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| 8/20/2011 12:00:00 AM

Super 8

El prestigioso realizador J. J. Abrams le hace un homenaje justo y necesario al cine de Steven Spielberg. ***

Título original: Super 8

Año de estreno: 2011

Género: Acción

Guion y dirección: J. J. Abrams

Actores: Joel Courtney, Elle Fanning, Riley Griffiths, Ryan Lee, Kyle Chandler, Ron Eldard, Noah Emmerich

Si usted fue niño en los años ochenta, si estuvo ahí cuando fueron estrenadas E.T., el extraterrestre (1982), Poltergeist (1982), Gremlins (1984), Los Goonies (1985) y Volver al futuro (1985), entonces se verá envuelto en una nostalgia que no sabía que podía sentir cuando esté frente a Super 8 en la oscuridad infantil de la sala de cine. Se dará cuenta de que en aquella época, gracias a que Steven Spielberg era ya Steven Spielberg, las películas de aventuras les sucedían a niños comunes y corrientes que trataban de sobrevivir a punta de imaginación a las cegueras de sus padres y al aburrimiento de sus barrios: por eso, porque esos niños eran muy parecidos a los niños que éramos, las producciones de acción se vivían en carne propia por más fantásticas que fueran.

Super 8, escrita y dirigida por el prestigioso J. J. Abrams, es un conmovedor homenaje al cine de Steven Spielberg: de Tiburón (1975) a La guerra de los mundos (2005). Desde los créditos del principio, cuando aparece en la pantalla el icónico emblema de Amblin, la productora que Spielberg fundó en 1981, está claro que hemos vuelto al pasado. Cuando nos son presentados los protagonistas, seis niños a punto de dejar la infancia, en el verano de 1979, que se han empeñado en filmar una película de zombis a espaldas de sus padres, resulta evidente que una vez más tendremos enfrente un estilo de hacer cine que pone a los personajes por encima de todo: que se vale de lo que mejor puede, de los efectos especiales que no se roban el show y de los giros fantásticos de cómic, para reparar a sus héroes cotidianos. Apenas sucede el accidente que pone a andar la trama, el mismo accidente que, según dicen sus biógrafos, Spielberg quiso filmar con su cámara cuando era un niño solitario, confirmamos que la esencia del largometraje es la nostalgia.
Todo, en Super 8, viene del cine de Spielberg: los suburbios dormidos que un día se despiertan de la peor manera, la fotografía azulada que explora la noche, la música gigantesca que recuerda las composiciones de John Williams, la sensibilidad para describir la soledad de los hijos, la cámara que sube y baja alrededor de esos personajes acosados por eventos extraordinarios. Claro que sí: Super 8 está lejos de ser algo más que un homenaje. Pero su nostalgia es curiosamente útil porque invita al mundo del cine comercial (es, en verdad, una invitación a los géneros cinematográficos: a la ciencia ficción, al terror, a la comedia) a insistir en una narrativa que no pierda de vista los dramas humanos.

Abrams, la fuerza creativa detrás de series de televisión como Felicity, Alias y Lost, parece estar diciéndonos que los protagonistas de Super 8 solo habrían podido resolver sus duelos en el buen cine comercial de los ochenta: que el cine no tiene por qué empobrecerse como tiende a empobrecerse la vida. Y su declaración de principios se agradece.
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