard encontró, en los cuatro elementos constitutivos de la naturaleza, los grandes arquetipos de los que se deriva cierta actividad siquica del hombre. Si para Empédocles el mundo visible es un resultado de la múltiple combinación de los elementos,para Gastón Bachelard el mundo invisible,el mundo síquico, el de los sueños y el inconsciente, el de las ensoñaciones, resulta de cierta alquimia que en las combinaciones de esos elementos tiene su exacta imagen como Idea y como Simbolo. Así, tanto en "El agua y los sueños" como en "El aire y los sueños", Bachelard explora la dinámica de sus relaciones. En "La poética de la ensoñación" Bachelard da como un paso detrás del espejo de la imagen, que por mucho tiempo se ha denominado "ensoñación poética". Allá afirma que la experiencia poética constituye al soñador y su mundo. La poesía, lugar de encuentros, revela una secreta coherencia, pero a la cual se llega por caminos correctos. Sus explicaciones acerca de la buena y de la mala ensoñación constituyen una guía de viaje por los intrincados caminos del sueño. Contrario a la opinión de los sicólogos acerca del carácter evasivo de las ensoñaciones, Bachelard prefiere ver en ellas una trama sutil, por medio de la cual el alma "poetiza" al soñador. Pero soñador y ensueño no son sólo designaciones para los estados inconscientes o semiinconscientes. El lector es un soñador de palabras, de palabras escritas. La experiencia de la lectura de Gastón Bachelard está relacionada directamente con el goce, con el "placer del texto" que decia Barthes; pero no es un goce eufórico, pues no está basado en el suspenso narrativo, ni en la anécdota novelesca. Esta experiencia literaria es la del rigor del texto que se eleva sobre las esferas de las cosas conocidas hacia las regiones de una sensibilidad más sutil; allí donde el espectáculo del mundo ordinario retrocede ante la potencia de la ensoñación.
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